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Guerra de papel entre Colombia y Venezuela llega a su fin
Escrito por Marcos Margarido - PSTU   
Lunes 16 de Agosto de 2010 14:09
Las relaciones diplomáticas entre Venezuela y Colombia alcanzaron un nuevo nivel de tensiones cuando, en su último día de mandato, el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, volvió a denunciar a Chávez por amparar a miembros de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y del ELN (Ejército de Liberación Nacional) ante el Tribunal Penal Internacional y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA.

Esta misma denuncia había sido presentada a la OEA el día 22 de julio, llevando Chávez a romper las relaciones diplomáticas con Bogotá y a ampliar la seguridad en la frontera. Según la diplomacia colombiana por lo menos 1.500 guerrilleros andarían libremente por el país. Este movimiento lanzó especulaciones sobre una escalada militar entre los dos países y hasta la intervención del ejército norteamericano al lado de Colombia.

Sin embargo, a las vísperas de la posesión del nuevo presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, una nueva aproximación era anunciada tras la intermediación de Lula, presidente de Brasil, y de Néstor Kirchner, secretario general de la Unasul (Unión de las Naciones Suramericanas). Como gesto para la posibilidad de cierre de la crisis, Chávez envió al canciller venezolano, Nicolás Maduro, para asistir a la toma de posesión.

Una reunión de negociación directa entre Chávez y Santos está prevista para el día 10 de agosto. Sorprendentemente, ante de cualquier “acuerdo de paz” entre los dos países, Chávez aconsejó este domingo, 08/08, a las guerrillas colombianas, liberar a todos los rehenes.

"Esa guerrilla debería manifestarse por la paz, pero con manifestaciones contundentes. Por ejemplo, podrían liberar a todos los rehenes. ¿Porqué una guerrilla va a tener rehenes?". Y, para no dejar dudas en cuanto a su disposición en relación al nuevo gobierno colombiano, afirmó que “así como el gobierno de Colombia propone el camino de la paz, la guerrilla también (...) debe hacerlo", en su programa de radio y TV "Aló Presidente”.

Detrás de la diplomacia...

Todos estos hechos, divulgados ampliamente por los medios masivos internacionales, esconden una dura realidad que afecta directamente la población de los dos países. El desempleo en Colombia alcanza un nivel de 13%, además de 50% de los trabajadores en la informalidad. Según el propio presidente Santos en su campaña electoral, hay al menos 7 millones de colombianos en la pobreza y 4 millones en la indigencia.

En Venezuela no es diferente. A pesar de la propaganda oficial del “socialismo del siglo XXI”, el país continúa totalmente dependiente de su exportación de petróleo y, así, subordinado a los intereses del imperialismo y de las grandes multinacionales petrolíferas. El PIB se redujo 3, 3% en 2009 con una caída de la exportación de petróleo de 3,6%. El mercado de trabajo sufrió una baja de 17%, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), y la inflación fue de 25,9% en 2009, acumulando 16,3% en el primer semestre de 2010 (contra 10,8% en el mismo periodo de 2009).

Además, el comercio entre los dos países sufrió una caída de 60%. Son estas las condiciones en las cuales, tanto el gobierno venezolano de Chávez cuanto Uribe/Santos de Colombia traban su guerra de papel.

...el ataque a los trabajadores
 
Las organizaciones chavistas y buena parte de la izquierda mundial salieron en defensa de Chávez y denunciaron una supuesta invasión del ejército colombiano apoyado por EE UU al territorio venezolano. Según estos, la guerra era inminente. Sin embargo, fueron necesarios pocos días para que la verdadera cara de los dos gobiernos viniese a superficie. Y, también, de los gobiernos de Lula y de los Kirchner. Todos se pusieron de acuerdo en que la mejor política era... responsabilizar las FARC por la guerra, al exigir la entrega incondicional de los rehenes, con el argumento indefendible, por parte de Chávez, de que el nuevo gobierno colombiano “propone el camino de la paz”.

En verdad, existe otro gran acuerdo entre estos gobernantes, que la paz entre ellos es posible siempre que se abra una guerra permanente contra las condiciones de vida de los trabajadores y de la población de sus países.

Por un lado, Chávez se aprovecha de estas escaramuzas diplomáticas para intentar recuperar su prestigio decadente entre el pueblo venezolano - vislumbrando las próximas elecciones parlamentarias en septiembre - y esconder las terribles condiciones de vida que los trabajadores enfrentan. Por otro, Uribe intenta pasar el recado de que deja la escena, pero no el poder. Trató de encuadrar a Santos e imponerle que nada cambie tras su posesión.

Mientras la posición de Uribe era mantener la misma táctica anterior, la de Santos tiene una pequeña inflexión. Aunque Santos represente la continuidad de su política de “seguridad democrática” y de principal aliado militar del imperialismo norteamericano en la región, al final fue su Ministro de Defesa y uno de los más duros defensores de la violencia institucional y de la política de guerra interna, él tiene que hacer un ajuste táctico en la política para estabilizar el país, rompiendo, a la vez, el aislamiento regional en que se encuentra. Para eso, trata de aislar y derrotar de una vez a las FARC contando con la colaboración de los vecinos Ecuador y Venezuela. Al parecer, esta es la política actual del imperialismo y de los sectores mayoritarios de la burguesía colombiana.

Por ello es todavía más nefasta la posición de Chávez elogiando el nuevo gobierno de Colombia y sumándose a su política de exigir de las FARC la rendición para negociar el “nuevo camino de la paz” de Santos. Tal política encontró su ápice en el encuentro entre los dos presidentes, tras la posesión de Santos. Entre declaraciones de paz duradera, Chávez afirmó que “Colombia es soberana para establecer convenios con cualquier país del mundo”, refiriéndose al acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos, que permite la instalación de siete bases norteamericanas en territorio colombiano y fue el origen de la primera crisis entre los dos países hace un año. Chávez pasa, así, del “anti-imperialismo radical” de palabras – motivo del apoyo de la izquierda mundial a su gobierno – a la más pura capitulación de hecho, no sólo a Santos/Uribe, sino también a la política intervencionista de Estados Unidos. 

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