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El debate con las organizaciones castristas
Escrito por Martín Hernández   
Martes 21 de Diciembre de 2010 12:57
En el mes de agosto del año pasado, Raúl Castro pronunció un discurso frente a los diputados cubanos en el que señaló: …yo no fui electo presidente para restaurar el capitalismo en Cuba, ni para entregar la revolución, fui electo para defender, mantener, continuar y perfeccionar el socialismo, no para destruirlo… ‘’. Este no es un discurso original en Cuba. Es el mismo discurso que vienen haciendo, desde hace muchos años, en forma reiterada, tanto Fidel Castro como todos los jefes del gobierno y del Partido Comunista.

Después de todos los datos que hemos presentado sobre la restauración del capitalismo (ninguno de los cuales son negados por el gobierno cubano) parece mentira que la dirección castrista intente convencer a la opinión pública de que, mandando a la calle a un millón de trabajadores (en un país de 10 millones de habitantes) y construyendo campos de golf y condominios de alto padrón, se fortalece y se “perfecciona” el socialismo. O que lo mismo ocurre acabando con las libretas de racionamiento, privatizando la producción del azúcar o dejando en manos de los empresarios el control del comercio exterior.

Sin embargo, toda esta hipocresía de la dirección castrista no nos puede sorprender, pues esa táctica, de restaurar el capitalismo en nombre del socialismo, como ya hemos visto, es la misma que fue aplicada por todas las burocracias restauracionistas, a punto tal que hasta hoy el partido gobernante de China se continúa llamando Partido Comunista y sus dirigentes aseguran que el sistema que impera en ese país es socialista (“Socialismo de mercado”).

Por otra parte, esa táctica le ha dado un resultado extraordinario a la dirección castrista a punto tal que existen millones de personas, en todo el mundo, que repiten, con fervor, lo que dice esa dirección, y eso tiene una explicación.

No podemos olvidar que esa dirección fue la que estuvo al frente de la revolución del año 1959, que expropió al capitalismo nacional y al imperialismo y, a partir de ese hecho, la vida de los cubanos cambió completamente y por eso esa dirección se transformó en una referencia, a nivel nacional e internacional.

Por otra parte es necesario entender que, siguiendo la tradición impuesta por Stalin, en Cuba se llevó adelante un impresionante culto a la personalidad, de Fidel Castro en este caso, y ese culto, como cualquier otro, pone en un segundo plano a la razón. Para las personas que adhieren a ese culto las medidas restauracionistas –por ejemplo, echar a un millón de trabajadores– pueden llegar a parecerles malas pero piensan que si es Fidel quien las impulsa, ellas deben ser buenas, o pueden ser malas, pero necesarias, porque así lo dijo el Comandante.

Justamente porque se trata de un culto a la personalidad y no de algo racional, muchos de los defensores de los hermanos Castro rehúyen a los debates o nos responden, a quienes decimos que los hermanos Castro han restaurado el capitalismo, con grititos histéricos, de “gusanos” o “contrarrevolucionarios”, como hace el Partido Comunista Brasilero, al que ya hemos citado.

Pero todo culto, por ser completamente irracional, no dura eternamente. En este sentido será necesario ver si él se mantiene, por mucho tiempo, no ya entre las personas que viven distantes de Cuba, en España, Argentina, Colombia o Brasil, sino entre el millón de nuevos trabajadores cubanos desempleados y sus familias.

Un debate en el campo del movimiento trotskista

El respaldo a la dirección castrista no viene sólo de los sectores que defienden a esa dirección sino, contradictoriamente, de los que dicen combatirla, como es el caso de algunas organizaciones que se reivindican trotskistas o tienen origen en el trotskismo, como son las ya citadas PTS y Nuevo MAS, de Argentina.

Impresiona ver cómo estas organizaciones realizan todo tipo de malabares, políticos y teóricos, para intentar demostrar lo indemostrable: que en Cuba no se restauró el capitalismo. De esta forma, la burocracia restauracionista (así la definen) de los hermanos Castro se habría mostrado incapaz de conseguir lo que todas las burocracias restauracionistas del mundo consiguieron: la vuelta al capitalismo.

¿Cómo explican esta situación excepcional? ¿Cómo explican que Cuba haya conseguido sobrevivir a pesar de su brutal crisis económica?

