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Cartas del Haití: La clase obrera haitiana se empieza a mover
Escrito por Eduardo Almeida, directo desde Haití   
Sábado 19 de Diciembre de 2009 00:00

Lea las reportajes realizada por el editor del Opinión Socialista (periódico del PSTU), Eduardo Almeida, sobre su viaje a Haití

Lea las reportajes realizada por el editor del Opinión Socialista (periódico del PSTU), Eduardo Almeida, sobre su viaje a Haití.


 

Eduardo Almeida, directo desde Haití

 

 

 

 

 

Hace calor por aquí, incluso en el inicio del invierno como ahora. Las personas en las calles usan camisetas, blusas y camisas de manga corta, sea de día o de noche. No existe gran variación de temperatura entre el verano (33 grados) y el invierno (27). El pueblo haitiano no tiene ropas diferentes para una estación u otra.

 

 

 

 

 

Estoy en Belair, uno de los barrios pobres de Puerto Príncipe. Cinco obreros y dos obreras de la organización Batay Ouvriyé (Batalla Operaria) me describen la gran huelga obrera de agosto. Habían sido golpeados por la policía o por

 

 

la Minustah, algunos fueron presos, todos están amenazados de despido o ya habían sido despedidos. Pero hablan con orgullo de la huelga. Y tienen razón.

 

Primero contaron como el salario mínimo en Haiti era en el primer semestre de este año de 75 gourdes por día, más o menos R$ 70 mensuales, casi siete veces menor que el brasileño. Es bueno recordar que los precios de las mercancías aquí son semejantes a las de Brasil.

 

 

 

 

 

Las grandes empresas textiles norteamericanas producen aquí a un precio baratísimo (sueldos menores que los chinos), con costes de transporte mucho pequeños (Haiti es prácticamente en costa de EE UU). Empresas como Nike, Wrangler y Levis confeccionan sus productos en Haiti. En este momento ya existen 25 mil obreros textiles, y  planes de construir cinco nuevas zonas francas pueden elevar este número en seis años a 400 o 500 mil. Para discutir este plan, estuvo en Haiti recientemente el ex presidente de EE UU Bill Clinton, con 150 empresarios. De Brasil estuvo también una delegación de doce empresarios, incluyendo un representante de José Alencar, vicepresidente de Brasil y dueño de Coteminas, una gran empresa textil.

 

 

 

 

 

Mientras los obreros hablan, recuerdo que uno de los motivos centrales para que la revolución haitiana de 1804 fuese victoriosa fue que su base social era de un tipo diferente de esclavos. Haití era la más rica de las colonias, y producía azúcar para el mercado mundial en grandes plantaciones. Los esclavos eran concentrados en grandes haciendas,  aproximándose a la condición del proletariado agrícola. Eso les dió una consciencia colectiva, una forma de actuar y combatir que fue decisiva para victoria. Ahora, el imperialismo está repitiendo la misma receta, con la industria textil. Puede acabar teniendo la misma respuesta.

 

 

 

 

 

El motivo del orgullo de los operarios de Batay Ouvriyé es que en lo que va de año, la capital, Puerto Príncipe, vivió una gran lucha por la subida del salario mínimo. Un ejercicio en gran escala de la moderna clase obrera haitiana.

 

 

 

 

 

La reivindicación era de 200 gourdes por día, algo apróximado  a R$190 al mes. Las movilizaciones empezaron en mayo, con Batay Ouvriyé  organizando junto con otros grupos protestas junto al parlamento, que después de mucha presión, votó en julio por el reajuste. Pero el presidente Préval, atendiendo a las presiones de las multinacionales, vetó el reajuste para la industria textil, sólo aceptando los 200 gourdes para las demás ramas de la producción. Para los textiles, permitió solo 125 gourdes, más o menos R$ 120 al mes.

