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La encrucijada en el alma de Uribe es... financiera
Escrito por PST (COLOMBIA)   
Domingo 01 de Noviembre de 2009 00:00

No parece haber ninguna razón que haga desistir a Álvaro Uribe de su propósito de hacerse reelegir por segunda vez. Todas las críticas, objeciones y demostraciones de inconveniencia de los más disímiles sectores burgueses "le resbalan", como dicen entre los jóvenes. El Presidente no ceja en su empeño de reafirmar a sus fieles y de convencer a sus opositores en la idea de que él no desea reelegirse, sino que es incapaz de resistirse al cumplimiento de las obligaciones que le impone "la Patria". Los trabajadores y la izquierda revolucionaria tenemos el deber de decir, una y otra vez, que en la obsesión reeleccionista de Uribe no hay un gramo de altruismo, y que su encrucijada nada tiene que ver con el alma sino con la "sucia forma judaica de la política": es. financiera.

 

Reeleccionistas y anti reeleccionistas

 

El desbarajuste institucional que ha provocado Uribe, en su afán de erigirse en supremo hacedor y guardián de los intereses de los monopolios imperialistas y financieros, está generalizando entre amplios sectores de la burguesía la preocupación sobre la pérdida de capacidad del Estado y del régimen político para mantener el control económico, político y social. Empresarios, políticos, curas, periodistas y magistrados ven con impotencia creciente la forma en que el pequeño napoleón criollo concentra en sus manos todas las riendas de las instituciones, las pone a servicio propio y de sus ricos amigotes y va dejando sin válvulas de seguridad el ejercicio del poder burgués.

 

La terquedad mesiánica del Presidente, que lo obliga a verse a sí mismo como el Salvador supremo y a seguir adelante en su proyecto bonapartista, está fracturando el sólido frente burgués de apoyo que logró para los planes reaccionarios y antiobreros que aplicó con saña en sus dos primeros gobiernos.

 

La burguesía colombiana y sus aliados imperialistas se están dividiendo en dos bloques que parecen hacerse cada día más irreconciliables: los reeleccionistas y los anti reeleccionistas. En el primero se ubican alas importantes del imperialismo yanqui (ver recuadro Las bases.), las multinacionales, los grandes monopolios industriales y financieros del país, los terratenientes, las bandas de paramilitares que los protegen y el ejército de funcionarios dedicados a parasitar del Estado. En el segundo hay desde empresarios nacionales y europeos que ven amenazados sus intereses por la voracidad del círculo en el poder, políticos tradicionales, jueces y magistrados hasta uribistas confesos que desean con ardor que su amado líder le dé un merecido descanso a su alma, nombre un alcahuete que lo cubra durante un período y que regrese renovado por otros ocho años después del 2014. Tal escenario, que sería el ideal para las transnacionales y los monopolios nacionales, es obstaculizado por los apetitos reeleccionistas del Presidente y el círculo de amigos incondicionales que lo rodean. ¿Qué es lo que explica tan extraño comportamiento de parte de quien se espera que sea el representante de los intereses del conjunto de la burguesía?

 

El manejo bonapartista de la economía

 

La explicación es sencilla: se están enriqueciendo por encima de toda proporción. La concentración del poder político y militar en manos del ejecutivo ha traído consigo, inevitablemente, la concentración del manejo económico, y esta, a su vez, la irresistible tentación de los altos funcionarios de meter la mano en los dineros públicos. El bonapartismo político ha desembocado, como tenía que desembocar después de ocho años de abusos, en el bonapartismo económico.

 

El favorecimiento de Uribe a los grandes capitalistas, y en especial a los capitalistas financieros, les sigue reportando grandes utilidades. A pesar de que la crisis económica no ha sido remontada, los bancos obtuvieron 5.9 billones de pesos de utilidades en los tres primeros trimestres del 2009; 25% más que en igual período del año pasado. Los sectores burgueses nacionales e imperialistas ligados al gobierno se siguen enriqueciendo a expensas de los trabajadores, y los procesos de concentración del capital van en aumento por medio de las fusiones y las absorciones.

 

Esa es la explicación material del apoyo que en el congreso de ANIF le brindó Luis Carlos Sarmiento, cabeza del Banco de Bogotá y del grupo AVAL, a un tercer período de Uribe, al tiempo que saludaba la venta del 10% de Ecopetrol para destinarlo a obras de infraestructura de las cuales, por supuesto, él será uno de los mayores beneficiarios. En contraprestación los monopolios pagan enormes coimas a los altos funcionarios del gobierno, hacen la vista gorda y justifican la corrupción creciente de los funcionarios y amigos cercanos al Presidente.

 

Los escándalos sobre la intención de entregar la finca Carimagua -que por ley debería ser entregada a campesinos desplazados- a grandes terratenientes cercanos al alto gobierno y sobre el favorecimiento a los negocios de los hijos de Uribe, alcanzaron su punto más alto con el destape de la entrega de los subsidios del programa de Agro Ingreso Seguro a terratenientes y testaferros de los paramilitares en la Costa, el Valle y los Llanos Orientales, por una cifra que puede sobrepasar los doscientos mil millones de pesos. El manejo de la economía tenía que corresponder, tarde o temprano, al manejo bonapartista de las instituciones y del poder del Estado. Y el manejo bonapartista de la economía no puede ser otro que uno descaradamente lumpen.

