| Después de 8 años con Uribe, 100 días con Santos: nada para celebrar |
| Escrito por Luis García - PST | |||
| Miércoles 08 de Diciembre de 2010 21:44 | |||
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Para otros, como el ex senador Gustavo Petro, otro de los polos del Polo, el gobierno Santos “podría desencadenar un verdadero proceso de reconciliación nacional”, al argumentar en su análisis de los 100 días de gobierno de Santos que “la oposición a ultranza sólo le daría fuerza al uribismo duro para detener las reformas en materia de tierras; vieja reivindicación de toda la izquierda…” (El Espectador, 13 de noviembre de 2010).
Un análisis marxista, de clase, socialista y revolucionario, que trate de ayudar a los trabajadores a comprender el carácter del enemigo al cual enfrentan, sus métodos, sus proyectos y políticas, no puede limitarse a la fórmula vacía del académico senador ni a los coqueteos desvergonzados del candidato presidencial derrotado.
Uribe III, explosión inminente
La fracción burguesa encabezada por Álvaro Uribe, especialmente durante el periodo Uribe II, tensionó al máximo la confrontación con otras fracciones de su clase. El plan de segunda reelección, al cual se jugaron utilizando toda clase de medios legales e ilegales, disparó las alertas a nivel nacional e internacional. Voceros de la burguesía imperialista, a través de The Economist y de The Washington Post, por ejemplo, señalaron abiertamente que por ese camino se corría el peligro de ir al despeñadero, arriesgando una pieza central en la estabilidad del subcontinente.
Por un lado los choques con el vecindario iban de mal en peor. Emulando con su patrón Bush, el mayordomo Uribe casaba peleas a diestra y siniestra, arruinando los otrora lucrativos negocios de compra y venta con Venezuela y Ecuador. Más allá de las declaraciones públicas de los voceros de los gremios económicos todos los sectores burgueses consideraban tal situación insostenible, más aún en medio de la crisis económica mundial.
En el frente interno el palo empezaba a no estar para hacer cucharas. Luego de su primera reelección fraudulenta comenzaron a salir toda clase de grillos y demonios de la olla podrida que se cocinaba en el Palacio de Nari. A grito desencajado, dando órdenes a diestra y siniestra, amenazando con “te doy en la cara marica”, Uribe se movía febrilmente intentando tapar todas las tropelías que se cometían bajo sus órdenes directas, o por el afán de sus funcionarios de aparecer como los más consecuentes defensores de sus políticas –eso está por aclararse en las investigaciones en curso.
Las chuzadas, la persecución policíaca a miembros de la Corte Suprema de Justicia, las ilegalidades rampantes en la búsqueda de la segunda reelección rebosaron la copa. La burguesía colombiana ha mostrado un instinto y sensatez de clase bastante profundo en todo el último medio siglo y decidió no correr el riesgo de ir al despeñadero institucional, a una profunda crisis del régimen. Los coletazos de esas profundas grietas que entre las instituciones del régimen abrió la fracción y método de Uribe II se mantuvieron incluso en los primeros 100 días de Santos. Sólo hasta hace pocos días Santos se decidió a cambiar la terna de bolsillo que había presentado Uribe para Fiscal General; terna de la cual la Corte se negó a elegir en forma sistemática por casi año y medio.
Si el propio final de Uribe II no fue una explosión se debe en gran medida a la nefasta política de las direcciones mayoritarias del movimiento obrero y popular, especialmente el PDA, que en lugar de llamar a la lucha abierta contra el gobierno optaron por gobernar, por ejemplo en Bogotá, aliados con el partido del propio Uribe. Para la explosión sólo faltaba la mecha de la movilización de masas. Por eso, preventivamente, para evitar la coincidencia del explosivo con la mecha encendida, la burguesía optó por el recambio.
Santos, continuidad…
Juan Manuel Santos fue el ministro estrella de Uribe. Fue el ministro dedicado a “matar la culebra” –como se denominaba a las organizaciones guerrilleras. Se retiró un año antes del gobierno, para no inhabilitarse, pero continuó respaldando absolutamente todos los actos gubernamentales, hasta el último minuto. Toda su campaña la hizo exaltando la obra de Uribe, casi rindiéndole culto. No olvidemos que, políticamente, como ministro de Defensa, es el responsable de todas las atrocidades cometidas por las Fuerzas Armadas durante el gobierno de Uribe, incluidos los llamados “falsos positivos”.
