| Este 8 de marzo: retomemos el carácter de clase de las luchas de las mujeres. |
| Escrito por Jessica Barquero (Costa Rica) | |||
| Lunes 01 de Marzo de 2010 00:00 | |||
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En conmemoración del Día Internacional de
Si bien a todas las mujeres nos afecta la opresión que sobre nosotras ejerce el capitalismo, no todas la enfrentamos bajo las mismas condiciones. Mientras existe un pequeño grupo de mujeres que son patronas y burguesas, una gran mayoría son pobres y explotadas. Mientras que unas mujeres trabajan día a día para sostenerse con condiciones mínimas de vida, las otras viven a expensas de estas y de la riqueza que producen con su trabajo.
Estas desigualdades, producidas por el sistema capitalista y el imperialismo son las que originan un antagonismo irreconciliable entre las clases sociales, donde un sector mayoritario de la sociedad es explotado para el enriquecimiento de unos pocos, y donde se utiliza nuestra condición de mujer para crear mayores niveles de explotación.
Por eso es que la clase a la que se pertenece determina también la forma y las condiciones bajo las cuales las mujeres enfrentamos la opresión. Las mujeres trabajadoras vivimos la opresión acompañada de la explotación, esa es la diferencia con las demás mujeres y lo que explicaremos a continuación.
Las condiciones de las mujeres en el mercado de trabajo
Para el sistema capitalista, las mujeres constituimos parte esencial de la reserva de mano de obra. Junto con los migrantes, somos parte de una mano de obra estancada que para el capitalismo está a la espera de empleo y que es utilizada en aquellos momentos en los que le es necesario. Este tipo de condición es lo que Marx definió como ejército industrial de reserva y es utilizado en periodos de recesión para "regular" el mercado de trabajo y aumentar los ingresos de los capitalistas a costa de la explotación del sector obrero.
Es partiendo de este hecho de inestabilidad de las condiciones laborales de las mujeres, y de la desvalorización de nuestro trabajo - que es visto como mano de obra barata- que debemos preguntarnos ¿bajo qué tipo de condiciones estamos las mujeres accesando al mercado laboral? Por que si bien es cierto, en el último periodo, -que ha sido un periodo de crisis del capitalismo- se ha dado un salto histórico en el ingreso de mujeres al mercado de trabajo, lo estamos haciendo bajo condiciones de mayor inestabilidad, con bajos salarios y altamente vulnerables al desempleo.
El estudio sobre Tendencias recientes en la inserción femenina en el mercado laboral en Costa Rica en la última década, revela que en el 2008 la brecha salarial entre hombres y mujeres creció en un 26%, mientras que en el resto de Centroamérica las tendencias son similares, llamando la atención el caso de Guatemala, donde para ese mismo año las mujeres ganaban 61% menos que los hombres (Trejos, 2008: 46)
Además, las mujeres somos las más afectadas por el subempleo visible, que se refiere a las personas ocupadas que trabajan habitualmente menos de un total de 47 horas por semana en su ocupación principal y en sus otras ocupaciones (si las tiene), pero que desean y están dispuestas a trabajar más horas por semana, y no lo hacen porque no consiguen más trabajo asalariado o independiente. Para Centroamérica, las condiciones más marcadas de esta situación se presentan precisamente en Costa Rica, en donde el 13,2% de las mujeres no consiguen trabajar más horas aunque desearían hacerlo frente al 9,9% de hombres en la misma situación.
Las mujeres en Costa Rica, se incorporan al mundo laboral subempleadas o sobreexplotadas
Durante el período del 2002 al 2008 una cuarta parte de las mujeres ocupadas trabajaban menos de 30 horas semanales, mientras que un 18% tenía jornadas de
En adición a esto, en períodos de crisis como el que enfrentamos en este momento, muchos empleadores cuando hacen reducción de costos, prefieren despedir a las trabajadoras para continuar esquivando los derechos y garantías sociales que corresponden, incrementando en las estadísticas los índices de pobreza de las mujeres.
