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¿Cuál es el futuro de Europa? Imprimir Correo electrónico
Escrito por Daniel Romero*, PSTU - Brasil   
Martes 18 de Mayo de 2010 01:15

Tras meses intentando convencernos de que la crisis había acabado, los gobiernos y la prensa descubren que el mundo está nuevamente bajo el riesgo de una nueva ola de fractura de las bolsas, desvalorización de monedas y “quiebra” de países. ¿Cómo Grecia, un país con una economía tan pequeña (menos de 3% del PIB europeo) podría tener este poder devastador?

La crisis griega está lejos de ser sólo un problema nacional o de errores puntuales de su política económica; antes, las razones de la crisis pasan por la combinación de tres elementos: años de aplicación de políticas neoliberales, la salida gestada por los Estados para la crisis internacional de estatalizar las pérdidas del gran capital financiero y, finalmente, la quiebra de la manera como se estructuró el mercado común europeo y la eurozona en la última década. La nueva fase de la crisis internacional no fue causada por la economía griega, sólo apareció primero en su eslabón más débil y, como está demostrando hasta ahora, también más explosivo.

Grecia era uno de los países que venía creciendo más que la media europea, hasta adoptar el euro como moneda, cuando esta situación comenzó a invertirse. A partir de este momento, a contrapelo de tener una balanza comercial favorable (es decir, exportar más que importar), esta relación poco a poco se invirtió, cerrando de manera deficitaria en 15% del PIB en 2009 (Valor Económico, 19/02). La nueva moneda “fuerte” permitió expandir el consumo de importaciones (sobre todo a partir del endeudamiento público y privado), creando un escenario de aparente prosperidad y, evidentemente, aprovechado por los gobiernos de turno. Parecía que, por último, Grecia podría ingresar en el “estilo de vida europeo”, de lo cual efectivamente nunca formó parte.

Pero la ilusión no tardó mucho en acabar: a la vez el país reducía sus exportaciones, perdía competitividad y aumentaba el desempleo. Cuando la crisis del 2008 estalló, el país ya se encontraba en situación vulnerable y ahora corre el riesgo de romperse. Situación semejante también ocurrió con Portugal, España, Irlanda e Italia.
Antes de la crisis, en sentido contrario se encontraba Alemania. De un déficit en la balanza comercial de 1,7% del PIB en 2000, se pasó a un superávit de 8% en 2007. Pero ¿cuál el secreto del “éxito” alemán?

De que crisis se habla

Recorte salarial, corte de derechos y alta productividad del trabajo, este fue el modelo adoptado por los últimos gobiernos en Alemania para conquistar el mercado interno de sus otros “compañeros” comerciales dentro de la propia eurozona. Todavía bajo el gobierno del social-demócrata Schröder, Alemania adoptó una política de compresión salarial desde el inicio de la aplicación del euro, en 1999, como mecanismo de bajada de los costos y aumento de la competitividad, sin transmitir a los trabajadores los lucros por la productividad. Con esta política, dos tercios de las exportaciones de Alemania van hacia países de la eurozona y esto está transformando el mercado común europeo cada vez más en mercado único alemán, seguido de una disputa con Francia e Inglaterra.

En el plano de la relación entre Estados y economías nacionales, para cada “éxito” alemán hay que producir numerosas “Grecias”. Por ello el día 2 de mayo, cuando se anunció el paquete de ayuda de 110 mil millones de euros para Grecia, era sobre España que se dirigían las preocupaciones, la próxima de la cola.

En síntesis, los problemas fiscales de los países europeos, sobre todo de la periferia de la eurozona, son manifestaciones de un problema más profundo, que la crisis internacional potenció y trajo a la superficie: en los bastidores del reluciente Parlamento Europeo, se radicaliza una relación típica de países imperialistas (Alemania, Francia e Inglaterra) y países periféricos (sobrante de Europa), en la cual los primeros están exportando la crisis para los segundos tanto por la diferencia de la productividad del trabajo como por el control del crédito y del capital financiero.

¿Hacia dónde se dirige Europa?

En el libro la Balsa de Piedra, del escritor portugués José Saramago, la Península Ibérica se desprendió de Europa y quedó vagando por el océano atlántico. Inicialmente tomo rumbo en dirección a las Américas, pero después paró y, en medio del océano, giró sobre sí misma. Esta fue la forma que el escritor encontró para mostrar la distancia que Europa siempre insistió en mantener en relación a los pueblos de Portugal y España. La obra acaba sin que el lector sepa que destino tomó la Península. Independiente hacia dónde va, no irá más sola, pues tendrá la compañía de los otros países de mediterráneo y del este-europeo, más adelante de Irlanda.

Sin el mismo talento, el capital alemán y francés está haciendo la misma pregunta que el escritor portugués: ¿cuál es el papel que deberá cumplir la periferia de Europa en la división internacional del trabajo tras la crisis?

Las medidas adoptadas hasta aquí para el caso griego dan una clara demostración de cuáles son estas salidas. De la deuda griega de más de 300 mil millones de euros, 79 mil millones están en la mano de bancos franceses, 45 mil millones con bancos alemanes y 15 mil millones con bancos ingleses. El restante está en la mano de otros bancos (inclusive griegos) que también son controlados por los mismos países arriba, además del capital americano. Para “ayudar” a Grecia a pagar estas deudas, el Banco Central Europeo prestó dinero a los bancos con tipo de interés de 1%. Estos bancos prestaron al gobierno griego con tipo de interés de 5%. El gobierno griego, en posesión del nuevo préstamo, va a pagar sus deudas antiguas, cuyos acreedores son los mismos bancos de la nueva deuda. Como se ve, el paquete de ayuda no tiene como objetivo reducir la deuda griega, sino aumentarla, sometiendo todavía más a los Estados periféricos a una situación de parasitismo por parte del capital financiero.

Pero esta es sólo una parte de la salida del capital. En términos estratégicos, el futuro que el imperialismo europeo tiene gestado para su periferia es todavía más sombrío.
 Veamos el caso griego. La contra-partida de la “ayuda” a Grecia implica un paquete que incluye aumento de impuestos, aumento de la edad para jubilación, congelación de sueldos, corte de derechos sociales y laborales, fin del 13º y 14º sueldos, además de la privatización de empresas públicas.

En síntesis, el proyecto del imperialismo europeo para su periferia es rebajarla a los niveles de los países latinoamericanos, marcados por la superexplotación del trabajo, bajos sueldos, desempleo elevado y ausencia de protección social. Si eso sucediera, América Latina sería todavía más presionada a asumir los patrones del capitalismo chino. Las medidas de aprieto salarial y reformas de este lado del océano invitan a este camino. Queda la pregunta: ¿hasta dónde va esta cola?

*Colaboró Euclides Agrela
 
Traducción: Jessica Barquero

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Última actualización el Martes 13 de Diciembre de 2011 00:49
 


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