El PTS se limita a dar algunos “argumentos” para mostrar que el capitalismo no fue restaurado, pero no explica el porqué de esa situación excepcional.
Ya el Nuevo MAS es diferente. Ellos intentan dar una explicación sobre la excepcionalidad cubana.

En un trabajo de Roberto Ramírez (uno de los principales dirigentes del Nuevo MAS), titulado Un debate crucial en la izquierda. Cuba en una encrucijada, el autor explica: Cuba logró resistir en medio de la debacle de los “ex países socialistas”. Valiosamente, la isla permaneció como una excepción. Y, partir de allí, el autor señala que, para entender la actual excepcionalidad cubana, hay que remontarse al siglo XIX pues Cuba por ser, junto con Puerto Rico, uno de los dos únicos países que no se independizaron de España, habría tenido un curso excepcional. Dentro de esto, también el Movimiento 26 de Julio, que dirigió la revolución de 1959, sería excepcional, ya que no respondería a ninguna clase social. No sería un movimiento pequeño burgués, como siempre afirmó el trotskismo, ni un movimiento de carácter obrero ni burgués. Según el autor, el movimiento 26 de Julio, dirigido por Fidel Castro, era “sin clase”.

También para Ramírez, el estado cubano que surgió de la expropiación de la burguesía sería algo excepcional, ya que no sería ni burgués ni obrero. Sería un “estado burocrático”. De esta forma, el autor llega a la conclusión de que tantas situaciones excepcionales dieron origen a una nueva situación excepcional: En Cuba, por un conjunto de factores excepcionales, este lamentable final de la restauración capitalista se aplazó.
 
Es una explicación, desde el punto de vista teórico, muy poco sólida. De cualquier manera tiene el mérito de intentar dar una explicación a lo inexplicable.

Veamos ahora los argumentos de estas corrientes, para demostrar que en Cuba no se restauró el capitalismo. El principal argumento que utiliza el Nuevo MAS (que también es usado por el PTS) es que en Cuba no existiría una burguesía nacional.

Sobre esto, Roberto Ramírez dice: Porque éste es el punto crucial que –no por casualidad– se les escapa a los “teóricos” del PSTU-LIT. El problema no es hacer la suma y resta de medidas económicas aisladas (que efectivamente en manos de la burocracia son peligrosísimas), sino responder a una simple pregunta: ¿dónde está la “nueva burguesía cubana”? ¿Vive en la clandestinidad? ¿Reside en Canadá o en Europa? Por eso, poner ya un signo igual entre Cuba y China es un despropósito… ¿O sería el primer caso de un país semicolonial cuya burguesía no es nativa, sino europea o canadiense?
 
Dejemos por ahora de lado la afirmación de Roberto Ramírez de que todas las medidas restauracionistas que ha tomado el gobierno son “medidas económicas aisladas” y vamos a su principal argumento: (…) sería el primer caso de un país colonial cuya burguesía no es nativa, sino europea o canadiense. Resulta difícil creer que un dirigente como Roberto Ramírez, que ha leído tanto a los autores marxistas, diga semejante disparate para intentar justificar su teoría de la “excepcionalidad” de Cuba y de su dirigente Fidel Castro. Porque si hay algo que caracteriza a las semicolonias y colonias (y ése es el camino de Cuba) es justamente que su burguesía nativa es sumamente débil y muchas veces prácticamente inexistente.

Pero ése no es el principal problema del texto de Ramírez. El principal problema es que él está convencido de que no existe burguesía nativa en Cuba.

Trotsky, analizando a la burocracia de la URSS, decía: La evolución de las relaciones sociales no cesa. No se podrá pensar, evidentemente, que la burocracia abdicara en favor de la igualdad socialista… será pues, inevitablemente necesario, que busque apoyo en las relaciones de propiedad… No basta ser director del trust, es necesario ser accionista[1] (…)”.

En todos los procesos de restauración sucedió lo que Trotsky decía. La burocracia quería ser accionista de las empresas y un gran porcentaje de ella se transformó en los nuevos burgueses. Hay un dato sobre China, bastante divulgado (que el propio Ramírez cita) que dice que, de los 3.220 chinos con una fortuna mayor a 10 millones de dólares, 2.932 son o eran funcionarios de alto rango del Partido Comunista.

