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Los hechos por detrás de la cortina de gas lacrimógeno Imprimir Correo electrónico
Escrito por Diego Cruz - PSTU   
Lunes 10 de Enero de 2011 14:18

¿Golpe de Estado o una farsa escenificada por Correa?

Quito, 29 de noviembre. Después de semanas de lluvias y frío intensos, finalmente el sol reina absoluto en la capital ecuatoriana. En vísperas de completarse dos meses del fatídico 30 de setiembre, el país respira una relativa tranquilidad.

Frente a la entrada del Regimiento Policial de Quito Nº 1, policías, o “chapas”, conversan tranquilamente. Al fondo del predio de la policía, se puede vislumbrar parte del volcán Pichincha, despuntando sobre las montañas, cubierto de hielo y componiendo un típico paisaje andino.

Si no fuesen por las perforaciones de tiros en las paredes y en el pasillo que comunica las dos partes del Hospital Metropolitano, próximo al Regimiento, sería difícil creer que hace tan poco tiempo el presidente de la República enfrentaba, allí, una feroz rebelión policial y que, al final de aquel día, 6 cuerpos sin vida cayeron ahí. Si las marcas de los disparos aún fueran insuficientes para recordar los acontecimientos de aquel día, los grafitis en las paredes se encargan de hacerlo. “Correa, el pueblo te apoya”, dice uno de ellos.

El 30-S
 
En la TV, el presidente del Ecuador, Rafael Correa, desafía a los policías, se desata la corbata y grita: “¿Quieren matar a su presidente? Pues, aquí estoy, ¡mátenme!”. Luego, protegido por una máscara anti-gas y protegido por su seguridad, el mismo Correa huía de la turba de policías enfurecidos, alojando-se en el hospital de policía, a pocos metros del regimiento. Esas escenas fueron acompañadas por el mundo entero el día 30 de setiembre, colocando al país sudamericano, una vez más, en el centro de las noticias.

A partir de ahí, imágenes confusas no dejaban en claro qué estaba ocurriendo. Desde dentro del hospital, Correa denunciaba un golpe de Estado y se decía “secuestrado” por los policías sublevados. Del lado de afuera, las imágenes de la venezolana Telesur mostraban un furioso enfrentamiento entre policías y soldados leales al gobierno. Poco después, la confirmación: Correa había sido heroicamente rescatado por las tropas leales al gobierno. Honduras no se repitió y los golpistas fueron rechazados.

El día no había acabado y la izquierda en todo el mundo polemizaba sobre los hechos ocurridos en el país del sur, fronterizo a Colombia y Perú. Para gran parte de ella, no había lugar a dudas. El golpe de Estado articulado por la derecha y el imperialismo trataba de derrocar a un gobierno de izquierda en la región, contrario a los intereses norteamericanos. Pero, ¿qué realmente ocurrió aquel día 30 de setiembre, titulado por la prensa ecuatoriana de 30-S?

El paso a paso del “golpe”
 
Nadie podría imaginar lo que ocurriría a lo largo de aquel último día de setiembre, cuando los policías y soldados amanecieron amotinados. Indignados por la llamada Ley de Servicios Públicos del presidente Correa, oficiales de baja patente realizaban manifestaciones en diversas partes del país, llegando a ocupar el aeropuerto internacional de la capital ecuatoriana. La nueva ley derogaba una serie de derechos de los militares, como bonificaciones y las condecoraciones cada cinco años. Los amotinados denunciaban, incluso, la discriminación entre los oficiales y los demás soldados y policías.

Según su estilo de confrontación, Correa resuelve ir al Regimiento Policial de Quito a encarar a los policías. Quien conoce el autoritarismo tacaño de Correa, sabe que el diálogo con sectores en conflicto con el gobierno no es de su agrado. Desde lo alto de una de las ventanas que dan al patio ocupado por los policías, el presidente trata de dirigirse a los rebelados, defendiendo a su gobierno y afirmando que aumentará el sueldo en su mandato. “Fue Lucio quien lo hizo”, respondieron exaltados algunos de ellos, refiriéndose al ex-presidente Lucio Gutiérrez, depuesto por las movilizaciones populares en el 2005.

Irritado, Correa, protagoniza las escenas que recorrerán el mundo, aflojando la corbata y pidiendo que los policías lo “matasen”. La tensión y los ánimos se profundizaron. Cercado por la seguridad, el presidente desciende al patio. Alguien tira una bomba de gas lacrimógeno. Luego, la seguridad de Correa le provee una máscara anti-gas. Cojeando, debido a una lesión en la rodilla, el presidente es llevado al Hospital de la Policía, a pocos metros de allí, donde se darían las situaciones más dramáticas de aquel día.

El presidente, entonces, es instalado en la sala 302 del tercer piso del edificio. El hospital de la policía ocupa un gran predio casi al lado del regimiento. Según cuenta el periódico El Comercio, en el hospital Correa habría recibido alimentos, agua, además de la visita del médico que había operado su rodilla. El área ocupada por Correa y su comitiva fue completamente aislada del resto del hospital. El presidente recibe también la visita de correligionarios, entre ellos el ministro de Relaciones Exteriores, Ricardo Patiño. 