 

 

 

 

 

Las movilizaciones se radicalizaron, ahora contra Préval. Las fábricas textiles de la zona industrial pararon todas,  manteniéndose en huelga durante dos semanas. La patronal dejó de pagar los sueldos (que son pagados aquí todas las semanas), para estrangular la movilización por  hambre. Hubo destrozos de despachos y mesas de los gerentes.

 

 

 

 

 

De los 25 mil en huelga, de diez a quince mil obreros hacían manifestaciones diarias que recorrían la ciudad, saliendo de la zona industrial y yendo hasta el parlamento o hasta el palacio presidencial. Por las calles, ellos gritaban "Abajo Préval" , "Préval, alfombrilla de los patronos", "Abajo

 

 

la Minustah". Como es tradición aquí, llevaban ramas de árboles en las manos que sacudían con fuerza mientras marchaban. En el camino, pasaban por los barrios pobres de la capital. La población venía a darles agua o sencillamente a aplaudir.

 

Las marchas tenían que enfrentar la represión de la policía y de

 

 

la Minustah. Muchas veces se dispersaban y reagrupaban justo después. Una vez dieron la vuelta a un coche de la ONU, obligando sus a ocupantes a gritar "200 gourdes". Otra vez hicieron huir a una brigada de la  Minustah delante del Parlamento.

 

La burguesía y Preval atacaron a Batay Ouvriyé como responsable de la huelga. Un dirigente de la burguesía amenazó com procesarlos por los destrozos dentro de las fábricas. En los barrios y en las fábricas los obreros asociaban a Batay  com  la lucha por los 200 gourdes.

 

 

 

 

 

Una de las obreras me dice: "Fue la primera vez en la historia de aquí que la clase obrera de una categoría tan importante se movió de conjunto, y con tanta fuerza". Durante dos semanas seguidas, la ciudad fue sacudida por movilizaciones cada vez más radicalizadas. El apoyo de los barrios pobres cerró el circulo. En  verdad una fortísima movilización obrera con apoyo mayoritario popular llevó a una crisis política al gobierno, al parlamento y a la ocupación militar.

 

 

 

 

 

Fue marcada entonces una movilización para el 17 de agosto, en que por primera vez los barrios pobres no sólo apoyarían las marchas, sino que se sumarían a la movilización. Las organizaciones populares de Cité Soleil (mayor favela de Haiti), Belair, Solino se habían comprometido a participar. Ese acto podría parar toda la ciudad, y dar un nuevo salto en la movilización.

 

 

 

 

 

Ahí entró en escena con fuerza

 

 

la Minustah, comandada por las tropas brasileñas. La ciudad fue toda ocupada militarmente, en particular las calles de acceso a la zona industrial y a los barrios pobres más importantes. Habían sido prohibidas todas las movilizaciones. Durante una semana, las fábricas quedaron paradas y la ciudad semi paralizada por la ocupación militar y la represión. Muchos activistas quedaron de quince a treinta días presos.

 

Los obreros gritaban en creole: "Si se pa t pou Minista nou ta gen jete Préval" ( si no fuese por

 

 

la Minustah, derribaríamos a Préval).

 

El día 19, el congreso volvió atrás y votó a favor de la propuesta  de Préval. Dicen que las empresas dieron millones de dólares a los parlamentarios.

 

 

 

 

 

Las fábricas habían vuelto a funcionar una semana después, con policías armados en su interior, que impedían cualquier acción y resistencia. Cansados, sin sueldos y frente a la una represión brutal, los obreros volvieron al trabajo. Dos meses después cientos de activistas que estuvieron el frente de la lucha habían sido despedidos de las fábricas.

 

 

 

 

 

Transmito a los obreros brasileños, el recado de sus camaradas de clase haitianos: "

 

 

La Minustah está aquí para hacernos aceptar lo inaceptable". El verdadero papel de las tropas del gobierno Lula en Haití es este: reprimir una movilización justa que reivindicaba recibir menos de la mitad del salario mínimo de los obreros brasileños. No existe nada de humanitario en la misión de las tropas. Están defendiendo la explotación brutal de los haitianos, al servicio de las multinacionales y de la burguesía brasileña.

