| Comuna de París: los 40 días que sacudieron al poder burgués |
| Escrito por Diogo Lourenço | |||
| Martes 31 de Mayo de 2011 01:45 | |||
Se cumplen, el día 26 de marzo de este año, 140 años de la implementación del primero gobierno obrero de la historia. Duró cerca de 40 días, hasta el 28 de mayo de 1871, y tuvo lugar en la capital francesa, siendo mundialmente conocido como la Comuna de París. La Comuna de París surge en una época de gran agitación social en Francia. Después de la gran convulsión de la Revolución Francesa, hubo una revuelta en febrero de 1848 que destituyó al rey Luis Felipe d’Orleáns, dando lugar a la Segunda República Francesa, seguido de un nuevo golpe de estado de parte de Luis Bonaparte (sobrino de Napoleón Bonaparte) que se autoproclamó Napoleón III e instituyó el Segundo Imperio Francés.
Durante este gobierno hubo fricciones constantes con Prusia, relacionados con la sucesión española, y que acabaron con la declaración de guerra por parte de Francia a Prusia, debido a un telegrama falsificado y adrede acortado por Otto von Bismarck, de tal forma que era una gran afrenta para Francia. Sin embargo, Francia fue fácilmente derrotada y el emperador fue hecho prisionero, lo que obligó a la formación de un Gobierno Provisional de Defensa Nacional, presidido por Louis Adolphe Thiers.
Los acontecimientos
En París, el gran descontento de la clase trabajadora debido a la gran brecha entre ricos y pobres fue agudizado por el fracaso militar francés y, posteriormente, por el bombardeo por parte de Prusia a la ciudad. Con la capitulación del Gobierno Provisional de Defensa Nacional, la Guardia Nacional se preparó para defender París ante la entrada del ejército prusiano. La Guardia Nacional era una milicia parisina de centenas de miles de combatientes, en la que, ellos mismos, elegían a sus oficiales, lo que permitía que, en los barrios obreros, ellos fuesen dirigentes radicales y socialistas. Con la ayuda de la población obrera de París, movieron una gran cantidad de cañones a sitios estratégicos y a barrios considerados “seguros”.
Thiers, el 18 de marzo de 1871, con miedo a que la población se armase con la ayuda de la Guardia Nacional, ordenó que tropas regulares, en una operación sigilosa, confiscasen las armas a la Guardia Nacional. Pero la operación falló porque parte de esas tropas se juntó a la Guardia Nacional, lo que llevó a la fuga de Thiers, de todas las tropas y de la policía que le obedecían y de los administradores de la ciudad. París estaba, así, en las manos de la Guardia Nacional, que organizó elecciones para el 26 de marzo de 1871 y dio inicio oficial a la Comuna de París, la primera República Proletaria de la historia, que adoptó una política de carácter socialista, basada en los principios de la Primera Internacional, de Karl Marx y Friedrich Engels.
Realizaciones
Como resultado de las elecciones, hechas de acuerdo con el principio de la democracia directa en todos los niveles, se eligió un consejo de 92 personas, constituido por trabajadores y profesionales diversos, como médicos, periodistas, escritores y artistas. Muchos de ellos eran activistas políticos, desde republicanos reformistas, a jacobinos, blanquistas (partidarios del socialista utópico Louis Blanc), proudhonistas (partidarios del anarquista Proudhon) y gente sin afiliación política. Estos eram delegados y podían ser inmediatamente revocados de sus funciones si sus electores directos así lo quisiesen.
La Comuna comenzó, entonces, una serie de reformas que traspasaron, en semanas, todas las reformas que todos los gobiernos anteriores habían introducidos en más de dos siglos y que, aún hoy, pueden avergonzar a muchos regímenes. Fueron adoptados el calendario revolucionario y la bandera roja socialista, y decretada la separación entre la iglesia y el estado, retirando la enseñanza religiosa de la escuela (que pasó a ser de sexo mixto) y decretando a todas las iglesias propiedad pública que podrían mantener sus actividades religiosas se mantenían las puertas abiertas para actividades y discusiones políticas durante la noche.
Se abolió el trabajo nocturno, planificando la rotación de los trabajadores y permitiendo a éstos que ejercieran la responsabilidad de los negocios en que los patrones hubiesen desertado. Las residencias abandonadas fueron ocupadas, los sindicatos fueron legalizados, la jornada de trabajo reducida (se llegó a proponer de 8 horas) y todos los descuentos de sueldos prohibidos.
