| Un nuevo presidente para mantener la vieja dominación |
| Escrito por PSTU - Brasil | |||
| Miércoles 11 de Mayo de 2011 00:15 | |||
El día 20, el cantante popular Michel Martelly fue electo como presidente de Haití. Aunque el resultado oficial aún no había sido divulgado, el Consejo Electoral Provisional (CEP) anunció que Martelly obtuvo 67,57% de los votos, según resultados preliminares.
Martelly fue electo en medio de una gran crisis política, desencadenada luego de denuncias de irregularidades y fraudes en la primera ronda de las elecciones, realizadas el día 28 de noviembre de 2010. En esa ocasión, pocos haitianos votaron. Solamente 27,1% de los electores registrados participaron de la primera ronda. Denuncias de fraudes e irregularidades fueron hechas por casi todos los candidatos, organismos de observación nacionales e internacionales e incluso miembros del Consejo Electoral Provisional. Para esa época, el entonces presidente René Préval intentó inscribir a su candidato, Jude Célestin, en la segunda ronda de las elecciones. Pero la publicación de los resultados preliminares, que colocaban a Célestin y la candidata Mirlande Manigat en la disputa, provocó una onda de violencia y protestas, dirigidas por los partidarios de Martelly.
Frente a la crisis, la OEA (Organización de los Estados Americanos), la Minustah, el imperialismo norteamericano y Francia, antigua metrópoli colonial de Haití, no reconocieron el resultado electoral, lo que obligó Préval a retroceder. De esa forma, tras ser aplazado varias veces, Jude Célestin fue excluido del proceso dando lugar a Martelly que acabó venciendo en la segunda vuelta de las elecciones.
Más fraudes
La gran prensa y los organismos internacionales intentan ahora sostener la credibilidad del proceso electoral. Pero la segunda ronda no fue tan “limpia” como la presentan la ONU y la OEA. Un reportaje de la red Al Jazeera mostró un lugar de votación donde todos los documentos habían desaparecido. Periodistas independientes también han informado que Martelly estuvo distribuyendo alimentos ilegalmente a la población. Además de eso, funcionarios de la ONU reconocieron que la baja participación de los electores se repitió nuevamente. En las favelas de la capital de Puerto Príncipe era evidente que mucha gente seguía con su vida cotidiana sin darse cuenta de la elección.
Una elección para legitimar la ocupación
Toda esa crisis política puso de manifiesto la farsa del proceso electoral haitiano, totalmente controlado por las tropas de la Minustah y por el imperialismo. Sólo disputaron las elecciones los candidatos que fueron autorizados por la Minustah. Y ninguno de ellos defendió la retirada de las tropas de ocupación del país.
La crisis también permitió que viejos zorros de la política haitiana retornaran al país para intentar sacar provecho del vacío de poder. El primero fue el ex-dictador Jean-Claude, el Baby Doc. Hijo del sanguinario Papa Doc, esta figura siniestra fue expulsa del poder en 1985, después de una revuelta popular. Desde entonces vivía en el exilio disfrutando del dinero robado del país.
Otra figura que retornó fue el ex-presidente Jean Bertrand Aristide, que fue el primer presidente electo democráticamente en Haití en 1991. Él continuó por dos legislaturas más entre 1994 y 1996 y 2001 y 2004 — en las dos ocasiones fue retirado del poder por golpes de Estado. En la primera ocasión fue devuelto al poder por tropas norteamericanas, enviadas por el entonces presidente Bill Clinton. Pero el apoyo norteamericano fue condicionado a un acuerdo, en el cual Aristides se comprometió a implementar todo el recetario neoliberal en el país. Ya en su segundo mandato, en el 2004, el ex-presidente dejó el gobierno luego de una rebelión armada. Previendo estabilizar el país, tropas de los EUA y Francia ocuparon Haití y llevaron a Aristides a Sudáfrica. Desde entonces el país más pobre de las Américas sufre una ocupación militar dirigida, vergonzosamente, por el Brasil.
Un nuevo rostro
A lo largo de su campaña Martelly intentó mostrar la imagen de “esperanza” y de un “futuro mejor” para un país devastado por el terremoto de enero de 2010 y por una epidemia de cólera traída por soldados nepaleses de la Minustah. De esa forma, el candidato explotó su imagen como filántropo y hombre “preocupado con los pobres”.
Pero toda la campaña de Martelly tuvo la asesoría de políticos y asesores de imagen conectados al Partido Republicano de los EUA. Su campaña fue asesorada por una empresa de marketing instalada en Miami que ya trabajó para John McCain (candidato derrotado por Obama en las elecciones de los EUA) y para Felipe Calderón (presidente de México).
Después de la victoria, Martelly se reunió en su mansión en Haití con empresarios y diplomáticos para conmemorar el resultado y discutir el “futuro” del país. Muchos de los participantes eran los donantes de su campaña millonaria, inclusive banqueros.
Sobre la ocupación de la Minustah, Martelly manifestó explícitamente su posición. “Planeo construir una fuerza nacional, no exactamente Fuerzas Armadas. No imagino Haití en guerra con otros países. Espero construirla con la ayuda de la Minustah [la misión de la ONU en el país] y otros países con expertise en la materia”, explicó.
El popular cantante haitiano cumplió un papel decisivo para la política de dominación del imperialismo en Haití. Su carisma permite un nuevo aliento al régimen del país, siendo una apuesta para revertir la crisis política del país. El desgaste de Préval, hoy odiado por la mayoría del pueblo haitiano, colocaba en jaque el propio sostenimiento de la ocupación de la Minustah, blanco de varias protestas populares el año pasado.
Martelly es sólo un nuevo rostro para una vieja dominación. Su gobierno va a mantener la esencia de la política de Préval, es decir, la apertura del mercado haitiano para empresas extranjeras, sobre todo las norteamericanas, que pretenden explotar aún más la mano de obra más barata de América. “Hoy, la ONU aplica ciegamente el capítulo 7 de su Carta, enviando tropas para imponer su operación de paz. No resolvemos la situación de nadie, pero sí creamos un imperio. Todos quieren hacer de Haití un país capitalista, una plataforma perfecta de explotación para el mercado americano, eso es un absurdo”, dijo en una entrevista Ricardo Seitenfus, que fue destituido del cargo de representante especial de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en Haití por haber criticado la acción de las Naciones Unidas. Sólo se olvidó de decir que todo eso es realizado con el apoyo del gobierno Dilma, de Brasil.
Fuente: Opinión Socialista nº 422, mayo 2011
Traducción: Jessica Barquero
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