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Después de una larga y heroica lucha contra el golpe de estado...¿cuál es el balance?
Escrito por Bernardo Cerdeira   
Miércoles 10 de Marzo de 2010 02:28

En enero de este año, Porfirio Lobo, candidato del Partido Nacional elegido en un proceso electoral fraudulento, tomó posesión como Presidente de Honduras en un estadio de fútbol. Este hecho fue un paso más en la acción de la burguesía golpista, que empezó con el golpe militar del 28 de junio, continuó con las elecciones de noviembre de 2009 y ahora intenta obtener reconocimiento internacional para el gobierno electo. No es casual que al momento de la posesión, Lobo haya decretado una amnistía para todos los golpistas.

El mismo día de la posesión, Mel Zelaya partió rumbo al exilio. Miles de personas, organizadas en el Frente Nacional de Resistencia Popular, asistieron a su despedida. Zelaya prometió volver.

En el plano internacional, la presión del imperialismo norteamericano comienza a imponer el reconocimiento de Lobo. En la reciente Cumbre de América Latina y el Caribe (CALC), asesores de Lula, presidente de Brasil, defendieron la búsqueda de un "entendimiento" con el gobierno de Porfirio Lobo. El asesor internacional de Lula, Marco Aurelio García, dijo que "podemos reexaminar nuestras relaciones", a condición de que se logren avances como "una amnistía y que el Presidente Zelaya pueda regresar a su país y asumir el papel que le asigna la política" (El Estado de São Paulo, 22/02/2010). Según el mismo periódico, el portavoz del presidente, Marcelo Baumbach, dijo: "El presidente Lula no quiere que perdure una situación de ruptura de diálogo con el gobierno de Honduras". Asimismo, dijo que Lula "considera importante que  Honduras vuelva a la OEA."

La lucha popular contra la burguesía y la oligarquía reaccionarias que organizaron y sustentaron el golpe militar entró en una nueva fase: ahora se dirige contra el gobierno de Lobo. El carácter represivo de este gobierno ya se demuestra por la impunidad con que se asesinan militantes de la Resistencia como ha denunciado recientemente el FNRP. La lucha contra el gobierno de Lobo es un objetivo común, alrededor del cuál debe haber la más amplia unidad de acción.

No obstante, es necesario un balance de la primera etapa para que se entienda por qué, después de cinco meses de una heroica lucha popular, el golpismo consigue realizar elecciones y organizar un simulacro de régimen democrático.

En primer lugar, es preciso decir la verdad a todos los luchadores de la Resistencia. A pesar de las mayores movilizaciones en la historia de Honduras, pese a los cinco meses de lucha continua, al inmenso sacrificio del pueblo que enfrentó la represión, inclusive, con el derramamiento de sangre de varias víctimas; toda esta lucha heroica no logró derrocar al gobierno golpista de Micheletti, tampoco imponer la restitución de Zelaya y ni siquiera impedir las elecciones fraudulentas y la farsa de la transmisión del poder al usurpador Porfirio Lobo.

Eso no significa que la lucha haya terminado o que las masas populares hayan sufrido una derrota definitiva o histórica que dure décadas. Al contrario, las movilizaciones de despedida de Zelaya muestran la disposición popular para luchar. Y por otro lado, el gobierno de Porfirio Lobo, a pesar del apoyo del imperialismo norteamericano, enfrenta la oposición de la Resistencia y de gran parte de la población que hoy es más consciente de lo que era antes del golpe del 28 de junio.

Más lo cierto es que la posesión de Lobo y la segunda salida de Zelaya marcan el cierre de una etapa y la abertura de un nuevo ciclo. Es fundamental que la Resistencia y todos los sectores que apoyaron internacionalmente su lucha hagan sus evaluaciones sobre ¿porqué el movimiento no logró derrotar a los golpistas? Sólo un análisis honesto de este resultado permitirá extraer las lecciones de este enorme combate de la lucha de clases que cambió permanentemente el marco político de Honduras y América Central con gran repercusión en toda Latinoamérica.

¿Cuál fue la verdadera política del imperialismo?

Muchos sectores de la Resistencia afirman que el principal motivo para que la movilización popular no haya conseguido derrotar al gobierno golpista de Micheletti fue el apoyo del imperialismo, disfrazado de una política hipócrita que, al mismo tiempo que hablaba contra el golpe, apoyaba la "salida de las elecciones", promovida por el propio gobierno golpista.

Es cierto que el imperialismo trabajó con todo para evitar una victoria de las masas en las calles contra los golpistas. También es cierto que el gobierno de EE.UU. apoyó las elecciones fraudulentas y reconoció al gobierno de Porfirio Lobo. Sin embargo, es necesario entender cuál es su política, comenzando por explicar porqué el imperialismo no reconoció al gobierno de Micheletti e impulsó las negociaciones del presidente Zelaya con el gobierno "de facto".

