| La segunda muerte de Michael Jackson |
| Escrito por WILSON H. SILVA | |||
| Viernes 03 de Julio de 2009 00:00 | |||
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Es innegable que la muerte del "Rey del Pop", el jueves 25 de junio, conmovió a todo el mundo. El impacto del fallecimiento del cantante, a los 50 años, puede ser fácilmente verificado por la cobertura en los medios de comunicación, que están transformando su muerte en el ejemplo más acabado que fue su propia vida: un espectáculo mediático. Y, como todo espectáculo, particularmente si tiene a Jackson como protagonista, lo que estamos viendo en las retrospectivas, homenajes y reportajes es una mezcla de momentos geniales y las más diversas extravagancias. Precoz, inesperada, misteriosa... Éstas son algunas de las palabras utilizadas para referirse a la muerte del cantante. Para mucha gente que creció y se volvió joven, en diferentes generaciones y sectores sociales, entre los años 1960 y 1980, lo que aconteció en la tarde del 25 de junio, en Los Ángeles, fue la muerte de alguien que, desgraciadamente, hace mucho no tenía nada que ver con los memorables "Jackson Five" o con el revolucionario videoclip de "Thriller". Para muchos, lo que estamos viendo se parece más con el fin de una larga agonía velorio. Casi una segunda muerte.
Érase una vez, cinco niños pobres que... Parece apropiado empezar, así, en el estilo de los cuentos de hada, un relato sobre la vida de Michael Jackson, pues fue algo parecido a lo que el cantante pasó en parte de su vida: en un cuento, a veces iluminado, muchas veces sombrío; salpicado de momentos geniales y escenas patéticas. De entre los muchos traumas posiblemente dejados por el señor Joe Jackson, muchos destacan la eterna y autodestructiva guerra que Michael trabó contra su negritud y su apariencia. El padre acostumbraba llamarlo "mono feo" e ironizaba constantemente sobre su "enorme nariz". Y todo el mundo sabe todo lo absurdo (entre ello, 50 operaciones plásticas) hizo el cantante para "corregir" estos "defectos". El carácter del padre, en fin, puede ser ejemplificado por algunas de sus declaraciones más conocidas. Sobre las palizas, él decía: "Nunca le pegué mis hijos, pues una paliza se da con un palo. Yo sólo golpeaba con un cinturón". Ya para negar cualquier hipótesis de que Michael Jackson fuera gay, él recordaba que esto era imposible, porque "iría contra la religión, contra Dios". Pero en medio de la explosión de la musicalidad y el orgullo negros, a mediados de la década de los 60, ni siquiera la truculencia de Joe podría impedir el talento de los chicos, sobre todo de Michael. Con poco más de cinco años, él ya capitaneaba el grupo y encantaba al mundo con su afinadísima voz dando vida la canciones que hicieron bailar y soñar a millones, como "A.B.C.", "Amar te salva", "Estaré allí" y "Te quiere de vuelta". En 1968, ellos pasaron a la Motown, la mítica grabadora de música negra. Y la leyenda alrededor de Michael comenzó a tomar vida propia. Fue su rostro que estampó los cuatro discos que rodaron en tocadiscos de los cuatro rincones y de las estaciones de radio de todo el mundo: "Got be there" (1972), "Ben" (1972), "Music me" (1973) y "Forever, Michael" (1975). Genio del pop, rey de los medios Ya en estos primeros años, Michael imprimía una de sus marcas en la historia: su impacto sobre los medios, inclusive por la creación de nuevos formatos y estilos y en la revolución de los viejos. En la década de 1960, los cabellos "black power" [afro] de los hermanos Jackson ennegrecieron las telas de TV. En seguida, los cinco tomaron de asalto otro lenguaje característico de la "cultura pop", y se transformaron en "dibujos animados", en una serie inolvidable. Y como Michael siempre a un solo paso de distancia de la fantasía, en 1976, filmó "The Wiz", una impresionante versión pop de "El mágico de Oz", con su musa [la cantante] Dianas Ross a la frente del elenco. Esta presencia en todos los medios, aliada a un talento todavía vibrante, hizo que su primer disco solista, "Off the wall", vendiese unas impresionantes 25 millones de copias. Sin embargo, fue al inicio de los años 1980, cuando Michael Jackson realmente mostró "a qué había venido". En diciembre de 1982, fue el lanzamiento de "Thriller", considerado, hasta hoy, el disco más vendido de todos los tiempos, con cerca de 100 millones de copias. Facturación aparte, este álbum conmovió profundamente a la "cultura pop" y a la propia industria de la canción. Para empezar, fue a partir del fabuloso videoclip del disco, que MTV, que en aquella época todavía soñaba en consolidar su audiencia entre el público joven, blanco y de clase media, fue, literalmente, obligada a abrir sus escenarios para la canción. El enorme éxito del disco no fue, sin embargo, un producto de los medios. Fue el enorme impacto en la juventud de todo el mundo lo que hizo que el disco alcanzase números nunca antes vistos, quedase por más de seis meses en primer lugar en los ranking y ubicase nada menos que siete canciones, sobre nueve del disco, entre las diez canciones más escuchadas.