 

La clase obrera haitiana fue a la lucha y fue derrotada. Pero sacó de esa movilización conclusiones muy importantes sobre el papel de Préval y de

 

 

la Minustah. Pintadas contra el gobierno y las tropas inundaron los muros del país. Fue sólo el primer paso como clase de una larga batalla. El Haití rebelde empieza a tener un rostro proletario.


11/12/2009



Tercera  carta: Clinton, Soros... y Haití


Eduardo Almeida, directo desde Haití


El coche anda lentamente por las calles de Puerto Príncipe. Estoy volviendo de la entrevista com los obreros dirigentes de la huelga de Agosto. Todavía resuenan en mis oídos sus palabras en creole, sus gestos decididos.

 

En el camino, Didier Dominique, de Batay Ouvriyé me lleva hasta

la Zona Industrial donde todo empezó. Muros altos separan un área enorme de las calles. Allí está instalada la "industria de la aguja", como ellos la llaman, porque incluye la textil propiamente dicha, además de la confección de pelotas de fútbol y tenis. Es la hora de la salida de los trabajadores y una multitud invade las calzadas, se amontonan en los tap-taps, camionetas que realizán el transporte urbano aquí.

 

Luego, aparece otra área enorme, también cercada de muros altos, en que será construida una zona franca. Una placa enorme dice "Aquí está el futuro del país". Quien financia este proyecto de la  zona franca es un gran exponente de la burguesía mundial, nada menos que George Soros, el mega especulador.

 

El gestor de todo este plan de inversión en la industria es Bill Clinton. El ex presidente de EE UU fue nombrado "enviado especial de

la ONU" para Haití. Ya estuvo en el país dos veces sólo en 2009. En verdad, él es el puesto avanzado de una operación económica de importancia para el imperialismo.

 

La ley Hope, votada en 2005 para tres años, vuelve a las industrias textiles establecidas en Haiti libres de todos los impuestos, tanto para la producción en ese país (inclusive del pago del terreno, luz y agua), como para exportación para EEUU. La ley Hope 2, ahora para diez años, fue sancionada por Obama, que tiene a Hilary Clinton como secretaria de estado.

 

No existe "filantropía" para el imperialismo, menos aún para los cuadros del peso como George Soros y Bill Clinton. Existe una operación de importancia para el imperialismo con la industria textil en Haití, con los sueldos más bajos del continente y bien cerca de EE.UU.

 

Lula fue un lacayo de Bush, cuando éste le pidió que Brasil dirigiese las tropas de ocupación en Haití. Ahora es un instrumento de Clinton, que  es hoy el mandamás en Haití.


Veo a los obreros saliendo del trabajo en la zona industrial. Recuerdo  las palabras de los huelguistas que me dieron la entrevista contra
la Minustah.

12/12/2009


Cuarta carta: Por las calles de Le Cap

 

Eduardo Almeida, directo desde Haití

 

Paso por las calles estrechas de un barrio pobre en Le Cap, la segunda ciudad de Haití. Acabé de salir de una sede de Batay Ouvryé (Batalla Operaria) donde conversé con obreros agrícolas de la región. Aquí no hay grandes industrias. Las grandes haciendas de café y naranja son las dominantes, y Batay Ouvryié dirige prácticamente todos los sindicatos locales.

 

El cielo limpio disminuye la oscuridad completa en la chabola sin iluminación. Las estrellas conocidas refuerzan la sensación de familiaridad. Ando tranquilo, como no lo haría  un extraño en una favela en los morros de mi ciudad natal, Rio de Janeiro. La violencia urbana en Haití es incomparablemente menor que en Brasil. Es un pueblo simple, alegre, dócil, que me hace recordar la frase de Trotsky: "Las revoluciones son imposibles, hasta que se vuelven inevitables".

