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Derrotados, EE UU inician retirada de tropas
Escrito por Helton Ribeiro - PSTU   
Lunes 30 de Agosto de 2010 15:21
Cumpliendo el cronograma anunciado por Barack Obama, los EE UU iniciaron en este mes de agosto la retirada de sus tropas de Irak. 

El gobierno norteamericano intenta hacer creer que parte de su misión fue cumplida, con la permanencia ahora de 50 mil soldados sólo para funciones de apoyo y entrenamiento. Pero la realidad es que el imperialismo sale derrotado del país, tras siete años de ocupación militar y más de 1 millón de iraquíes muertos.

El objetivo del gobierno Bush, cuando invadió a Irak, no era sencillamente deponer a Sadam Husein y devolver el gobierno a los iraquíes. Era instaurar un gobierno títere y asumir el control directo de las reservas de petróleo del país. Usó como pretexto la farsa de las armas de destrucción masiva que Hussein estaría produciendo (la dramática ironía es que, hoy, 3 millones de iraquíes sufren los efectos del uranio empobrecido y de las armas químicas usadas por los americanos).

Aunque hayan sido victoriosos inicialmente – con el derrocamiento, captura y ejecución de Sadam Husein –, los EE UU y sus aliados se vieron en una situación profundamente incómoda cuando se volvió evidente la inviabilidad de un régimen político “estable” frente a la resistencia popular, sobre todo de la población suní.

Todavía durante el gobierno Bush, los EE UU habían sido forzados a cambiar de táctica, sustituyendo la guerra pura y simple por negociaciones y concesiones. Forjaron alianzas con las burguesías chiita y kurda, ofreciendo la repartición de los ingresos del petróleo, medida cuyo efecto colateral más desagradable para el imperialismo fue el fortalecimiento de la influencia de Irán (país de mayoría chiita) sobre Irak.

Pero hubo también efectos colaterales gravísimos para la propia población iraquí. En vez de alcanzar la estabilización política, las concesiones de EE UU posibilitaron al gobierno chiita desencadenar una violenta represión contra la resistencia suní, llevando al país a la orilla de la guerra civil.

Para contener la resistencia, el imperialismo lanzó mano del dinero, pagando US$ 60 millones mensuales a las milicias suníes para que estas dejasen de atacar las tropas de ocupación y combatiesen a Al Qaeda.

Los costos políticos y económicos de la ocupación, sin embargo, se continuarían elevando. En estos siete años, más de 4 mil soldados habían muerto y 30 mil fueron heridos. Se estima que han sido gastados cerca de US$ 3 billones desde el inicio de la guerra.

La violencia en el país tampoco da señales de que vaya a disminuir. Justamente en julio fue registrado el mayor número de muertes desde mayo de 2008: 396 civiles, 50 soldados iraquíes y 89 policías. Además, son innumerables las denuncias de violación de derechos humanos, como las centenas de millares de presos políticos. Y el número de refugiados es estimado en 4,8 millones.

A todo esto, retirando las tropas de combate, pero manteniendo las bases militares, los EE UU continúan sometiendo Irak a la condición de colonia. Y el vencedor del Premio Nobel de la Paz (!) Barack Obama puede dedicar la mayor parte de su tiempo a imaginar cómo salir del otro gran atolladero en que su país se metió: Afganistán. Allá, como en Irak, el pueblo no se rindió y la guerra por la liberación nacional no da tregua al imperialismo.

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