Debemos tener en cuenta también que además de las dificultades que el capitalismo impone a la clase trabajadora para acceder al mercado laboral -el cual maneja a su antojo- la responsabilidad exclusiva de las mujeres a las tareas domésticas, familiares y de cuido sigue siendo uno de los principales obstáculos para que las mujeres logren incorporarse plenamente al mercado laboral.
Según el Estado de
Aún así cuando muchas mujeres logran insertarse en el mercado laboral, siguen contando con condiciones de desigualdad, al ser víctimas de acoso sexual y violencia en sus centros de trabajo, sin hablar de las condiciones paupérrimas de trabajo, que afectan la salud de las trabajadoras al ser expuestas a extenuantes jornadas laborales o a condiciones de trabajo que atentan directamente contra su salud como sucede en las maquilas. Un menor salario por igual trabajo, inestabilidad laboral y mayores dificultades para acceder al mercado de trabajo, evidencian que las mujeres contamos con mayores conflictos para solventar nuestras necesidades básicas y las de nuestras familias.
Mientras tanto, son muchas las gobernantes burguesas que salen sorprendidas a decir que la pobreza tiene rostro de mujer, cuando esto no debería de ser ninguna novedad, en un sistema donde precisamente esa misma burguesía se ha formado a partir de la explotación de un sector mayoritario de la sociedad y ha creado las condiciones donde las mujeres sufrimos de una doble explotación del capital, que nos desvaloriza en nuestros centros de trabajo, y nos impone la tarea de brindarles condiciones para la reproducción de mano de obra desde nuestros propios hogares.
La realidad del trabajo doméstico remunerado y no remunerado
Mientras el capitalismo por un lado se jacta de los avances en la liberación de las mujeres, por el otro sostiene la ideología de que las tareas domésticas son nuestra responsabilidad. Por eso estas labores siguen siendo la principal carga opresiva sobre las mujeres, ya que con el pasar de los años la división de tareas con los hombres sigue siendo vista en el mejor de los casos como una ayuda.
La realización de estas tareas cumple una función muy clara en la sociedad capitalista. Cada obrero, al terminar su jornada de trabajo debe llegar a su hogar a recargar energías para contar al día siguiente con las condiciones adecuadas para seguir trabajando y produciendo. Esto implica contar con vestimenta limpia, alimento y condiciones para el descanso, elementos que implican un trabajo que no es remunerado y no es reconocido por la sociedad como una función laboral.
Para esto, el capitalista se asienta sobre la ideología patriarcal para imponer a las mujeres estas funciones y se ahorra el gasto de proporcionarle a la clase trabajadora acceso a servicios de comedor o lavanderías. De esta manera, luego de un largo día de trabajo, muchas mujeres deben enfrentarse con las tareas domésticas en sus hogares, que le originan una doble jornada de trabajo.
Y es que estas tareas domésticas, tan fundamentales para el capitalismo, no solamente son menospreciadas a lo interno del hogar, sino que como trabajo doméstico remunerado son también vistas como una función de una categoría inferior. De esta forma, los salarios de las empleadas domésticas siguen siendo uno de los más bajos en la escala salarial. Para el caso de Costa Rica por ejemplo, mientras el salario mínimo mensual de una trabajadora doméstica es de ¢123.631[2], el de un trabajador no calificado es de ¢ 206.045. A pesar de que ambos salarios son insuficientes, es notable la desvalorización del trabajo doméstico.
La condición de tener sobre nuestros hombros el recargo de labores domésticas que no son responsabilidad únicamente nuestra, nos limita no solo para acceder al mercado de trabajo sino también para acceder a espacios de participación y organización política que nos permitan defender nuestros derechos. Sumado a estas dificultades, las mujeres debemos enfrentar con el conjunto de la clase trabajadora, de los constantes ataques que realizan los gobiernos y las cámaras empresariales al derecho de organización del sector trabajador, que utilizan todas las artimañas posibles para coartar las libertades sindicales, mediante la persecución y los ataques particularmente contra las mujeres.