 

Este pueblo se volvió el primer país libre del dominio colonial por la revolución de 1804 y derrumbó una de las dictaduras más sanguinarias de la historia (Duvalier).

 

Eso vale la pena que sea recordado los días de hoy. El imperialismo desarrolla una ofensiva recolonizadora fortísima, con todo el proceso de la globalización y los planes neocoloniales. Existen distintas prácticas de esa recolonización, que incluyen el control de ramas de las economías de nuestros países, la privatización de las estatales, apertura de las fronteras, etc. En algunos países la situación es todavía más grave, con la economía dolarizada (como en Ecuador) y em otros ya con tratados de libre comercio (como el Nafta de México, los TLCs de Centroamérica).

 

Pero Haití ya es diferente, volvió a ser una colonia. El país tiene uno "acuerdo de libre comercio" con los EE UU, a través de

la Ley Hope, con toda la economía al servicio de las multinacionales. Haití no tiene fuerzas armadas, substituidas por la Minustah, comandadas por las tropas brasileñas. Tiene un gobierno fantoche, manipulado a groseramente por la embajada yanqui. Por si no bastase, tiene además su costa y su espacio aéreo entregados oficialmente al control de la DEA (departamento anti-narcóticos de EE UU).

 

No existe nada que justifique el  definir Haití hoy de forma distinta. El hecho de que existan elecciones no cambia nada. También existían en India, cuando aún era uma colonia inglesa.

 

¿Como un país que hizo una revolución fantástica como Haití, llegó a esa situación? Después de 1804, el país estaba devastado por la guerra y tuvo que enfrentar el bloqueo comercial imperialista  durante 60 años. Además, el gobierno Boyer reconoció una deuda a Francia, como pago por las propiedades de los colonos por la independencia. Esa fue, quizás, la primera gran penalización de un país con la deuda externa: el país tuvo que dedicar dos tercios de su presupuesto durante más de 40 años para pagar una deuda brutal. Con eso, dejó de ser independiente para retornar a un status semi-colonial, y a una miseria permanente. En verdad, el imperialismo nunca perdonó la osadía de la revolución e hizo al país pagar duramente por ese "pecado".

 

Haití fue ocupado por EE UU entre 1915 y 34, en las primeras manifestaciones del nuevo imperialismo dominante. Toda su historia después, sea en las muchas dictaduras o en los pocos gobiernos electos, incluyó siempre la presión y el control del vecino poderoso.

 

Hasta que en febrero de 2004, el imperialismo invadió de nuevo el país. El presidente electo (Aristides) fue preso en su propia casa por tropas francesas y norteamericanas y deportado. Después vino

la Minustah, con la invasión legalizada por la ONU.

 

Es una ironía de la historia que el país que vivió la primera revolución anti-colonial en el siglo XIX, exactamente 200 años después se transforme en la primera colonia del siglo XXI. Otra ironía es que el ejército que garantiza por la fuerza la sumisión colonial de Haiti sea comandado y compuesto por varios de los gobiernos "progresistas" de América Latina como Lula, Evo Morales, Lugo, Kirchner, etc.

 

Mientras ando por las calles de Le Cap, recuerdo  las palabras de un obrero de una hacienda de café: "Aquí existe un odio enorme contra

la Minustah, pero todavía es diferente por que son brasileños, argentinos, paraguayos. Si fuesen norteamericanos ya habría explotado todo".

13/12/2009


Quinta carta: Sobre miserias y miserias

Eduardo Almeida Neto, directo desde Haíti

 

Ayer fui a cenar en un restaurante modesto de Le Cap. Una televisión encendida, prendía la atención de todo el mundo. Pasaban una novela mexicana, uno de aquellos dramones, doblada al francés. Los actores eran todos blancos, en un país negro como Haiti. Era de más.

