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A 40 años del festival de Woodstock
Escrito por WILSON H. SILVA   
Jueves 20 de Agosto de 2009 00:00

La libertaria y alucinada celebración de una era


Fue en un 15 de agosto, hace 40 años, cuando tuvo inicio uno de los conciertos más míticos de la historia de la música: el Festival de Woodstock. Además, lo que ocurrió en el área rural de Bethel, en los alrededores de Nueva York, fue mucho más que un concierto. Fue la celebración de una época, la banda sonora de años marcados por el inconformismo, por la rebelión y por la búsqueda, muchas veces literalmente alucinada, de una nueva forma de ver y vivir el mundo.

 

No es casual  que los músicos que se sucedieron  en el escenario montado en el caserío de Max Yasgur durante aquellos días (y algunas de las grabaciones originales hechas durante las presentaciones) sean, hasta hoy, idolatrados. En términos musicales, Woodstock reunió lo mejor  de toda una generación: de la canción de protesta de Joan Baez al rock blusero de Janis Joplin; de la guitarra endiablada de Jimi Hendrix a la cítara oriental de Ravi Shankar; del psicodelismo de Jefferson Airplane a la ópera rock de The Who. Woodstock fue como un escenario en el que resonaron los principales elementos de un momento único de la Historia.

Las pintadas de "Prohibido prohibir" de Mayo de 1968 tomaron forma en la derrumbe de las cercas instaladas en el lugar, lo que permitió que cerca de 500.000 personas asistiesen a un evento que vendió menos de 200 mil entradas. Los muchos colores, versos y sonidos de la contracultura alimentaron e impregnaron corazones, mentes y cuerpos de una juventud dispuesta a realizar una especie de ritual colectivo, en celebración de la creatividad y el deseo de renovación.

La explosión del movimiento feminista como el de gays, lesbianas, travestís y transgéneros (GLBT) (que habían protagonizado, tres semanas antes, la Rebelión de Stonewall) impulsaron las escenas de "amor libre" que encantaron (e, hipócritamente, escandalizaron) a los medios de la época. Los puños cerrados de las Panteras Negras y demás movimientos antirracistas se irguieron  tanto allí como en el Black Woodstock, realizado también en aquel periodo. El pacificismo militante contra la Guerra de Vietnam repercutió en el bajo número de incidentes, pese a las caóticas condiciones en que el festival se realizó.

 

 


Pasadas cuatro décadas, es difícil pensar en un nuevo Woodstock. Algo que está siendo ejemplificado, lamentablemente, por los fracasados intentos comerciales de reedición del festival. Esta imposibilidad es una señal de los tiempos neoliberales. Sin embargo, el hecho de que, hasta hoy, el festival continúe siendo recordado y cantado, y sea objeto de culto, también es una señal de que los sueños que alimentaron aquella generación todavía están vivos entre nosotros. En su momento, podremos tener una nueva "Era de Acuario".


Una era que no tiene nada que ver con la "conjunción de astros", como muchos todavía piensan, sino con la combinación de la disposición de lucha, el cuestionamiento del orden, la rebelión cultural y contra las reglas de comportamiento y la lucha por la libertad. Una era alimentada por el espíritu revolucionario, el único terreno fértil para hacer brotar nuevos Woodstocks.

 

Woodstock en contexto

 

El camino para Woodstock fue sedimentado por eventos y tribus que surgieron en la situación abierta después de la Segunda Guerra Mundial. La derrota del nazismo, el desplazamiento de millones de personas, el rechazo al orden que llevó el mundo al conflicto (sólo para citar algunos elementos) hicieron  que los años 1950, en términos socioculturales, fuesen marcados por el embate de proyectos.


De un lado, estaban los conservadores, intentando desesperadamente rescatar el orden perdido. Del otro, una infinidad de cuestionamientos tomaban forma en rebeliones y revoluciones que sacudían el mundo, o en el surgimiento creciente de nuevas formas de ver, interpretar y representar el mundo.