La propuesta de un gobierno de Unidad Nacional, diferente de cómo Uribe manejó sus relaciones políticas con la totalidad de fracciones burguesas, sólo fue presentada tímidamente al final de la primera vuelta electoral y consolidada para la segunda vuelta, para afianzar a su lado a todos los candidatos y partidos burgueses derrotados.
Un análisis detenido de los proyectos presentados por Santos durante estos primeros 100 días, análisis que desborda el espacio de estas notas, demuestra la continuidad estratégica con Uribe. La apertura completa al capital extranjero para la inversión en minería y grandes proyectos agrícolas son prueba fehaciente de ello, adicional a la continuidad de la política de seguridad democrática y su extensión a las ciudades. También son parte de la continuidad el proyecto de control de las regalías para destinarlos a los mega-proyectos de infraestructura y cubrimiento del déficit fiscal del gobierno central. Al lado de lo anterior cursa en el Congreso el proyecto de Regla Fiscal, para colocar un nuevo “parche” a la Constitución del 91 que tapone el hueco por el cual se cuelan algunas decisiones judiciales que favorecen derechos sustanciales de sectores de la población.
Tales hechos parecieran darle la razón a quienes afirman que Santos es Uribe III. Pero la realidad es más compleja y desborda los análisis esquemáticos del profesor universitario que ha dictado la misma cátedra durante años. Para el Moir Santos es Uribe III porque, estratégicamente, defiende los intereses de la gran burguesía y el imperialismo, intereses económicos distintos a los de las fracciones de “burguesía nacional” que ansían un utópico desarrollo capitalista nacional, independiente y autónomo, no determinado por las multinacionales; fracciones a las que aspira a representar políticamente el Moir.
…y cambio para dominar mejor
La mayoría de los analistas de los 100 primeros días de Uribe destacaron los cambios y modificaciones respecto al gobierno de Uribe. Chávez ahora lo considera un “gran amigo”, le entrega guerrilleros que se habían refugiado en Venezuela, reactivan los negocios y se abrazan ante el féretro de Kirchner. Más o menos algo similar sucede con Correa, de Ecuador.
En lo interno, producto de los acuerdos de Unidad Nacional y de la integración al gabinete de todos los sectores burgueses, la tensión entre instituciones del régimen ha bajado a los niveles normales. La Corte ahora tiene una nueva terna de la cual elegir Fiscal y es posible que el DAS no le tenga colocada una grabadora en la mesa de Sala Plena, aun cuando el director de dicho organismo siga siendo el mismo que cuando Uribe.
Simultáneamente, el gobierno Santos intenta colocar algunos paños de agua tibia para tratar de apagar algunos incendios, menguar y echar al olvido el odio suscitado por las tropelías cometidas por la burguesía colombiana durante las últimas décadas al expulsar a millones de campesinos de sus tierras, llenando el país de fosas comunes. El gobierno ha presentado al Congreso una “Ley de Tierras” con la cual esperan devolver trescientas mil de los 4 millones de hectáreas arrebatadas a sangre y fuego. ¡Con eso se contenta Petro y tratan de lavarse las manos ante el mundo! Contenido y objetivos más o menos similares contiene la llamada “Ley de víctimas” políticamente unida a la de tierras. Estamos ante una operación política de “saneamiento” de los rasgos más brutales de la que podríamos denominar la “barbarie uribista”.
En lo igual y en lo distinto, Santos es el enemigo
Vistas así las cosas, desde el punto de vista de los intereses obreros y populares, el dilema entre la continuidad y el cambio en el gobierno Santos es absolutamente falso. Como un gobierno burgués, fiel representante de los explotadores, de los intereses del gran capital nacional y extranjero, aliado de absoluta confianza del imperialismo, el gobierno Santos es el principal enemigo tanto en sus políticas de continuidad absoluta con el anterior de Uribe como en las políticas con características, métodos o estilos diferentes. Habrá que combatirlo permanentemente, denunciando unas y desenmascarando el engaño y propósitos de las otras.
Fuente: El Socialista nº 653, Deciembre 2010
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