| Los intereses de Ortega y Chinchilla y la unidad de la Clase Trabajadora |
| Escrito por Carlos Francisco García – MAS Costa Rica | |||
| Martes 01 de Febrero de 2011 20:26 | |||
Las últimas noticias de sobre el conflicto fronterizo entre los gobiernos de Costa Rica y Nicaragua no dejaron de llegar aún en la época de diciembre.
Las noticias más recientes nos relatan la denuncia interpuesta por el gobierno de Nicaragua, sobre la incursión aérea y marítima de naves costarricenses en su territorio. Mientras, el gobierno costarricense afirma que ninguna nave ha sobrevolado la zona, y que si Nicaragua ha perseguido embarcaciones pesqueras en las coordenadas que se denuncian, es el país vecino quien invadió las aguas costarricenses. Así, ambos países se preparaban para la audiencia ante la Corte Internacional de Justicia, del 11 al 13 de enero en la Haya.
Posterior al mensaje “urbi et orbi” del Papa y de la mediación de México y Honduras, Ortega afirma que el 17 de enero en México se sentará a negociar con Costa Rica, pero el gobierno de Chinchilla afirma que asistirá pero no negociará hasta que Nicaragua repliegue sus tropas.
Pero más allá de las cartas que van y vienen de la frontera, de las conferencias de prensa, de los llamados al nacionalismo patriotero de los medios de comunicación y de las deshumanizantes bromas xenófobas, queda preguntarse cuál es el trasfondo y la profundidad del tan comentado conflicto.
¿Burguesía costarricense, nicaragüense o centroamericana?
Los empresarios costarricenses y nicaragüenses comparten los mismos intereses, los mismos negocios; y una ruptura de las relaciones entre los países hermanos los afectaría directamente.
Los empresarios de toda Centroamérica están unidos en intereses económicos: los productos e inversiones de unos son comerciados dentro de las fronteras del otro, toman parte en alianzas regionales, y todos en conjunto se aprovechan de la división fronteriza entre los trabajadores de la región.
De igual forma, hemos demostrado en otras ocasiones que los intereses de los trabajadores son los mismos, aunque así no lo perciban siempre. Todos trabajamos para los mismos patrones, con condiciones similares y sumidos a las mismas políticas que el imperialismo dicta para la región (EEUU tiene más claro que nadie que Centroamérica es una sola).
Sin embargo, la burguesía de toda Centroamérica mantiene esta división entre los pueblos para intentar sacar mayor provecho de los trabajadores, ya para contener mejor los estallidos de una región o para enfrentarlos entre sí. No podemos negar que existe, ocasionalmente conflictos entre los intereses de un sector y otro de la burguesía nacional, de igual forma se presenta entre sectores burgueses de distintos países. Hoy vemos cómo se combinan los factores en este juego del conflicto fronterizo, y lo importante son las lecciones que como clase trabajadora podemos sacar.
Del proyecto Brito al nacionalismo
En este conflicto podemos ver por un lado los intereses económicos que priman en la burguesía nicaragüense. Ya es conocido el caso del interés del gobierno de Nicaragua para construir el proyecto hidroeléctrico Brito en el río San Juan, que generaría 250 megavatios. Pero por otro lado, no podemos dejar de mencionar que esta es una oportunidad de oro para ambos gobiernos de acaparar los medios de comunicación con noticias que lleven a un nacionalismo extremo, que raya en la xenofobia, para tratar de apaciguar las críticas de los sectores de oposición.
En Costa Rica, inmediatamente después de denunciar la supuesta invasión nicaragüense, no se volvió a hablar del fracaso en la concesión de la carretera a Caldera y los misteriosos intereses de los Arias en la misma, ni de cómo el pueblo cada vez más decidido le decía no a los proyectos mineros que pretenden arrasar con todo. Por el contrario, el Gobierno de Laura Chinchilla pretende captar el apoyo de todos y todas, presentando una falsa imagen de gobierno defensor del ambiente, y hasta consiguió que Frente Amplio le dé su apoyo incondicional.
La política más preocupante del gobierno costarricense frente a esta situación, es la militarización de los grupos policiales. Desde hace unos años, los gobiernos de turno han intentado consolidar la creación de grupos policiales más especializados, mejor armados y más violentos; hoy bajo la excusa de la defensa de la soberanía se está hablando de concretar este proyecto de un cuerpo policial similar al ejército, con los gastos en armamento que implica sostener a un grupo de ese calibre. Para conseguir los recursos se ha propuesto cobrar un nuevo impuesto que financie las fuerzas especiales, lo cual recargará sobre los hombros de todo el pueblo trabajador los costos de ese proyecto. Militarizar la policía no es una salida que beneficie al pueblo, por el contrario, hemos visto como con las fuerzas especiales que ya existen, se reprime cada vez con mayor violencia cualquier acto de protesta social.
Luego de comparecer ante la Haya, Costa Rica solicitó que se le aplicaran sanciones a Nicaragua, que bien podían ser de índole económica. Como trabajadores que somos nos tenemos que oponer a todo tipo de sanción económica, ya que el peso de la misma recaerá sobre los trabajadores del país hermano.
Por otro lado, Daniel Ortega monta su propia campaña nacionalista, atizando el sentimiento de una inevitable amenaza nacional y de paso, prepara con éxito el camino para su reelección, como lo afirmó René Herrera, magistrado del Consejo Electoral de Nicaragua al referirse que en la campaña Ortega ya está en la delantera.
Abajo el nacionalismo, arriba a la unidad de la clase
En el medio quedan ambos pueblos, con los mismos miedos y las mismas necesidades, tan unidos que se funden sin saberlo a veces. Sólo para este fin de año más de 118.000 nicaragüenses que viven en Costa Rica atravesaron la frontera hacia Nicaragua para celebrar con sus seres queridos. Aquí o en Nicaragua, los trabajadores vendemos nuestra fuerza de trabajo o no comemos. Y tanto al pueblo tico o al pueblo nica, los empresarios tratan de arreglárselas para quitarnos, si se los permitimos, hasta el último derecho laboral con tal incrementar sus ganancias. Lamentablemente, en consorcio con los medios de comunicación, montan esas destellantes imágenes para que nos olvidemos de nuestros compañeros de trabajo y nos fijemos sólo en el acento, y no nos unamos en luchas conjuntas.
Pero poco a poco la clase trabajadora va tomando su papel, va reconociéndose así misma. Mira su reflejo en el hermano, a pesar de las fronteras que le imponen, y va extendiendo sus brazos por encima de las banderas.
Los trabajadores de Costa Rica, de Nicaragua, de El Salvador o de cualquier parte de Centroamérica, somos iguales. Somos clase trabajadora y unidos, como clase, somos más fuertes.
Fuente: Socialismo Hoy nº 31, Enero 2011
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Las últimas noticias de sobre el conflicto fronterizo entre los gobiernos de Costa Rica y Nicaragua no dejaron de llegar aún en la época de diciembre.















