| Los EUA entre el impasse político y la crisis económica |
| Escrito por Diego Cruz - PSTU | |||
| Viernes 29 de Julio de 2011 02:03 | |||
El impasse político en que se arrastra el EUA desde hace algunas semanas encendió la luz roja de la economía mundial al tiempo que muestra que la crisis desatada en el 2007 está muy lejos de terminar. En el centro del imperialismo, la crisis económica se desencadena en una grave lucha política.En resumen, el gobierno Obama necesita aumentar el techo del endeudamiento público, que allá es definido por ley, para continuar pagando las cuentas, principalmente los servicios de la deuda pública. A fin de autorizar a Obama a elevar el endeudamiento más allá de los ya inacreditables 14 billones de dólares, el Partido Republicano exige un rígido programa de recortes fiscales del Estado, alcanzando, sobre todo los gastos sociales. Los demócratas, por otro lado, a fin de resguardar parte de su electorado, quieren que una pequeña parte de ese ajuste, el 20%, provenga del aumento de impuestos.
Ambos, sin embargo, concuerdan en la meta de reducir en 4 billones de dólares el déficit público en los próximos 10 años. Sin embargo, el plazo para la elevación del techo de la deuda concluye el día 2 de agosto. El gobierno de Obama y gran parte de los medios de comunicación internacional anuncian el apocalipsis en caso de que no se llegue a un acuerdo para ese día. La megapotencia tendría que declarar moratoria en parte de sus deudas. Inversores de la deuda norteamericana irían quedarse a la luna de Valencia y los jubilados no recibirían sus pensiones. Intentan, así, responsabilizar a los fundamentalistas derechistas del Tea Party por el impasse, diferenciándolos de los demócratas, supuestos rehenes de ese juego. Pero ¿será así?
Dos vertientes de una misma política
Los republicanos aparecen como los grandes defensores de las cuentas públicas, mientras el Partido Demócrata intenta encarnar una política supuestamente progresiva, preocupado con los más pobres. Esta imagen, sin embargo, lejos de representar dos alternativas realmente distintas, sirve más como marketing político, creando una ilusión de alternativa de poder en el sistema bipartidario. Ejemplos: el gobierno Clinton fue marcado por el rigor fiscal, cerrando su mandato en el 2000 con un superávit de más de 5 billones de dólares. El inicio de la era Bush y su política de intervención y ocupación militar en el Afganistán e Irak hicieron explotar los gastos públicos y transformaron en pocos años el superávit en déficit. Situación agravada por el recorte de los impuestos a los más ricos.
A finales de su gobierno, con la popularidad desgastada y al frente de un país tomado por la crisis económica, anunció un megapaquete de estímulos al sistema financiero de 700 mil millones de dólares. Para poderlo aprobar en el Congreso, contó con la ayuda del ya presidente electo Barack Obama que, personalmente, clamó a los parlamentarios aprobar el paquete. O sea, el déficit público causado por las guerras y exenciones de Bush fue profundizado con los paquetes de ayuda a Wall Street y a las empresas. El déficit pasó del 2,7% del PIB en el 2007 a un 12,7% en el 2010. La deuda pasó del 62% a casi el 100% hoy. Eso significa que el valor total de la deuda norteamericana es el equivalente al valor de todo lo que el país produce en un año.
Más que rupturas, lo que se puede percibir en esos años es una línea de continuidad cuya esencia es el privilegio a los grandes bancos y empresas. Tal vez el mayor ejemplo de eso sea la “estatización” de la entonces debilitada General Motors, salvada de la bancarrota con recursos del tesoro norteamericano.
Pero si por un lado el conjunto de paquetes y estímulos ayudaron a impedir que la recesión evolucionara hacia una depresión como la de los años 1930, por otro la anémica recuperación ya viene dando señales de agotamiento. El crecimiento del primer trimestre de este año fue del 1,9%, mientras en el mismo periodo de 2010 fue del 2,8%. El desempleo, que había retrocedido, volvió a avanzar con la desaceleración. Y el horizonte no es nada alentador.
Crisis política
La falta de perspectiva de una solución para la crisis viene transformándose cada vez más en una crisis política en los Estados Unidos. Por un lado amplios sectores populares que se movieron durante la campaña de Obama a la presidencia se desilusionaron con su gobierno. La permanencia de las tropas en el Afganistán y el retraso en la retirada de Irak se juntan con la continuidad de la base de Guantánamo, los programas sociales limitados, como el sistema de Salud alardeado por el presidente y, principalmente, el alto desempleo y la economía tambaleante. Entre Wall Street, que financió su campaña, y los miles de voluntarios que se movieron para elegirlo, Obama se quedó con el primero.
A la vez se tiene el fortalecimiento del Tea Party, movimiento surgido en 2009 de la “América profunda” y que vocaliza el pensamiento más conservador, xenófobo y racista del país. El movimiento viene ganando fuerza, impulsa al Partido Republicano mientras lo empuja aún más a la derecha. Si no llega a representar de conjunto una política económica alternativa a la actual, ayuda a radicalizar la disputa política entre demócratas y republicanos y puede desatar graves crisis.
Fue a finales de 2010, que los republicanos tuvieron la mayoría en las elecciones legislativas y conquistaron el control de la Cámara de Representantes. En abril de este año el gobierno casi cerró en medio de un impasse entre demócratas y republicanos en la aprobación del Presupuesto para la administración federal. Y camina hacia la crisis más grave hasta ahora: la declaración de “default” por los EUA, lo que podía parecer impensable hace algún tiempo, comienza a ser considerado.
Lo que viene a continuación
Es evidente que una moratoria de los EUA no interesa a los demócratas ni a los republicanos. Como estamos cansados de ver por aquí, en el juego de la disputa política entre el gobierno y la oposición derechista, hay un límite que está por venir en la defensa de los intereses de la burguesía. En el caso de los EUA, se trata de los intereses del imperialismo hegemónico en el planeta.
Los dos lados concuerdan en recortar gastos, inclusive sociales. Obama colocó en la rueda incluso al Medicare (servicio público de salud para los ancianos), el Medicaid (servicio de salud de los más pobres) y la Sanidad Pública, medidas que aumentaron aún más su desgaste con los sectores que lo apoyaban, principalmente las centrales sindicales, como la AFL-CIO. El Partido Republicano, sin embargo, exige que ni un centavo de ese ajuste venga del aumento de impuestos y amenaza con detener el aumento del techo de la deuda.
Una solución, sin embargo, ya comienza a ser diseñada por el propio lado republicano. El senador Mitch McConnell propuso que el poder legislativo concediera a Obama una autorización para que él, unilateralmente, aumente el techo del endeudamiento público. Así, el país continuaría pagando sus cuentas y los republicanos colocarían en la cuenta de Obama la elevación de la deuda, arrastrando la crisis hasta las próximas elecciones, el significado real de ese impasse.
De fondo, los dos lados concuerdan que es necesario contener el monstruoso déficit. Después del gasto desenfrenado para salvar a empresas y banqueros, alguien debe pagar la cuenta. Y tanto demócratas como republicanos también concuerdan sobre quienes debe recaer ese peso: en la espalda de los trabajadores y de la mayoría de la población.
Fuente: www.pstu.org.br, 18/7/2011
Traducción: Jessica Barquero
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