De hecho, la principal arma del imperialismo para impedir que la movilización popular derrotara a los golpistas, fue hacer que la dirección de la Resistencia, Mel Zelaya, entrara en el juego de la negociación, verdadera trampa para apaciguar la lucha del pueblo.

Uno de los principales agentes de esta  política del imperialismo fue Oscar Arias, presidente de Costa Rica, que elaboró el Plan Arias cuyo objetivo principal era usar el atractivo de la restitución de Zelaya para conseguir el reconocimiento de las elecciones, la amnistía a los golpistas y el abandono de las reivindicaciones de las masas, principalmente la Asamblea Nacional Constituyente. El plan contó con el acuerdo y la complicidad de los gobiernos de Chávez y Lula.

Esta es la primera conclusión fundamental de este balance: la verdadera política reaccionaria del imperialismo no fue fortalecer un régimen al estilo de Pinochet o Videla (que, por cierto, no era la característica del golpe), sino derrotar la resistencia popular atrayendo la dirección del movimiento (Zelaya) para la trampa de las negociaciones y de los acuerdos.

¿Cuál fue la política de Zelaya?

Zelaya aceptó plenamente el Plan Arias, también conocido como Acuerdo de San José, comenzando así su capitulación. Sin embargo, presionado entre la intransigencia del gobierno golpista y la movilización de las masas, y estimulado por el apoyo de los gobiernos latinoamericanos, Zelaya volvió a Honduras, instalándose en la embajada de Brasil. Su regreso proporcionó un extraordinario ánimo al movimiento de masas, que salió a las calles de Tegucigalpa y enfrentó el estado de sitio decretado por el gobierno.

En ese momento crucial, Zelaya privilegió las negociaciones con los golpistas y con el entonces candidato, Pepe Lobo, demostrando, una vez más, su carácter burgués y conciliador. Peor aún, Zelaya paró las convocatorias a la movilización en el momento en que la lucha en las calles de Tegucigalpa, contra el estado de sitio, llegaba a su auge. Todo para no frustrar los intentos de entendimiento.

La capitulación de Zelaya llegó al máximo con el ridículo Acuerdo de Guaymura, que preveía la restitución de Zelaya a la presidencia del país, pero tan sólo después de ser aprobada por el Congreso, y le condicionaba a la formación de un gobierno de "unidad nacional" con los golpistas, así como el apoyo de todos al proceso electoral. Esta grotesca caricatura de acuerdo terminó abortada por los propios golpistas, que sólo querían ganar tiempo y desmovilizar a la Resistencia. El resultado de esta fracasada negociación sirvió únicamente como pretexto para apoyar la farsa de las elecciones presidenciales por parte de los Estados Unidos y  algunos de los regímenes coloniales subordinados, como el de Colombia.

La claudicación no cesó con este fiasco. Las negociaciones con Porfirio Lobo continuaron, e incluso llegaron a colocar una posible participación en el gobierno después de las elecciones. Al mismo tiempo, Lobo y Zelaya negociaron la salida del ex Presidente de la embajada brasileña y luego del país.

Esta trayectoria de conciliación y capitulación confundió a la resistencia popular y la llevó a tener expectativas en el retorno de Zelaya al poder a través de la negociación. En consecuencia favoreció la interrupción o reducción del ímpetu de las movilizaciones. Esto facilitó el trabajo de los golpistas y cobró su precio: el gobierno de facto y las instituciones reaccionarias del régimen (el Congreso y la Corte Suprema de Justicia) impidieron el regreso de Zelaya a la presidencia, consiguieron llevar a cabo la farsa electoral, maquillando de legalidad las elecciones, y ejecutando su plan para continuar con la sucesión presidencial, dando posesión a un nuevo gobierno, supuestamente "elegido".

Esta orientación política de Zelaya, que arrastró al movimiento popular que encabeza, no puede sorprendernos. Tiene que ver con su carácter de clase, burgués, oligárquico y conservador, que lo lleva a preferir una negociación con muchas posibilidades de frustrarse a llamar al movimiento de masas a derrocar al régimen por medio de la movilización popular, una hipótesis demasiado arriesgada para la burguesía.

El papel político del FNRP

El Frente Nacional de Resistencia Popular fue sin duda la organización que dirigió y organizó la prolongada movilización popular contra el golpe de Estado. Su constitución y organización se dio al calor de la batalla y significó una conquista que elevó la lucha popular a un nivel superior.

Estamos de acuerdo con Juan Barahona, coordinador de la Resistencia, cuando señala que "... el Frente Nacional de Resistencia Popular es ya una fuerza nacional con impresionantes capacidades de movilización y una arrolladora simpatía, pero hace falta dar pasos importantes hacia su consolidación."

También es claro que la FNRP ha mantenido una posición coherente contra las elecciones fraudulentas y el gobierno de Porfirio Lobo. En este sentido, su postura es opuesta a la posición traidora del Partido Unificación Democrática, dirigida por el ex candidato presidencial, César Ham, que no sólo aceptó participar en la farsa electoral, sino que asumió puestos en el Parlamento y contribuyó con el esfuerzo para legalizar el régimen reaccionario.