Del lado de afuera, el clima no era tan calmado. Simpatizantes de la Alianza País, coalición de partidos de base gobiernista, trataban de aproximarse al hospital y eran reprimidos por la policía con bombas de lacrimógenas. Según la prensa, Correa recibió, por los menos, a 3 comisiones formadas por los militares y lideradas por el General Euclides Mantilla, con el fin de negociar una salida pacífica al conflicto. Pedían que el gobierno retirase la ley que derogaba los bonos y las condecoraciones. El presidente, sin embargo, se niega al pedido. Siendo así, Mantilla trata, desde afuera, calmar los ánimos de los policías.

Rescate cinematográfico, muertos reales
 
En tanto Correa permanecía en el hospital, la versión del golpe de Estado ya se esparcía a los cuatro vientos, inflada por el propio gobierno. Patiño convocó a la población a la Plaza Grande, en el centro histórico de Quito e instó a que marchasen hasta el hospital a “rescatar” el presidente. El gobierno impuso la cadena nacional de televisión, que debería retransmitir la señal de Ecuador TV, la emisora estatal. Desde adentro del hospital, Correa denunciaba a la emisora y a Telesur, el canal internacional de TV de Hugo Chávez, que estaba “secuestrado”.
 
Al final de la tarde, sin embargo, cerca de 300 policías organizaron una especie de corredor de seguridad para que Correa pudiese dejar el hospital. “Queremos que él va a salir, para que no sigan diciendo que él está secuestrado”, afirmó a la prensa uno de los policías. El presidente, entonces, no salió. Lo que todo indica, es que él ya había trazado su táctica de enfrentamiento, que costaría, más tarde, la vida de 8 personas.

El gobierno ya había decretado el Estado de Excepción en todo el país, cuando movilizó a un gigantesco operativo militar para sacar a Correa del hospital. Dos grupos de élite de la policía, el Grupo de Intervención y Rescate (GIR) y el Grupo de Operaciones Especiales (GOE) dieron cobertura a la intervención de las Fuerzas Armadas. Cerca de 50 soldados de élite del Grupo de Operaciones Especiales contaron, incluso, con el apoyo de 2 helicópteros, 4 camiones, además de 250 “botas rojas” y 400 soldados de otros destacamentos.

La invasión del hospital ocurrió alrededor de las 21 horas y el enfrentamiento fue inevitable. La TV mostraba las escenas del combate feroz entre policías y militares. Por fin, Correa es sacado del lugar y llevado al Palacio Carondelet, donde da un discurso triunfante contra el “golpe”. Al día siguiente, la prensa contabilizaba 8 muertos y 275 heridos, incluidos los pacientes del Hospital Policial y del Hospital Metropolitano intoxicados con el gas lacrimógeno.

Versiones encontradas
 
Terminado el confronto militar, la batalla de versiones sólo comenzaba. ¿Golpe o farsa? Correa acusó al ex-presidente Gutiérrez y su Sociedad Patriótica de estar detrás de la rebelión policial. Para el público externo, el gobierno ecuatoriano acusó, incluso, a la prensa del país. Lo que se vio durante el 30-S, sin embargo, fue una sorprendente unanimidad alrededor de la defensa del gobierno de Correa. Tanto interna como externa, al contrario de lo que ocurrió en Honduras. Prácticamente todos los gobiernos de los países americanos declararon su apoyo a Correa, además de organismos como la OEA o la Unasur.

En Ecuador, los grandes empresarios rechazaron cualquier golpe y hasta, incluso, la Cámara de la Industria y la Producción publicó anuncios defendiendo el “orden institucional vigente” en el país. El propio Patiño, en entrevista publicada el 6 de octubre en el periódico El Comercio negó cualquier participación de los EUA en la “conspiración” del 30-S. “Creo firmemente que el presidente Barack Obama y su gobierno no tienen nada que ver con esto”, afirmó el ministro de Correa.

En la misma entrevista, Patiño da una razón, mínimamente interesante, para explicar su teoría de “secuestro”. Para él, lo que define un secuestro son dos cosas: no poder dejar el local donde está (hubiese sido inseguro que Correa dejara el hospital, según él) y el pedido de un rescate. ¿Y qué rescate hubieran pedido? “Dijeron al presidente que él no salía si no pagaba el rescate, que era firmar una carta diciendo que quedaba derogada la Ley de Servicio Público”, confesó al periódico, tal vez no se dio cuenta de la contradicción que es un golpe con reivindicaciones laborales.

Las pistas para lo que, de hecho, ocurrió aquel día 30 de setiembre, entonces, son proporcionadas por el propio gobierno. ¿Qué ganaría Correa en transformar una rebelión por motivos laborales en una conspiración y golpe militar? Deslegitimar a las oposiciones, deslucir a los sectores sociales movilizados y, sobre todo, avanzar en la política de criminalización de los movimientos sociales, son las ventajas que parecen tentadoras a Correa. 

Tal vez eso explique la tensa calma que se cierne sobre Quito.
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Traducción: Laura Sánchez


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Última actualización el Lunes 10 de Enero de 2011 18:21
 


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