En Cuba, aunque aún no disponemos de los datos suficientes, todo indica que ocurrió lo mismo que en China y en los restantes ex estados obreros.

En el año 1992 la burocracia cambia la Constitución Nacional para permitir la existencia de otros tipos de propiedad de las empresas, además de la estatal.

En el año 1995 la burocracia aprueba la Ley de Inversiones Extranjeras con la cual legalizó tres tipos de nuevas formas de propiedad de las empresas: la extranjera, la mixta y la asociación económica internacional.

En los tres casos se legaliza la existencia de empresarios nacionales, ya que se establece que los inversores de las empresas extranjeras podrán vender sus acciones al estado o a empresarios cubanos. Por su vez, de las empresas mixtas y de la asociación económica internacional, además de participar empresarios extranjeros, pueden participar, como socios, empresas estatales o empresarios cubanos.

Un detalle importante es que estas empresas no se pueden construir libremente. Todas ellas, e incluso la venta de acciones de empresas extranjeras a empresas o empresarios cubanos, tienen que ser autorizadas por el gobierno, es decir, por la burocracia que controla todo el proceso de privatización.

Hay que ser muy ingenuos para pensar que la burocracia restauracionista hizo todo este andamiaje jurídico (reforma de la Constitución, Ley de Inversiones Extranjeras…) para no aprovecharse de él. Sería una burocracia muy especial. Ahí sí estaríamos frente a un caso excepcional, tan excepcional que nos obligaría a revisar el materialismo histórico.

En lo que sí tanto el Nuevo MAS como el PTS tienen razón es en que la nueva burguesía no está apareciendo a la luz del día (ella permanece escondida detrás de las empresas estatales y las empresas extranjeras), y es lógico que así sea. Es difícil imaginar a Fidel o a Raúl Castro, o cualquier otro dirigente del PCC, llamando a una conferencia de prensa para anunciar que han comprado tal o cual empresa. No debemos olvidar que toda la burocracia castrista está haciendo la restauración del capitalismo en nombre del socialismo.
 
Una vez más, sobre el carácter del estado cubano

El PTS, en un texto titulado Defender las conquistas de la revolución contra el bloqueo imperialista y los planes de restauración de la burocracia, no minimiza, como hace Roberto Ramírez, las medidas restauracionistas. Así, señala que: La reforma de la constitución de 1992 legalizó las empresas mixtas (asociadas al capital extranjero) y la pequeña propiedad, debilitó los mecanismos de planificación económica y prácticamente desmanteló el monopolio del comercio exterior (…). Y, después señala que: (…) la propia burocracia, en particular las FAR[2], constituye la principal fuerza interna de la restauración del capitalismo. Sin embargo, después de dar estos importantes datos, llega a la misma conclusión que el Nuevo MAS: (…) sería un error pensar que el capitalismo ya fue restaurado en la Isla (…).
 
Aquí el PTS hace una buena aunque bastante incompleta descripción de la realidad, pero la caracterización a que llega (Cuba sigue siendo un estado obrero) entra en total contradicción con ese análisis.

Trotsky, a quien el PTS siempre reivindica, no sólo en sus aciertos sino en sus pocos errores, decía que, a pesar de la burocracia, la URSS continuaba siendo un estado obrero porque Stalin no había conseguido revertir las principales conquistas de la revolución: la propiedad estatal de los medios de producción, el monopolio del comercio exterior y la planificación económica central.

Sin embargo, en la citación que hemos hecho, el PTS dice que estas conquistas prácticamente no existen más. Entonces no se entiende por qué afirman, con tanta seguridad, que Cuba es un estado obrero.

Por otra parte, Trotsky afirmaba: (…) la naturaleza de clase del estado se define, no por sus formas políticas, sino por su contenido social, o sea, por el carácter de las formas de propiedad y de las relaciones de producción que el estado en cuestión protege y defiende (…).[3]

El PTS dice, con mucha razón: (…) la propia burocracia, en particular las FAR, constituye la principal fuerza interna de la restauración del capitalismo. Entonces, volviendo a Trotsky, ¿cuáles son las formas de propiedad y las relaciones de producción que el estado cubano protege y defiende?

