| Construir un movimiento nacional contra la brutalidad policial |
| Escrito por La Voz de los Trabajadores | |||
| Jueves 13 de Octubre de 2011 02:59 | |||
De las protestas provocadas por los asesinatos de Charles Hill, Kelly Thomas y Kenneth Harding por policías de California hasta la cifra alarmante en Chicago: 43 personas disparadas y 16 asesinadas allí por la policía. De las condenas de varios policías de Nueva Orleáns por los asesinatos del puente Danzinger y el encubrimiento hasta los disturbios de London. Tristemente, a esta lista, ahora se puede añadir la ejecución trágica y horrible de Troy Davis, un negro, por el estado racista de Georgia por un crimen que todo el mundo sabe que no cometió. Hoy en día, parece que cada vez que encendemos la tele, recogemos un periódico o nos conectamos a Internet, nos enteramos de una nueva historia de brutalidad policial.
La frecuencia de tales historias es una historia en sí. En primer lugar, contradice la noción popular de que solo existen “unas pocas manzanas podridas”; que los policías malos son escasos y muy dispersos. Al contrario, la policía comete actos violentos y criminales todo el tiempo y tales actos frecuentemente llevan a muertes innecesarias. Más allá de las historias reportadas por los medios de comunicación, se puede observar estadísticas disponibles sobre la brutalidad policial tal como el informe reciente del Proyecto Nacional para Informar sobre Estadísticas de Mala Conducta Policial (NPMSRP por sus siglas en inglés) que indicó que, en 2010, en Estados Unidos, 247 personas murieron tras ser víctimas de “mala conducta por parte de policías.” Y tales casos de violencia policial ocurren por todo el país.
Esto se debe a que la brutalidad policial es intrínsecamente conectada a otros problemas sociales. A saber: la pobreza y el racismo. La gente en comunidades pobres de Estados Unidos encara vidas empobrecidas con escasas oportunidades económicas y educacionales disponibles. Debido a la índole racista del sistema capitalista norteamericano, las comunidades más pobres son, con mayor frecuencia, las que los negros y latinos llaman “casa”. Por lo tanto, es natural y se debe esperar que las tasas de crimen en tales comunidades sean muy elevadas. Careciendo de oportunidades, muchos pobres perciben que involucrarse en actividades criminales (i.e. robos, tráfico de drogas, etc.) es el único medio de sobrevivir. El sistema capitalista que rige el funcionamiento de nuestra sociedad es incapaz de darles empleo y oportunidades a todos para parar y prevenir eficazmente el crimen. En cambio, los medios de comunicación y la burguesía presentan a la gente pobre de color como “ladrones” y “criminales” inherentes. Y policías racistas, quienes casi nunca viven en los lugares que patrullan, son mandados a tales comunidades para tratar con la gente y hacen esto, con frecuencia, por medios de violencia y exterminación. Además, la policía se aprovecha de las preocupaciones del público con el crimen para atacar y acosar a individuos en comunidades negras y latinas sin importar si han cometido crímenes o no. Como la madre de Kenneth Harding le explicó al San Francisco Bayview: “Nos miran como si no fuéramos importantes y piensan, ‘¿A quién le importa si ellos mueren? Solo es una persona menos con quien tratar.’”
Kenneth Harding fue asesinado por la policía de San Francisco por ser tan pobre que no podía pagar el bus. En el Condado de Orange, Kelly Thomas, un sin techo y enfermo mental, fue asesinado a golpes por policías porque sospechaban que estaba robando cosas de carros. En Chicago, donde el 83% de las víctimas de los tiroteos policiales son con negros, el desempleo entre los negros llega a 21% y uno de cada tres negros en Chicago vive en la pobreza. Si estas víctimas no tuvieran que tratar con los problemas de la pobreza, la falta de vivienda o del desempleo, es probable que no hubieran sido involucradas en enfrentamientos violentos con la policía y que todos ellos estarían vivos y bien. Sin embargo, el gobierno norteamericano, tal y como se evidencia a través de los constantes recortes a la enseñanza y servicios y programas sociales, no tiene intenciones de mejorar las vidas de los pobres y los oprimidos. Esta tarea es una tarea del pueblo.
Debemos construir un movimiento nacional contra la brutalidad policial. Muy a menudo, las luchas que estallan en respuesta a la brutalidad policial se limitan geográficamente a una ciudad o región. Por ejemplo, en 1992, los disturbios en defensa de Rodney King se quedaron en California y, en 2009, las manifestaciones y disturbios después del asesinato de Oscar Grant por la policía de Oakland no se expandieron más allá. Como las historias incontables de violencia y asesinatos por parte de la policía a través del país indican, el problema de la brutalidad policial no es un asunto “local”. Por lo tanto, los que están luchando contra la violencia policial en sus comunidades deben unirse a los otros que están haciendo lo mismo en otras partes del país.
Esto es clave para aumentar nuestras fuerzas y multiplicar nuestro poder. Imagínense cuánto más fuerte nuestro movimiento habría sido si hubiera levantamientos en ciudades como Los Angeles, Chicago, Nueva Orleans, Detroit, etc. en vez de sólo en Oakland. Nuestro movimiento habría podido avanzar mucho más si se expandiera más allá de jóvenes contrariados (justificadamente) quebrando ventanas en Oakland y creciese a jóvenes paralizando escuelas y universidades a través del país y trabajadores haciendo lo mismo en sus fábricas y lugares de trabajo. La lucha actual que continúa contra la policía asesina de BART sería más fuerte si pudiéramos conseguir el apoyo activo de nuestros hermanos y hermanas luchando contra la brutalidad policial donde residen ellos.
Concretamente, esto significa contactarnos con activistas y organizaciones luchando contra la violencia policial en lugares como el Condado de Orange (Florida), Chicago, Nueva Orleans, etc., aprender sobre sus luchas e informarles sobre la nuestra. Para facilitar este proceso, La Voz promueve la idea de realizar una conferencia nacional contra la brutalidad policial. Con tal conferencia, podríamos establecer una red nacional en la que distribuiríamos información sobre incidentes de brutalidad policial, y coordinaríamos estrategias y acciones contra tales incidentes. Por ejemplo, nuestro movimiento en el área de la Bahía (California) tiene una plataforma para promover la vigilancia civil de la policía con teléfonos celulares y cámaras, una táctica que fue crucial para educar y mobilizar al público después del asesinato de Oscar Grant por la policía de BART y que hoy sigue siendo usada en otros casos. El derecho de filmar a la policía está siendo atacado en varios estados y debemos defender y ejercer este derecho a escala nacional.
Tal movimiento nacional contra la brutalidad policial también debe exigir remedios económicos para eliminar la raíz de la actividad criminal que la policía utiliza para justificar sus ataques racistas y cobardes a nuestras comunidades. La Voz está de acuerdo con Tracy Siska, el director ejecutivo del “Proyecto de Justicia de Chicago”, quien declaró a la revista Colorlines que, “el departamento policial no es la respuesta” y que, en cambio, debemos “buscar maneras de financiar verdaderos trabajos con que la gente se pueda sostener en comunidades donde este tipo de violencia es frecuente”. La Voz exige pleno empleo con salarios dignos y educación gratis y de calidad para todos, así como la dedicación de más fondos públicos para los servicios sociales de que los pobres dependen, como las estampillas alimenticias y el cuidado de niños. Esta es la verdadera solución al problema del crimen en nuestras comunidades y no los policías racistas que, ellos mismos, son criminales.
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