 

Son esas minucias las que provocan "encrucijadas en el alma" a los sectores burgueses en el poder y los tientan a perpetuarse en él. No tener acceso a esas mieles, o temer perderlas por el abuso, es lo que anima, en el otro extremo, a los capitalistas que se oponen a la segunda reelección de Uribe. Esa es la explicación que está en el fondo de la agudización de las contradicciones interburguesas.

 

La oposición burguesa y oportunista no quiere tumbar a Uribe

 

A pesar de todo, ninguno de los opositores burgueses al gobierno, no importa la virulencia de sus críticas, llama abiertamente a tumbar a Uribe. Ni los columnistas de los periódicos, ni los magistrados de las altas cortes, ni los políticos y parlamentarios opuestos a la reelección del Presidente se atreven a apoyarse en la movilización política y social de masas para derrotarlo. Se limitan a fraguar alianzas electorales y a destapar la corrupción para debilitarlo, con la ilusión de ganarle en las urnas.

 

Entre tanto, quienes realmente están sintiendo los rigores de la crisis son los trabajadores, por el aumento del desempleo, el cierre de fábricas y de puestos de trabajo y el aumento en los ritmos de la sobreexplotación. Sin embargo las luchas de resistencia no se centralizan ni alcanzan la dimensión necesaria para frenar los planes del régimen, como consecuencia de la política traidora de las burocracias sindicales y políticas estalinistas y pro burguesas, y por los negativos efectos que las acciones aisladas de las organizaciones guerrilleras ejercen sobre la movilización. El reciente levantamiento del paro del magisterio por parte de la dirección de la Fecode se constituyó en una verdadera traición en la medida en que sacó de la confrontación con el gobierno al sindicato alrededor del cual se podría haber centralizado la totalidad de los conflictos sectoriales y regionales, desarticuló la posibilidad que se venía gestando de una lucha nacional y dejó aislados a los movimientos de los indígenas, los campesinos y los estudiantes universitarios que hicieron intentos importantes por levantarse contra los planes y las políticas del gobierno y el imperialismo.

 

La verdadera encrucijada

 

La crisis superestructural que se inició con el escándalo de la parapolítica ha llegado a niveles que no imaginaron ni los mismos sectores burgueses que la desataron y ha llevado los choques institucionales, entre las cortes y el ejecutivo y entre el aparato de justicia y el legislativo hasta las amenazas y el espionaje mutuo. La burguesía ha empezado a violar sistemáticamente sus propias reglas de manejo del aparato del Estado, acercándose a lo que los apologistas de la democracia burguesa llaman "desinstitucionalización".

 

Aunque suene raro, la burguesía ha ido cerrando los mecanismos institucionales de control a una situación que parece no tener salida. Están quemando los cartuchos burgueses normales y están limitando las alternativas a un estallido revolucionario, a una salida de mano fascista o bonapartista o al hundimiento del país en una crisis social sin antecedentes.

 

A la clase obrera, al conjunto de los explotados y oprimidos del país y a la izquierda revolucionaria nos corresponde la tarea de garantizar que todo se resuelva a favor de los trabajadores y el socialismo.

 

Las bases militares y el apoyo imperialista a la reelección

 

En política las coincidencias son de intereses. Sólo los fieles de la congregación del uribismo pueden aducir como una feliz casualidad el anuncio de la autorización del uso de las bases militares por las tropas yanquis, con el cambio de actitud de importantes políticos y periodistas yanquis sobre la segunda reelección de Uribe. Los airados editoriales y las críticas de los políticos norteamericanos que atacaban la posibilidad de una segunda reelección de Uribe, desaparecieron después de la decisión del gobierno colombiano de abrir las instalaciones militares a las tropas imperialistas. Los discursos filosóficos sobre la defensa de las instituciones democráticas dieron paso a declaraciones pragmáticas sobre la voluntad popular. Desde el presidente Obama hasta el ex presidente Carter han dejado de señalar similitudes con las pretensiones dictatoriales de Hugo Chávez, para dejar abierta la posibilidad de la segunda reelección, "si así lo desean los colombianos".

 

La utilización de las bases por sus tropas es una imposición del imperialismo yanqui al gobierno colombiano que difícilmente puede lograr el de otro país distinto, incluyendo los demás países imperialistas. La presencia militar norteamericana es aceptada como un derecho natural de la potencia imperialista responsable de mantener a favor de la burguesía mundial la correlación de fuerzas con la clase obrera y los trabajadores. Desde luego que se trata de una "colaboración" a la cual el gobierno de Uribe le saca, como partido, el apoyo a la reelección, o al menos su aceptación cómplice, y el mantenimiento de los millones de dólares del Plan Colombia. Es un negocio de mutua conveniencia que evidencia la tendencia general al bonapartismo en la época del imperialismo.

 

En esa dirección se colocan las tropas yanquis en Colombia. Su presencia hace parte del plan imperialista de recuperación del control económico, político y militar sobre el conjunto del Continente, debilitado en las últimas décadas por el ascenso revolucionario y el surgimiento de gobiernos nacionalistas y frentepopulistas.

 

La lucha contra la presencia militar yanqui en el país y contra el gobierno de Uribe y sus planes económicos y políticos para reelegirse son una y la misma lucha, que la clase obrera y los trabajadores debemos adelantar con la movilización directa.


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