En el campo cultural, el rock n' roll, la poesía beatnik de gente como Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William Burroughs, y el movimiento hippie (el "flower power") fueron algunas de las formas tomadas por esta rebelión. Ya en el inicio de los años 1960, todas estas tribus y tendencias se cruzaban por las rutas de la contracultura.


Un ejemplo divertido aconteció al inicio de la década. El alucinado, prácticamente marginal y beatnik Neal Cassidy, en quien fue inspirado el personaje Dean Moriarty, protagonista de "On  the road" (Jack Kerouac), trabajaba como conductor de un autobús que hacía excursiones por el país, conduciendo bandas como Jefferson Airplane. Fue famoso por transportar cantidades industriales de ácido lisérgico (LSD), que eran gratuitamente distribuidas en las ciudades por las cuales pasaba la gira.


En el escenario político, además de los movimientos ya citados, la Revolución Cubana, la lucha por la independencia en África y, ya al final de la década de 1960, la intensificación de las movilizaciones contra la Guerra de Vietnam (y, particularmente en Estados Unidos, contra el gobierno de Richard Nixon) servían de combustible para una permanente y creciente insatisfacción.

Un sentimiento que, en el verano de 1969, había sido potenciado por una serie de eventos bastante recientes, como el asesinato de Martin Luther King, que todavía provocaba furiosas protestas por todo el país, el verdadero campo de batalla en que había se transformado la Convención Nacional de los Demócratas y la radicalización creciente de los movimientos sociales.

Inevitablemente, las dos puntas de estos procesos se influenciaban mutuamente. Así, formas de protestas utilizadas por los movimientos sociales ganaban nuevas formas en los escenarios de la cultura. Fue así que la práctica del "sit-in" ("sentar y ocupar"), un tipo de manifestación que consistía en invadir locales (de edificios públicos la bases militares) y permanecer sentado hasta ser retirado por la policía, se transformó en los "human be-in" ("ocupaciones humanas"): la invasión de locales públicos, preferentemente parques, que eran transformados en escenarios para la exhibición gratuita y espontánea de conciertos y todo tipo de actividad artística.


Uno de los locales más conocidos para esta práctica fue el Central Park de Nueva York, como lo mostró una de las piezas más famosas de la época (el musical "Hair"), transformado en una película genial por Milos Forman, en 1979. Del otro lado de EE UU, en San Francisco, la "Meca" del movimiento contracultural, gigantescos "human be-in" tomaban calles como High-Ashbury, el centro nervioso del movimiento hippie, y el parque del famoso puente Golden Gate, promoviendo agitados encuentros entre figuras como el poeta beatnik homosexual Allen Ginsberg (autor de poemas como "Aullido" y "Kaddish") y el militante anti-guerra Jerry Rubin, apoyados por bandas como Grateful Dead.


Entre el final de los años 1950 y los años 60, la simpatía y el activismo de varias bandas musicales engrosaron este caldo, a través de una infinidad de festivales, dentro y fuera de EE. UU., como el Monterey Pop Festival (San Francisco, 1967) y el Festival de la Isla de Wight, (Inglaterra, 1969).

 

Los músicos que se presentaron

 

A continuación, la lista de los músicos y grupos que se presentaron en el festival:


Arlo Guthrie; Bert Sommer; Blood, Sweat and Tears;  Canned Heat; Country Joe McDonald and The  Fish; Creedence Clearwater Revival; Crosby, Still and Nash (acompañados de Neil Young); Janis Joplin, Jimi Hendrix (y The Gypsy Sun and Rainbows); Joan Baez, Joe Cocker, John Sebastian, Johnny Winter. Melanie, Mountain, Quill, Ravi Shankar, Richie Havens, Santana, Sha Na Na, Sly and the Family Stone, Sweetwater, Ten Years After, The Band, The Grateful Dead, The Incredible String Band, The Jefferson Airplane, The Keef Hartley Band, The Paul Butterfield Blues Band, The Who y Tim Hardin.


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