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Nace el MSTC
Escrito por MSTC   
Domingo 24 de Septiembre de 2006 00:00

Una nueva herramienta de lucha de la clase trabajadora

 

El 21 de abril de 2006, un grupo de trabajadores del campo y la ciudad, así como estudiantes, luego de muchas discusiones sobre la situación actual de nuestro país y el mundo y de cómo las diferentes agrupaciones de izquierda y en especial la izquierda electoral, encaran la lucha contra los constantes golpes que el sistema capitalista asesta al nivel de vida del pueblo, decidimos darle vida al Movimiento Socialista de Trabajadores y Campesinos (MSTC), como una herramienta que contribuya al fortalecimiento de la organización de la clase trabajadora para que pueda luchar por la construcción de una sociedad que no esté diseñada, como lo está en la actualidad, sobre la explotación y la miseria de las grandes mayorías por un puñado de personas y de países.

 

¿Otro mundo es posible.?

 

Ante el deterioro del nivel de vida y el retroceso en las conquistas históricas de los trabajadores, ante el hambre y la desesperación de millones de seres humanos, ante un escenario mundial de guerras cada vez


 

más costosas y más injustificadamente criminales, ante un sistema capitalista que muestra un rostro angelical y democrático mientras convierte nuestro mundo en un infierno donde todo está al servicio de los beneficios de las grandes empresas multinacionales, muchas voces se levantan pregonando que "otro mundo es posible".

 

Nosotros estamos de acuerdo en que es posible y, además, necesario; sin embargo no parece que ese otro mundo pueda construirse sin una profunda transformación en los discursos, las acciones y las propuestas de lo que se llama genéricamente "la izquierda". Con la caída del muro de Berlín, por el colapso del bloque soviético, pareciera que a la izquierda mundial la golpearon en la cabeza los ladrillos, la polvareda la cegó y la asfixió, permitiendo que el capitalismo, triunfalista y seguro de haber anulado para siempre a su enemigo, se declarara el más alto grado de civilización al que la humanidad puede aspirar.

 

Los ideólogos capitalistas declararon que la historia había llegado a su fin: el socialismo demostró ser imposible, el marxismo sólo había sido un delirio pasajero y la humanidad debía entonces sentarse a disfrutar de las delicias que el capitalismo ofrecía, delicias al alcance de cualquiera gracias a la magia del dios omnipotente que todo lo resuelve: el mercado. Abrumada por la contundencia del golpe, la mayor parte de la izquierda mundial trató de asimilar la nueva realidad: si había que mejorar algo en este mundo habría que buscar hacerlo dentro de los límites del capitalismo. Muchos se pasaron descaradamente a las filas que antes combatían; otros, aunque aún se reivindicaban de izquierda, aceptaron luchar en la cancha, con las reglas y condiciones que la burguesía imponía, pasando en muchos casos a compartir parte del "poder" en diferentes niveles gubernamentales, o en sindicatos y asociaciones campesinas, saboreando las mieles que sus cargos les ofrecen, lo que les llevó a reducir su lucha a aquellas acciones que no pusieran en riesgo su aceptación electoral y sus privilegios burocráticos.

 

Otra parte de la izquierda, aunque son conscientes del sufrimiento de las grandes mayorías populares, del papel opresor de quienes detentan el poder y de la actitud traidora de la izquierda electoral, no encuentran una salida viable a la situación. Los traumas sufridos con la caída del muro aún los mantienen aturdidos, medio ciegos y un tanto asfixiados. Están dispuestos a seguir luchando por un mundo mejor, pero sin claridad de cómo debería ser ese mundo o cómo alcanzarlo. Ahora, la palabra socialismo es una "mala palabra", decir a alguien que es comunista es un insulto y estudiar las grandes teorías que animaron y condujeron la lucha de la clase trabajadora es la más soberana locura que a alguien se le pueda ocurrir.

 

Mientras tanto, el nivel de vida de la clase trabajadora cae brutalmente, el éxodo desde los países llamados tercermundistas hacia las metrópolis capitalistas se incrementa; las empresas transnacionales saquean nuestros recursos naturales, mientras los gobiernos de nuestros países son títeres políticos y militares de los grandes centros imperiales (EE UU, la Unión Europea y Japón).