En tanto, la dirección de FNRP adolece de un grave problema: incluso después de la reciente actuación política de Zelaya - caracterizada por las capitulaciones que hemos mencionado y que facilitaron el proyecto real de los golpistas de celebrar elecciones fraudulentas y dar posesión al gobierno de Lobo - la dirección de FNRP se mantiene en la posición de apoyar sin críticas al ex presidente y colocarse incondicionalmente bajo su dirección. Esto lo dijo Juan Barahona con todas las letras, en el mismo discurso que citamos antes, calificando a Zelaya de "líder incuestionable" y colocando claramente a la Resistencia bajo su conducción:

"En ese sentido es necesario reconocer el liderazgo y actitud de nuestro Presidente Manuel Zelaya Rosales, quien ha llegado al extremo de sacrificarse arriesgar su vida para luchar por la democratización de nuestra Patria.

Hoy el Presidente Zelaya ha vencido los inútiles intentos de quebrar su voluntad y opacar su ejemplo. Es también una manera digna de cerrar un ciclo en el que por primera vez desde que se reiniciaron las elecciones en nuestro país, un presidente se acerco a las necesidades del pueblo, que se enfrentó a las clases más conservadoras del país, y fue capaz de asumir la agenda de los sectores populares.

¡Qué pequeños se ven sus enemigos! ¡Cuán cobardes se han mostrado!

Compañero Presidente. Sepa que la Resistencia lo aprecia como un líder incuestionable”

Esta es una postura donde no cabe ninguna crítica al ex presidente. Al contrario, lo que prima es una posición de absoluta subordinación a su liderazgo. El problema es que con esta actitud, la dirección de la resistencia llevó a todo el movimiento a ponerse bajo la dirección política de Zelaya, a su orientación conciliadora y a la estrategia negociadora que terminaron por confundir a la resistencia.

Esta posición de la dirección del FNRP hizo que la Resistencia no consiguiese  construir una organización de masas independiente del zelaysmo y de la burguesía, lo que se constituye en su mayor debilidad.

Ahora, se establecen objetivos muy difíciles para la resistencia, tales como la lucha contra el gobierno de Lobo y el imperialismo que lo apoya, contra el régimen reaccionario y por una Asamblea Nacional Constituyente. Estos puntos son parte del programa que la dirección de FNRP levanta, pero el problema es ¿cómo conducir esta lucha a la victoria?

La gran lección del primer ciclo de este gran combate es que sin una organización independiente el triunfo no será posible.

¿La resistencia debe colocarse bajo la dirección de Mel Zelaya o construir una opción independiente?

En general, tenemos algunos acuerdos con los objetivos y la orientación para la consolidación y fortalecimiento de la Resistencia. Orientaciones y objetivos que Barahona ha esbozado en su discurso:

Desde ahora la consigna es ¡Organización! ¡Movilización!  ¡Formación! Estos tres ejes de trabajo deben ser asumidos por los núcleos de Resistencia en cada barrio, en cada comunidad rural, en cada centro de trabajo, y en cada uno de ellos debe primar la democracia interna.”

El FNRP debe canalizar las necesidades de (…) todos los sectores explotados, oprimidos y marginados de nuestra nación, sin excepción alguna.”

El Frente Nacional de Resistencia Popular, tiene claridad del reto asumido y como lo dice literalmente su plan estratégico, deberá ‘Fortalecerse como instrumento de poder popular, para la conquista del poder, construyendo una nueva institucionalidad hacía la refundación de la República, para el surgimiento de una nueva democracia popular en la que participemos todos y todas y seamos protagonistas de un Estado de justicia social, para garantizar la solidaridad, la libertad y la independencia, a través de una Asamblea Nacional Constituyente que formule y apruebe la primera constitución Política hecha por el pueblo, con una visión latinoamericanista.’”

No obstante, todo eso será letra muerta si la resistencia no se plantea como objetivo construir una Organización obrera y popular independiente de Zelaya y de cualquier líder burgués. Nuestro desacuerdo con la dirección de la Resistencia se concentra en este punto fundamental. Es decir, lo que la clase obrera y el pueblo pobre de Honduras necesitan es lo opuesto a la orientación política de la dirección del FNRP, que respalda totalmente la actuación de Zelaya, mayor responsable de la derrota de la Resistencia frente al golpe de Estado.

La lucha para llevar este programa hasta las últimas consecuencias y construir la Resistencia como una organización independiente de todos los sectores burgueses, inclusive de Zelaya, exige una firme dirección política que tenga claridad sobre la situación del país y las tareas del momento. En otras palabras, exige la construcción de un Partido Socialista Revolucionario que nazca en el movimiento de Resistencia y sea formado a partir de sus mejores y más avanzados militantes.


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