 

Pero los haitianos me dicen que, exactamente así, sólo no tiene más éxito porque aquí no existen televisores.

La TV en Brasil es un electrodoméstico casi obligatorio incluso en las casas más humildes. Aquí es rarísimo. La miseria haitiana es de otra calidad de la conocida por los brasileños.

 

Brasil es un país en que existe mucha pobreza y hambre. El paro real alcanza casi 20% en las grandes ciudades, el empleo informal llega a 50% de los trabajadores. Los sueldos son bajísimos. Eso es utilizado por las multinacionales como base para el traslado de fábricas de los países imperialistas a Brasil. Ahora, por ejemplo, en plena crisis de las empresas automovilísticas,

la GM va a invertir en el país cinco mil millones de reales, Ford dos mil millones, Volkswagen seis mil millones. Ese es un factor de presión de la burguesía siempre presente sobre los obreros norteamericanos: "si ustedes no acepten reducir sus sueldos, vamos a transferir la fábrica para Brasil". O, lo que es más común "para China".

 

Pero en Haiti existe otro tipo de miseria. Ya existen elementos claros de barbarie. El paro alcanza en Puerto Príncipe entre el 70-80% de la población. El salario mínimo de la industria textil (el sector  punta) es casi cuatro veces menor que el brasileño. El analfabetismo alcanza al 90% de las personas. Leer y escribir no son necesarios para la vida común. La comunicación entre las personas ya parte de la realidad de que nadie sabe leer. Los periódicos no existen para el pueblo, se restringen a los hoteles y algunos puntos turísticos.

 

No hay agua ni desagües en las casas (a no ser en las casas de la burguesía, hoteles y en el comercio). En algunas casas tienen energía eléctrica, que se corta todos los días sin ningún aviso. La mayor parte de los habitantes no existe oficialmente, no tiene ningún documento. Las personas recogen agua de los pozos artesianos, llevándola para casa en baldes. Usan carbón para cocinar. Casi no existe alcoholismo, pero por una razón sorprendente: los haitianos no tienen dinero ni para comprar una cerveza. Las personas caminan largas distancias para no tomar un transporte, por lo demás baratísimos y pésimos aquí.

 

El imperialismo está haciendo una experiencia. Está instalando aquí una industria de relativo bajo nivel tecnológico, con un grado de explotación que se aproxima de la barbarie. Un gigantesco ejército industrial de reserva asegura la mano de obra baratísima y la presión sobre los que trabajan, para que no reivindiquen reajustes.

 

En las fábricas existe una organización del trabajo moderna, los módulos. Grupos de trabajadores hacen, por ejemplo, una camisa, y cada uno haciendo una parte. Como ganan por tarea, se impone la disciplina del patrón entre los mismos trabajadores, que reclaman a  quienquiera que se retrase. Ese es el capitalismo moderno, con claros elementos de barbarie.

 

Nuevas zonas francas ya están planeadas. Existe una gran área ya reservada al lado de Citè Soleil, para que los trabajadores puedan ir a pié al trabajo. Si consiguen implantar ese plan, tendrán una nueva referencia de tasa de lucros. Podrán amenazar los operarios brasileños, argentinos, paraguayos, bolivianos con "puedo llevar la fábrica para Haiti".

 

Lula está cometiendo un doble crimen aquí. Primero viola la soberanía de uno pueblo, con una ocupación militar al servicio de Bush-Obama-Clinton. En segundo lugar, participa de la preparación de un ataque directo contra el nivel de vida del proletariado brasileño.

 

La frase de Lenin "No es libre un pueblo que oprime a otro pueblo" gana aquí un sentido duro y concreto.