 El PTS dice que la burocracia, que está al frente del Estado y, en especial, las Fuerzas Armadas (que es la principal institución del Estado) quieren la restauración del capitalismo, y tienen razón, está demostrado por el conjunto de medidas restauracionistas tomadas por esa misma la burocracia.

Por lo tanto, según el análisis y la caracterización del PTS y, llevando en consideración el criterio de Trotsky, no tendría que haber dudas sobre el carácter capitalista del estado cubano. Sin embargo, el PTS repite, una y otra vez, que Cuba es un estado obrero.

La cuestión del programa

El PTS dice: sería un error pensar que el capitalismo ya fue restaurado en la isla y que no queda ninguna conquista por defender. Por su parte, Roberto Ramírez, en su texto, dice algo similar: (…) el error del PSTU-LIT (decir que en Cuba se restauró el capitalismo) lleva inevitablemente a la conclusión de que hay poco o nada que defender en Cuba, y que de la revolución de 1959 no queda prácticamente nada.
 
En cualquier país capitalista, que en el pasado fue un estado obrero, sobreviven importantes conquistas de la clase obrera y el pueblo, que hay que defender. Más aún, en cualquier país capitalista, que nunca fue un estado obrero, también hay importantes conquistas de los trabajadores que hay que defender, pero lo que no se puede defender son las conquistas que ya se perdieron. En ese caso, de lo que se trata es de reconquistarlas.

Por ejemplo, en el caso de Cuba es necesario defender la salud y la educación públicas, porque aún se mantienen. También es necesario defender las empresas que continúan siendo estatales, pero no se puede defender el monopolio del comercio exterior o la planificación económica central, porque eso, desde hace más de una década, ya no existe.

Entonces, es verdad que quedan muchas conquistas que defender, que se originaron a partir de la revolución de 1959, pero las conquistas fundamentales del ’59, las estructurales, las que transformaron el estado capitalista cubano en un estado obrero, la expropiación de la burguesía nacional e imperialista, el monopolio del comercio exterior, la economía centralmente planificada, esas conquistas no existen más, y aquí está planteada la cuestión del programa.

Tanto el PTS como el nuevo MAS dicen que en Cuba no se precisa hacer una revolución social, sino solamente una revolución política.

Respecto de la revolución política, Trotsky señalaba que si un partido revolucionario dirigiese una revolución de este tipo contra la burocracia gobernante (…) No tendría que recurrir a medidas revolucionarias en materia de propiedad. Continuaría desarrollando a fondo la experiencia de la economía planificada. Después de la revolución política y después del derrumbe de la burocracia el proletariado tendría que hacer, en la economía, reformas bastante importantes, pero no tendría que hacer una revolución social.[4]

Este programa, el de la revolución política, es inaplicable para Cuba, porque él parte de algo que ya no existe en la Isla: la economía planificada y, por otra parte, si se aplicase, sería un programa de derecha, porque no tendría como objetivo hacer una revolución en materia de propiedad sino sólo de reformas. Por lo tanto, una revolución política significaría mantener la actual estructura económica.    Por el contrario, una revolución social significaría retomar las conquistas estructurales del ’59 que hoy no existen más: la nueva expropiación de la burguesía, nacional e internacional; la recuperación del monopolio del comercio exterior; la reconstrucción de la economía centralmente planificada.

Cuba precisa de una revolución que no puede ser sólo política, sino que tiene que ser social, porque tendrá que enfrentar a los viejos y nuevos explotadores. Una revolución social que necesariamente tendría que comenzar por derrumbar a la dictadura actual.

Entonces, para finalizar, volvamos al inicio de este texto y a la frase del PCB: Defender revolución cubana es una cuestión de principios. Pero, ¿de qué revolución cubana estamos hablando? De la Revolución del ’59. Y, ¿cómo la defendemos? Construyendo una nueva revolución, contra el gobierno y el Estado cubanos que la está traicionando.

Publicado en Marxismo Vivo Nueva Época nº 1, 2010
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Lea la primera parte de este artículo: Revolución y contrarrevolución en Cuba


[1] Trotsky, León, La Revolución Traicionada, pág. 251.
[2] Fuerzas Armadas de Cuba.
[3] Trotsky, León, En defensa del marxismo.
[4] Trotsky, León, La Revolución Traicionada, pág. 250.

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