Michael Jackson fue exactamente esto. Su canción mezclaba a James Brown con el "rock progresivo"; hacía un Marvin Gaye todavía más romántico; promovía el encuentro de Stevie Wonder con el rock, daba más ritmo al soul de Elvis Presley y lanzaba a Bill Haley en una pista de Disco. Todo esto zambullido en mucho "rhythm 'n' blues". Y como Michael, en esta época, todavía era un artista completo, ultrasintonizado con lo que pasaba en las calles, "Thriller" también hizo que él dejase, para siempre, su marca en la historia de la danza. Fue en mayo de 1983, en los 25 años de la Motown, que el mundo vio por primera vez al delgado cantautor, de traje centelleante y sombrero negro, flotar por el escenario con su paso de "moonwalk", la caminata lunar. Dándole a la danza su forma "pop", Jackson hizo que los pasos de Fred Astaire se fundiesen con los de danzarines de "break dance", que se multiplicaban por los barrios negros. Es bueno recordar que, por detrás de gran parte de esto, está la mente igualmente genial del productor Quincy Jones, músico de jazz que fue el principal compañero creativo del cantante, en este periodo. Además, su alejamiento, justo después del lanzamiento de "Bad" (1986) fue uno de los primeros indicios de la caída en la calidad artística de Michael. Algo que, sin embargo, todavía no le impedía de engordar su fortuna. Un hito histórico fue alcanzado en 1984, cuando firmó un contrato de 5.000.000 millones de dólares con Pepsi Cola (el más caro en la historia de la publicidad) para un mega-anuncio de TV. Dígase de paso, fue exactamente en esa filmación que el cantante se quemó seriamente, potenciando hasta los límites de la locura su obsesión con relación a su apariencia, y también "justificando", desde entonces, el consumo de fortísimos analgésicos (por ahora, la causa, más probable de su muerte). Fue también a finales de la década de 1980, que las excentricidades de Michael habían empezado a sobreponerse a su talento. Una de las primeras fue de carácter "filantrópico" y dio origen a una de las cosas más insoportablemente "pegajosas" de esa década: el clip "We are the world", una mega-producción, llena de "astros" de todos los hemisferios de la canción pop, capitaneado por Michael, en una hipócrita campaña contra el hambre en África. También fue en este periodo, que comenzaron a surgir todo tipo de justificativa (como una misteriosa y rara variación de vitíligo) para que Michael empezase, literalmente, la "emblanquecer".
A inicios de los años 1990, la visible decadencia del cantante empezaba a llamar la atención. Y cabe recordar que Jackson, de ninguna manera estaba solo en esta "historia". Al final de cuentas, aquellos fueron los mismos años en que soplaron fuerte los vientos del neoliberalismo, llenando la cabeza de los "yuppies" con promesas de éxito, fama y dinero, y provocando una gran "masacre ideológica" en todo el mundo. El hecho es que las "extravagancias" de Michael habían empezado a volverse su principal "espectáculo". Era todo lo que él tenía para decirle a su público. Con una apariencia cada vez más andrógina y artificial (¡asustadoramente semejante a Dianas Ross!), hacía de cada aparición pública un evento. Su principal escenario para estas apariciones pasó a ser el bizarrísimo rancho "Neverland" (¡literalmente, "Terra del Nunca-Jamás", como la del propio Peter Pan!). Para tener una idea sobre en qué tipo de mundo vivía Michael, cabe dar algunos detalles. Su habitación era forrada con imágenes de Shirley Temple, la actriz-niña que cautivó al mundo en los años 30. Por la mansión se esparcían estatuas, en tamaño natural, de Marilyn Monroe, de Superman, del Hombre Araña, luego de un Darth Vader [el de la Guerra de las Galaxias] hecho con bloques Lego y posicionado al lado de varios muñecos del ET. Fueron por estas y muchas otras razones que los ferocess tabloides de Londres no tardaron en dar un nombre nada lisonjeador al "nuevo personaje": "Wacko Jacko", algo como "el Loco Jack". Un sujeto cuyas extravagancias (como sólo aparecer en público con máscaras y barbijos, por el miedo a los gérmenes) parecían estar sofocando la creatividad y el carisma. ...que se volvió blanco y quedó triste!!! Actualmente, no es común citar al cantor y ex ministro brasileño Gilberto Gil. Pero, en un artículo que tiene como tema la "segunda muerte" de alguien, hasta parece apropiado. De cualquier forma, debemos al "viejo" Gil uno de los versos que sintetiza lo que aconteció con Michael en los últimos veinte años: cuanto más blanco él quedaba, más triste y patética era su figura. Tuvo de todo: el casamiento apresurado y meteórico boda con la hija de su ídolo Elvis Presley. Hijos programados con cuidado e hijos sacudidos en la terraza de un hotel. Y cajas y más cajas de antidepresivos y tranquilizantes. Mientras tanto, los vendajes caían. "Invicible", lanzado en 2001 ( el disco más caro producido hasta entonces, con un costo de 30 millones de dólares), vendió poco más de 10 millones de copias; "Number Ones", 6 millones; "The essential", 2,5 millones y "King of] Pop" no llegó a los 2 millones. En proporción inversa, crecían las deudas, las quiebras de contrato y las súbitas desapariciones. Los 50 conciertos programados para Londres serían una especie de intento, un tanto desesperado, de "retorno", tras 12 años de ausencia de los escenarios. La expectativa era grande. Pero había poca esperanza de ver resurgir al viejo Michael Jackson que se encontraba enterrado en algún rincón de la extraña figura en que él mismo se transformó. Lamentablemente, será esa figura la que está siendo velada en estos días, en el lugar que, probablemente, sea el "espejo" más patético de la larga agonía vivida por Michael: el rancho "Neverland". Para aquellos que sencillamente crecieron desde los años 60 para aquí, el personaje que siempre continuará vivo, en memorias que vendrán a la superficie por una cantidad razonable de buenísimas canciones y momentos inolvidables, será aquel del joven negro Michael Jackson, que tenía un swing y una voz que, literalmente, hicieron Historia.
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