Asimismo, a lo interno de los sindicatos debemos mantener una constante lucha contra muchas direcciones que no entienden tampoco la importancia de la organización particular de las mujeres como parte de la clase trabajadora. Por eso una de nuestras tareas fundamentales, es no solo el de organizarnos y el de organizar a nuestras compañeras y compañeros, sino el de incluir dentro de las organizaciones de clase, una agenda por la defensa de los derechos de las mujeres, considerando que como trabajadoras somos un sector doblemente explotado.
Una lucha a muerte contra la explotación capitalista
La lucha por la liberación de la mujer está marcada por la lucha de las clases sociales.
Mientras exista la explotación a manos del capitalismo, se seguirán manteniendo las relaciones de opresión contra las mujeres.
Cuanto mayor son los niveles de explotación a la clase trabajadora, mayores son los niveles de opresión que el capitalismo ejerce sobre ella, por eso, hasta que no se acabe con las bases materiales de la opresión, con la injusta distribución de la tierra y con la propiedad privada de los medios de producción que generan las desigualdades, no podremos acabar tampoco con las condiciones de desigualdad de las mujeres. Tal y como afimaba Trotsky, "la verdadera emancipación de la mujer es imposible en el terreno de la miseria socializada.[3]"
Por eso afirmamos que nuestra lucha por la transformación de la condición de las mujeres está ligada indisolublemente a la transformación radical de la sociedad, y a la destrucción del capitalismo y por eso creemos que la conmemoración de este 8 de marzo, debe convertirse en un día de lucha de toda la clase trabajadora.
Desde el Movimiento al Socialismo hacemos un llamado a todas las mujeres trabajadoras a sumarse a sus sindicatos y organizaciones de clase, a dar la batalla contra el capitalismo y el imperialismo. Y junto a esto, exigir a sus sindicatos que asuman también la lucha por mejores condiciones para las mujeres, porque la lucha por la liberación de las mujeres, es una tarea de toda la clase trabajadora.
Hoy nuestra tarea fundamental pasa por la construcción de un partido revolucionario, que asuma un proyecto de lucha clasista por la liberación de los sectores más oprimidos y explotados de la sociedad, donde la lucha por los derechos de las mujeres sea parte central e intrínseca de su proyecto político de construcción.
Solo desde la lucha que podamos dar desde estos espacios, consolidando un proyecto político clasista, al servicio de las luchas contra todas las formas de opresión y explotación que el capitalismo ejerce sobre el sector pobre y trabajador, es que podemos ir dando pasos en la construcción de una sociedad socialista, abriendo el camino para la emancipación de las mujeres. Por esto, hacemos un llamado a todas las mujeres pobres y trabajadoras a unirse a la construcción de este partido revolucionario que pueda acabar con las bases materiales de nuestra opresión y explotación.
Al mismo tiempo que luchamos por acabar con este sistema capitalista que oprime y explota a las mujeres, seguimos luchando por mejorar las condiciones de vida de las mujeres trabajadoras y pobres. Por eso, llamamos a esas mujeres a organizarse desde sus sindicatos y organizaciones de clase por una legislación laboral acorde con las necesidades de las mujeres trabajadoras. Por más y mejores centros de cuido y comedores, que faciliten a las mujeres el acceso al mercado laboral y a la realización de actividades políticas. Por el reconocimiento de nuestro trabajo en igualdad de condiciones. Por mejores salarios para las mujeres. Por la defensa de la libertad sindical y nuestro derecho a organizarnos.
[1] Tendencias recientes en la inserción femenina en el mercado laboral en Costa Rica en la última década
[3] Termidor en el hogar
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