Se proclamó la igualdad entre sexos y el hecho de ser extranjero se hizo irrelevante. Los artistas pasaron a autogerenciar las editoras y los teatros, y se proyectó la autogestión de las fábricas por los trabajadores, lo que no llegó a suceder porque no hubo tiempo. En el campo de la justicia, el cargo de juez se convirtió en electivo, y el casamiento, las adopciones, testamentos y contratación de abogados se convirtieron en actos gratuitos. Las herramientas empeñadas a los trabajadores fueron devueltas, y el servicio militar obligatorio, así como el ejército regular, fueron abolidos.
Resáltese las iniciativas feministas que, durante el proceso de la Comuna, creyendo que sólo luchando contra el capitalismo podrían acabar con el patriarcado, lucharon y organizaron conferencias y eventos públicos en que defendían la igualdad de género, salarios iguales, derecho al divorcio, educación secular y profesionalización para las mujeres y la abolición de la prostitución. Hubo, incluso, un batallón de mujeres en la Guardia Nacional que participó en las batallas posteriores contra la represión.
Destacase, también, la iniciativa de todos los trabajadores que, sin ningún tipo de formación, sustituyeran a los administradores de Thiers en sus barrios y organizaron asambleas, construyeron comedores públicos, orfanatos, escuelas, asilos para inválidos y puestos de primeros auxilios.
La Semana Sangrienta
A pesar de los llamados de la Comuna de refuerzos, las tropas de Thiers no dejaron que esa información pasase y, luego de firmar la paz con Prusia y de combinar la liberación de prisioneros de guerra franceses de forma de ganar tiempo y permitir a los soldados aplastar a la Comuna, París fue atacada. Defendida por cerca de 15.000 milicianos, enfrentó a un ejército de 100.000 soldados comandados por Gastón de Galliffet, general francés que pasó a ser conocido por el nombre de “Verdugo de la Comuna”.
Los primeros barrios a ser ocupados por el ejército fueron los barrios más ricos, donde su llegada fue saludada, y los últimos barrios en ser tomados fueron los barrios obreros más pobres de la ciudad, que fueron defendidos de manera muy fuerte durante la llamada “Semana Sangrienta”. La Comuna acabó por ser aplastada. Se estima que el ejército de Galliffet mató a 30.000 personas, que más de 50.000 fueron ejecutadas, torturadas o apresadas más tarde, y otras 7.000 fueron exiladas.
Lecciones de la Comuna
La Comuna de París fue tomada como fuente de reflexión histórica sobre el estado capitalista y la revolución por comunistas y socialistas. Fue motivo de discordia entre comunistas y anarquistas, que estaban juntos en la Primera Internacional. Permitió a Marx, Engels, Lenin y Trotsky extraer importantes lecciones teóricas, principalmente sobre el concepto de “Dictadura del Proletariado”. Por ejemplo, Marx dijo más tarde que los Communards perdieron demasiado tiempo en organizar las elecciones democráticas en vez de acabar de una vez con el gobierno que había huido a Versalles y que podrían muy bien haber usado los billones de francos que estaban en el Banco Nacional en Paris y que fueron dejados sin tocar. Como escribió el revolucionario ruso León Trotsky en “Las Lecciones de la Comuna”:
“La Comuna nos demostró el heroísmo de las masas obreras, su capacidad en unirse como un bloque, su virtud en sacrificarse por el futuro... Pero, al mismo tiempo, evidenció la incapacidad de las masas en encontrar su camino, su indecisión para dirigir al movimiento, su fatal decisión de frenarse ante los primeros éxitos, permitiendo de este modo que el enemigo se recupere y retome sus posiciones”.
Y prosigue, señalando la razón esencial de la derrota de la Comuna; la ausencia de un partido revolucionario con influencia de masas: “El proletariado parisino no tenía ni un partido ni jefes a los cuales estuviesen estrechamente vinculado por luchas anteriores. Los patriotas pequeño-burgueses, que se proclamaban socialistas y buscaban el apoyo de los obreros, no tenían su confianza. No hacían más que minar la confianza del proletariado en sí mismo, buscando continuamente abogados célebres, periodistas, diputados, cuyo único bagaje consistía en una docena de frases vagamente revolucionarias, para confiarles la dirección del movimiento revolucionario”.
Traducción: Laura Sánchez
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Se cumplen, el día 26 de marzo de este año, 140 años de la implementación del primero gobierno obrero de la historia. 