 

En ese contexto tan sombrío, nosotros sostenemos que, aunque por todos los medios se nos intenta hacer creer lo contrario, el capitalismo no es la cumbre de la civilización humana, que, como lo está demostrando la resistencia iraquí, como lo han demostrado las masas en Bolivia, Ecuador y Argentina, como lo demostró la derrota del golpe de estado en Venezuela, como nos lo señalan la derrota popular francesa al proyecto de la Constitución Europea y las crecientes movilizaciones en Francia, en los EE UU y en Chile, el imperialismo no es invencible.

 

Por último, ante el brutal deterioro del nivel de vida de la clase trabajadora, sostenemos que es necesaria la construcción de una sociedad sin clases, sin opresores ni oprimidos, una sociedad donde no se lucren unos pocos con el sudor y la sangre de las grandes mayorías, una sociedad donde el objetivo principal no sea la acumulación de capital, sino el bienestar de todas las personas.

Nuestros principios:

 

1. Reivindicamos completamente el socialismo. Creemos en la necesidad de luchar por la construcción de una sociedad sin clases; objetivo que no puede alcanzarse en el marco del capitalismo. La única vía para acabar con la dependencia y el atraso, de nuestros países, para acabar con el hambre, la violencia, la falta de vivienda, el desempleo y la explotación en América Latina, es la lucha por la construcción de una Federación Socialista de América Latina. Para muchos, esto puede parecer una utopía pero lo utópico es creer que se puede mejorar, "humanizar" el sistema actual, el capitalismo. ¿Qué país capitalista fue capaz de acabar con el desempleo o el hambre? ¡Ninguno! Porque el desempleo y la miseria son inherentes al capitalismo. Mientras el imperialismo siga dominando, Latinoamérica será el patio trasero de Estados Unidos. La depredación de los recursos naturales y las guerras que cada vez más comprometen el futuro de la humanidad en nuestro planeta son parte de la esencia del capitalismo, por eso debemos  


 

acabar con él, antes que él acabe con nosotros. Al contrario de lo que la burguesía sostiene sobre el socialismo, un mundo verdaderamente socialista debe ser radicalmente más democrática, más libre y con mayor bienestar para el pueblo, de otra manera no sería socialista, ni valdría la pena luchar por ella.

 

2. No creemos en la salida electoral. La democracia está siempre ligada a una clase social, y, en la actualidad, vivimos en una democracia burguesa, por ser la burguesía la que determina las reglas del juego, la cancha, la pelota y los árbitros. Quien gana una elección para convertirse en funcionario público, rápidamente pasa a actuar en función de mantener los privilegios que el sistema democrático burgués le brinda. Aunque sea una persona que proviene de la clase trabajadora y que alcanza su puesto representando los intereses de esta, al comenzar a disfrutar de un sueldo sustancialmente superior al promedio, uso de vehículos oficiales, viajes, etc., pasa a ser más importante no perder esos privilegios, que los intereses de quienes lo catapultaron al poder. Esa es una manera efectiva de comprar las conciencias de los luchadores sociales. Por otro lado, las promesas de bienestar y progreso hechas a la población, son olvidadas inmediatamente, mientras no existen mecanismos por los cuales la población pueda decidir las políticas más convenientes para ella, ni exigir el cumplimiento de las promesas hechas. Luego, a través de millonarios gastos en propaganda y relaciones públicas, los gobernantes pueden convencer a la población de que están haciendo lo mejor para el país, mientras sirven únicamente a los intereses de la gran burguesía nacional e internacional, siguiendo las directrices de Washington y las Instituciones Financieras Internacionales. Como dice el sociólogo estadounidense James Petras: "Las campañas electorales no son medidas democráticas, son engaños conscientes y sistemáticos".

 

3. No creemos en la guerra ni en el "terrorismo" como formas de lucha. Pensamos que el terrorismo individual, en lugar de favorecer los intereses de la clase trabajadora, hace retroceder enormemente la lucha y obstaculiza los procesos de organización de las masas.

 

4. Exigimos a nuestros miembros, un total respeto a las mujeres, a su familia, amigos y compañeros del movimiento. Una persona que ejerce violencia contra su familia, eventualmente puede hacerlo contra sus compañeros de lucha.

 

5. Combatimos fuertemente cualquier tipo de vicio. Además de que en los vicios, se gasta tiempo y dinero que podría ser utilizado para la lucha social, la personalidad y la salud de nuestros militantes puede verse seriamente comprometida, al punto de verse imposibilitados de cumplir con sus tareas.

