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Los acuerdos de Viernes Santo de Irlanda del Norte
Escrito por PRT-IR - España   
Miércoles 31 de Marzo de 2010 17:35

El 10 de abril de 1998, el gobierno presidido por Tony Blair, el gobierno irlandés y la mayoría de los partidos políticos norirlandeses firmaron los llamados Acuerdos de Viernes Santo. Las negociaciones habían durado 21 meses, presididas por el ex senador yanqui Mitchell, con la participación ocasional de Bill Clinton.

La decisión de los partidos unionistas más extremistas de salirse de la negociación y denunciar el Acuerdo como “una traición a la causa unionista”, dio a éste una aureola progresista, a lo que contribuyó Gerry Adams, el histórico dirigente del Sinn Fein, que lo definió como “instrumento de la transición hacia la consecución última del objetivo de unificación de la isla”.

El Acuerdo fue en general percibido como una victoria limitada de los republicanos: Gran Bretaña reconocía “el derecho a la autodeterminación” de Irlanda del Norte y liberaba a los presos republicanos, a cambio del abandono de la lucha armada del IRA. Esta interpretación optimista es la del nacionalismo vasco, en particular, la de Batasuna.y también la de ETA. Cuando Zapatero fue elegido Presidente, Otegi le invitó a convertirse en el “Tony Blair español”. Sin embargo, la realidad de los Acuerdos de Viernes Santo es bastante más compleja.
 
Contenido de los acuerdos
 
El primer epígrafe establecía “el compromiso absoluto” de todos los firmantes con las vías “exclusivamente democráticas y pacíficas”, es decir, el abandono de la lucha armada. Como contrapartida, los Acuerdos incluían la “excarcelación anticipada” de los presos republicanos. Éste fue el punto más popular. En dos años, el plazo marcado para entregar o desactivar las armas, prácticamente todos los presos estaban en libertad.
 
El Acuerdo reconocía el “derecho a la autodeterminación” de Irlanda del Norte en los términos acordados por los gobiernos británico e irlandés en 1993: Irlanda del Norte seguiría siendo “parte del Reino Unido” y no habría cambio de status sin el “consentimiento” de la población de la provincia. La República de Irlanda tuvo que eliminar dos artículos fundamentales de su Constitución: el que reivindicaba la soberanía sobre Irlanda del Norte y el que reconocía a su gente la nacionalidad irlandesa.
 
El Acuerdo establecía una Asamblea legislativa autónoma, que elegiría un gobierno proporcional a los bloques unionista/protestante y republicano/católico, lo que abría la puerta a ministros del Sinn Fein. Para que las decisiones de la Asamblea fueran válidas, antes tenía que aprobarlas cada bloque. El futuro de la policía norirlandesa, el RUC, un declarado instrumento represivo de los unionistas, quedaba al amparo de los trabajos de una comisión. El Acuerdo fue ratificado masivamente por referendos simultáneos en el Norte y el Sur de Irlanda el 22 de mayo del mismo año.
 
Diferentes valoraciones
 
Cuando Tony Blair llegó al gobierno en 1997, declaró que actuaría como un “persuasor” para buscar el consenso. Sin embargo, nunca ocultó su objetivo: “Mi agenda no es una Irlanda unida (...) Ninguno de nosotros, ni siquiera los más jóvenes, es probable que vea Irlanda del Norte como otra cosa que no sea parte del Reino Unido. Ésa es la realidad”.
 
The Guardian (periódico británico vinculado al laborismo) escribía el 22 de mayo de 1998: “El objetivo político del IRA era asegurar una declaración británica de retirada. Fracasó. El objetivo del Estado británico era forzar al IRA a aceptar que no abandonaría Irlanda hasta que una mayoría en el Norte ofreciera su consentimiento para semejante acción. Triunfó”.
 
John Hume, el dirigente histórico del nacionalismo moderado del SDLP, (Nóbel de la Paz en 1998, junto al unionista Trimble) reconoció públicamente que el Acuerdo “es de hecho la sustitución de un proyecto soberanista por uno autonomista”. Un destacado dirigente del Sinn Fein, Francie Molloy, lo resumió con la mayor crudeza: “Los republicanos estamos dispuestos a administrar el dominio británico en Irlanda en el futuro. Se ha aceptado el mismo principio de la partición de Irlanda”
 
Algunos elementos de balance
 
Los Acuerdos permitieron la salida de los presos, la retirada de una parte del Ejército británico y el cese o disminución de la represión en los barrios “católicos”. También han permitido la integración “normalizada” del Sinn Fein, que ha conseguido la alcaldía de Belfast y se ha convertido en la principal fuerza electoral de la comunidad “católica”. En contrapartida, los Acuerdos han legitimado la partición de Irlanda y la ocupación británica. El “derecho a la autodeterminación” del Acuerdo es, en realidad, el reconocimiento del derecho de veto unionista. El sujeto de autodeterminación ya no es el pueblo irlandés, al que el imperio británico amputó esta parte de su territorio, sino la población que es base de la colonización.
 
Los Acuerdos han legitimado y profundizado la división sectaria entre comunidades, muy en particular entre los trabajadores “católicos” y “protestantes”, cuando la colaboración de estos últimos es necesaria para la unificación irlandesa.
 
Al cabo de seis años, la policía del Ulster —el RUC— sigue siendo considerada como una fuerza sectaria unionista. Y aunque sectores de las clases medias han prosperado con el proceso de paz, la situación de discriminación y explotación de amplios sectores populares se ha perpetuado.
 
¿Triunfo del pueblo irlandés?
 
Los Acuerdos podían haber sido “simplemente” el repliegue ordenado del IRA, una vez constatado que la táctica del terrorismo individual les llevaba a un callejón sin salida. El IRA y el Sinn Fein tenían, pues, todo el derecho a pactar el abandono de las armas a cambio la liberación de sus presos, el cese de la represión y la igualdad de condiciones políticas para el Sinn Fein.
 
Ello, además, no tenía por qué llevar a la renuncia de los objetivos políticos y sociales. El problema se presenta, sin embargo, cuando no sólo se pactaron los temas vinculados al desarme, sino todo un acuerdo político que reconoce el dominio británico sobre Irlanda del Norte; consagra la división sectaria entre comunidades; atrasa por mucho tiempo el objetivo de la unificación irlandesa y compromete al Sinn Fein en la gestión institucional del acuerdo.
 
Liberación nacional y social
 
Quizás así se entiendan las desgarradoras palabras de la veterana dirigente republicana Bernadette McAliskey más conocida como Bernadette Devlin): “(...) tenía la terrible sensación, pero creo que también se ha confirmado, de que aunque habíamos luchado largo y duro política y militarmente, y hombres y mujeres habían entregado su vidas por la libertad, la justicia, la independencia, la dirección política estaba dispuesta a ver ese grado de sacrificio simplemente por obtener un mejor asiento en la mesa de negociaciones. No mueres para moverte un poco, ése no es un sacrificio proporcionado.” “Si crees que en el previsible futuro todo lo que puedes hacer es aceptar la partición de Irlanda y maximizar la posición nacionalista dentro del Estado particionista (...) la manera eficaz de hacer eso es uniendo fuerzas con el SDLP que durante años ha tenido esa política principal...”
 
En una entrevista a una revista vasca, Jerry Ruddy, dirigente del IRSP, declaraba: “Tened cuidado de no repetir nuestros errores. Ni el militarismo ni la colaboración de clases funcionan (…) la liberación nacional es imposible sin la liberación social, la cuestión nacional y de clase están indeleblemente unidas”.
 
Fuente: www.marxismo.info
 
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