14/12/2009


Seta carta: Las naranjas amargas de Contreau

Eduardo Almeida, directo de Haiti

 

San Rafael, a dos horas en coche desde Le Cap. Estamos en uno de los pasajes de la planicie central de Haiti, una zona usada por los esclavos en la revolución como zona de refugio. Hoy, San Rafael es el centro de toda un área de tierras ocupadas por campesinos ya hace más de veinte años, con innúmerables luchas y cárceles. Reúnen cincuenta mil personas, en cinco comunidades, bajo la dirección de Batay Ouvriyé (Batalla Obrera. En este momento uno de sus líderes, Elio Pierre, sigue preso desde hace seis meses.

 

Soy recibido por la coordinación de las cinco comunidades. La reunión se hace debajo de un gran árbol. Sombra garantizada en un día calido. Era para  unas veinte personas, pero poco a poco se van  juntando los activistas que estaban por allí. Al final, están sentados conmigo casi cincuenta campesinos.

 

El primero habla con voz tranquila sobre como la lucha por la tierra comenzó junto con la revolución. Toussaint Loverture fue el general de la independencia, pero era también el representante de las nuevas clases dominantes negras. La referencia histórica de muchos por aquí era Moisi, uno de los generales de la liberación, el dirigente de los cimarrones , los quilombolas de aquí, esclavos huidos que formaban comunas en el interior. Moisi terminó siendo muerto por el propio Toussaint, pero la lucha siguió desde entonces, hasta los días de hoy.

 

Otro cuenta la lucha de ellos en Guacimal en 2002.

La Cointreau, multinacional francesa, planta aquí las naranjas amargas con que hace uno de sus licores más famosos. Los trabajadores son obreros durante seis meses (cosechando las naranjas y sembrando nuevamente), y campesinos  los otros seis. En ese segundo periodo, trabajan en las mismas tierras para su propia subsistencia. La multinacional impuso que le diesen la mitad de su producción como campesinos.

 

Hubo entonces una lucha durísima, que duró varios meses, con muchos presos. En uno de los afrontamientos murieron dos trabajadores, Ipharés Guerrier  y Fransilyen Eximé. La multinacional sólo cejó cuando los mismos campesinos, ya transformados en operarios se habían recusado a cosechar la naranja de zafra siguiente.

La Victoria de Guacimal ayudó a organizar las otras ocupaciones, y hasta hoy los muertos son reverenciados.

 

Ellos cuentan como los latifundistas se están organizando de nuevo para intentar recuperar sus tierras, ahora ayudados por

la Minustah. Existe un tono de revuelta ancestral, secular en esas voces. Cuando uno habla, otro apoya, terminan casi en un coro. Dieron su vida por las tierras que ocupan, y la van a seguir dando. Sentí de cerca el pulso de la historia, el hálito de la revolución en esos campesinos simples, sentados alrededor de un viejo árbol.

 

Me escuchan atentamente cuando les hablo de como Lula está ampliando el agronegocio en Brasil, y no hace nada por la reforma agraria. Como engaña a los trabajadores brasileños con el papel "humanitario" de

la Minustah. Se pusieron contentos cuando les propuse una lucha común contra la Minustah y el apoyo a la lucha por la liberación de Elio Pierre.

 

Al final, una cena bien semejante a las del MST en Brasil. Varios de ellos trajeron una gran piedra al centro de la rueda (círculo de personas). Uno de sus líderes pidió que uno de los presentes intentase erguir la piedra. Varios lo intentaron sin conseguirlo, por su peso enorme. Sugirió entonces que dos lo intentasen. Lo consiguieron, con mucho esfuerzo. Después, cuatro personas- yo incluído -  levantamos la piedra con facilidad.

 

El coordinador habló entonces para mostrar que sólo podían ser victoriosos si estuviesen juntos, y que incluso la detención de Elio Pierre podría haber sido evitada si la reacción hubiese sido más fuerte. No hablaba sin ton ni son. Ellos ya sacaron de la cárcel a la fuerza a varios de sus líderes. La lección sirve para trabajadores de distintos países, como Brasil y Haiti.

 















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