 

6. Exigimos honestidad y transparencia total en el uso de los recursos del movimiento. Para evitar la manipulación por parte de personas u organizaciones externas, dependemos únicamente de nuestros propios aportes y esperamos que las personas encargadas de administrarlos lo hagan con total honestidad. Siendo la corrupción uno de las peores lacras del capitalismo, no podemos permitirla al interior de nuestro movimiento.

 

7. Estamos incondicionalmente del lado de los explotados. Tenemos una visión eminentemente clasista y apoyamos la lucha de los trabajadores en contra de toda forma de explotación.

 

8. Las decisiones las tomamos siempre en grupo. Creemos profundamente en la democracia obrera y campesina, y estamos seguros que la capacidad de análisis y de decisión del grupo es inmensamente superior a la de una sola persona, por brillante que ésta sea.

 

¡OTRO MUNDO SOCIALISTA ES POSIBLE!

 

 

El 5 de julio y la lucha popular

(Editorial de Lucha Socialista No 1)

 

A raíz de los hechos ocurridos el 5 de julio en los alrededores de la Universidad de El Salvador, con el resultado de varios manifestantes capturados, 2 policías muertos, un funcionario universitario y varios policías heridos, el allanamiento de una sede sindical y la captura arbitraria de uno de sus miembros, las autoridades gubernamentales y la gran empresa han lanzado una agresiva campaña para estigmatizar cualquier acción de protesta popular y para impulsar la aprobación de una ley "antiterrorista" que han venido preparando desde hace varios meses y cuyo contenido, indicador típico del carácter represivo del estado, ha sido duramente cuestionado por varios sectores de la sociedad.

 

La autoría intelectual de los eventos, sobre todo de la muerte de los policías, no queda completamente clara, oscilando las hipótesis entre las de un sector de la izquierda, que la atribuye a un plan orquestado por el gobierno para justificar sus políticas de represión, y las de quienes sostienen que los autores son grupos de la izquierda, quedando fuera de sospecha, al menos en los discursos oficiales, el FMLN, el cual ha sido felicitado por el presidente Saca, por su actitud de cooperación en este caso, neutralizando una investigación de los hechos impulsada desde la Asamblea Legislativa.

 

En el MSTC, nosotros creemos que si bien no sería de extrañar que éste fuera un auto atentado, preparado por el gobierno para detener el ascenso de la movilización social debido a los brutales golpes al nivel de vida de los sectores populares (alza en el costo de pasajes, energía eléctrica, canasta básica alimentaria, etc.) y al descenso de popularidad de Antonio Saca, es un hecho que varios sectores en la izquierda ven con simpatía la realización de atentados individuales. A pesar de que todas las instituciones burguesas se volcaron inmediatamente a la implantación de un discurso sobre el pacifismo del pueblo salvadoreño y de que la actitud guerrerista es una desviación aislada de personas "antisociales", personalmente pudimos comprobar un día después de los hechos, que una buena parte de los sectores populares vieron con júbilo lo que parecía ser el surgimiento de una resistencia armada, que podía enfrentar con éxito la represión policial. Las personas que celebraban, no eran, delincuentes como quiso hacer creer la derecha. Eran vendedores ambulantes, motoristas de buses, amas de casa, estudiantes, que impedidos de hacerse escuchar, sin autoridades que atiendan sus necesidades, defraudados por el corrupto sistema político burgués, veían en Mario Belloso el héroe que defendía sus intereses.

 

Como MSTC estamos incondicionalmente del lado de la clase trabajadora, siempre del lado de los oprimidos, y tenemos la obligación de acompañarla en sus luchas; sin embargo, nos parece oportuno que los diferentes sectores de la izquierda en el país hagamos una seria reflexión sobre los métodos de lucha y el avance o retroceso que cada uno de ellos supone en el nivel de conciencia, de organización y en la acumulación de fuerza de los sectores populares.

 

Debemos buscar siempre los métodos que faciliten al pueblo la movilización, como herramienta eficaz para hacer oír su voz y para que sean atendidas sus necesidades, buscando al mismo tiempo sumar a todos los sectores populares desde el proceso de planificación y trabajando en un proceso de formación de conciencia que fortalezca el nivel de organización. ¡Con las masas todo, sin las masas nada!

 

Como contribución a esa reflexión, presentamos en esta primera edición, parte de un texto escrito a principios del siglo XX titulado: "Por qué los marxistas nos oponemos al terrorismo individual" que calza perfectamente con nuestro punto de vista y con los efectos de los hechos del 5 de julio.

 


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