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El 4% no aumentó el salario mínimo
Escrito por PST - Colombia   
Jueves 24 de Febrero de 2011 00:09
Como viene ocurriendo hace casi una década, este año el gobierno fijó por decreto el reajuste del salario mínimo, no sin antes hacer cierta pantomima con la ayuda y complacencia de su vicepresidente Angelino Garzón y Julio Roberto Gómez, presidente de la CGT, quien en plena negociación sonó para ministro de Trabajo, una vez se divida lo que es hoy el ministerio de la Protección Social.

Por su parte Tarsicio Mora, presidente de la CUT, se dedicó a protestar por la FM pero sin hacer el más mínimo llamado a la movilización de los trabajadores para lograr un mejor incremento. El gobierno inicialmente decretó un incremento del 3.4% para, después de conocer el índice de inflación 2010, reajustarlo al 4%. Gesto que algunos califican como de profundo respeto a la Constitución. Veamos qué hay detrás de este aumento.
 
La clase trabajadora sigue retrocediendo económicamente
 
El reajuste anual que por decreto dicta el gobierno nacional fija una cifra que supuestamente se asemeja al valor perdido a causa del incremento que tiene los productos y servicios durante el año que finaliza. En este, no se consideran las alzas que por costumbre se realizan en el primer mes del año y que golpean con fuerza el bolsillo del trabajador.

Este año en el primer mes, el incremento del transporte fue del 7%, la gasolina y los servicios alcanzaron cifras semejantes, mientras que los alimentos aumentaron en algunos casos hasta en un 50%.

En consecuencia, durante el primer mes del año no solo se perdió el reajuste sino que disminuyó aún más su ingreso con respecto al año anterior, porque este reajuste se hizo para compensar la pérdida por la inflación del año pasado, no por la del año que comienza.

El incremento salarial no produce inflación…
 
La burguesía ha construido toda una teoría a cerca de lo nefasto que resulta para los trabajadores que se les incremente el salario. Los gremios de industriales y comerciantes así como sus economistas a sueldo, se echan cruces por la tragedia que caerá sobre los trabajadores por el reajuste primero del 3.4% y finalmente del 4%. Advierten del mal ejemplo dado por el gobierno Santos, puesto que ahora los trabajadores van a exigir reajuste cada vez que los precios de la canasta familiar aumenten. Esto no es cierto, ni siquiera es significativo el 4%, que a duras penas cubre el aumento de los precios de 2010.

Se pegan del cuento de que incrementos en los salarios generan incremento en los precios. Para desmentir esta falacia basta mencionar que no todo lo que produce el trabajador le es retribuido, es decir hay trabajo excedente o plusvalía. Una parte de esta plusvalía pasa al patrón en forma de ganancia, renta o interés. En consecuencia, al aumentar o incrementarse el salario, por fuerza lo primero que se ve disminuido es el valor de la plusvalía, por lo que el capitalista inmediatamente brinca, pues lo que no logra quitar al obrero, necesariamente no entrará en su bolsillo. La clase trabajadora debe luchar por mantener y mejorar su nivel de vida, no solo exigir aumento de salario sino congelación de los precios de los productos que conforman la canasta familiar o reajuste automático de salario ante el aumento de precios.

…ni eleva el desempleo

El argumento de que el incremento de los salarios disminuye el empleo o por el contrario que disminuir el ingreso del trabajador ayuda a la generación de empleo, ya no lo cree ni la misma burguesía, que no ha podido contener el incesante desempleo a pesar de haber despojado a los trabajadores de todas y cada una de sus conquistas de tal forma que podemos decir que en los últimos 25 años el ingreso del trabajador disminuyó por lo menos en un 50%. El trabajador perdió y ganó el patrón con el desmonte de la retroactividad de las cesantías, prestaciones, primas y disminución de horas extras y dominicales. Mientras tanto el desempleo pasó de niveles de entre 7% y 8% en los ‘80 a 12% y 15% en los ‘90 y la primera década de este siglo.

Es por estas razones que la lucha por un salario mínimo que responda a las necesidades de las familias trabajadoras sigue vigente. Esta lucha no se puede desligar de la exigencia de estabilidad laboral y garantías en salud, educación y vivienda, condiciones básicas para mejorar el nivel de vida de la población en general. A las transnacionales, los empresarios y su gobierno no les interesa el pleno empleo, pues así controlan el mercado laboral y el precio del trabajo. Sólo una lucha unificada entre los trabajadores estables, temporales y desempleados, podrá imponer a los patronos verdaderas garantías para los asalariados. Esa lucha no la librarán los burócratas que parlotean a nuestro nombre en la Mesa de Concertación Laboral, sino los trabajadores movilizados en la calle enfrentando al gobierno de Santos y exigiendo verdaderas políticas de generación de empleo mediante la construcción de puentes, carreteras, hospitales, escuelas, viviendas y en general obras públicas de infraestructura y reestatizando las empresas de servicios públicos, comerciales e industriales, privatizadas por los partidos de la Unidad Nacional.
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¿Qué debería cubrir el salario mínimo?
 
El salario mínimo debe garantizar el nivel de subsistencia del trabajador y el de su familia. En otras palabras: el trabajador debe obtener lo suficiente para reponer el gasto de la energía consumida en la jornada de trabajo, y en general durante su vida laboral. Adicionalmente, para que la fuerza de trabajo siga existiendo y se mantenga el modo de producción existente, cuando el trabajador muere debe haber quien lo reemplace y estos son sus hijos. Entonces no basta con que el trabajador devengue lo suficiente para que pueda vivir durante su etapa productiva sino que sus hijos también deben poder subsistir gracias al ingreso del padre.

La conformación del salario mínimo debe estar acorde con las condiciones sociales y económicas de la sociedad en la que se desempeña. Así, como las condiciones de vida y exigencias laborales cambian, el salario o sus componentes para determinarlo deben cambiar. Hoy en día, por ejemplo, para desempeñar hasta las labores más sencillas, se exige haber cursado como mínimo el bachillerato. En consecuencia el trabajador debe ganar lo suficiente para poder enviar a sus hijos a estudiar hasta lograr el mínimo requerido, es decir ser bachilleres o de lo contrario se estaría aniquilando la clase trabajadora como tal, estaría siendo arrojada a la indigencia.

La tendencia en los últimos años ha sido llevar el salario mínimo al piso, generando más pobreza en la clase trabajadora, sacándola del mercado laboral al deteriorar sus condiciones de vida y subsistencia, medidas como la disminución a la mitad de la remuneración del trabajador practicante del SENA, en la famosa reforma laboral de Uribe o la actual ley del primer empleo del gobierno de Juan Manuel Santos.

Fuente: El Socialista nº 654, febrero 2011

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