| Fiat: la arrogancia patronal no conoce límites |
| Escrito por Davide Margiotta * | |||
| Martes 10 de Agosto de 2010 16:14 | |||
Casi un mes después del referéndum-farsa de Pomigliano, organizado por los patronos en asociación con los sindicatos amarillos (CISL, UIL, FSIMIC y UGL), y a pesar de las presiones y las amenazas de despido, los operarios no se doblaron y, de manos tomadas, rechazaron los planes patronales de destruir sus derechos y sus logros de siglos de luchas con el acuerdo de ellos mismos. Cabe recordar que de hecho los operarios votaron en amplia mayoría contra el acuerdo de la vergüenza.Solamente la SLAI-COBAS y FIOM se opusieron al plan patronal. Aunque la dirección de la FIOM haya buscado inmediatamente volver a la mesa de negociación. El día siguiente al referéndum, en lugar de convocar a la movilización en gran escala, reforzada por la disponibilidad de lucha demostrada por los operarios a través del voto, se dijo que se estaba a la disposición de reabrir las negociaciones. Desgraciadamente para ciertos burócratas sindicales, existen momentos en la historia (que es la historia de la lucha de clases) en los cuales la negociación no es posible, porque la otra parte, para salvar sus ganancias, no desea ceder nada. En el mundo se traba una guerra hasta el fin entre el capital y el trabajo. El problema es que los proletarios no tienen el mando de sus propias tropas. Esta guerra está siendo combatida, día tras día, desde Fiat hasta el menor de los talleres en todo el mundo, con el mismo objetivo patronal (disminuir y precarizar el personal, aumentar la productividad, aumentar los ritmos, eliminar todos los derechos y todas las conquistas).
Diplomacia en tiempo de guerra
Y así, mientras ocurre una guerra mundial de esta escala, la burocracia sindical (este grupo de parásitos del sistema capitalista que tiene su propia supervivencia y que trabaja activamente para salvaguardar el sistema) finge ignorar hasta que se está combatiendo en una guerra. La burocracia de la FIOM, en lugar de reagrupar las tropas para prepararlas para batalla (y tendría la posibilidad de hacer eso), se limita a la diplomacia: una huelga de tarde en tarde (que no estorba mucho a los negociadores), una amenaza de recorrer a la justicia, una apertura al “diálogo”. Esta política para los trabajadores es absolutamente fallida. Y, de hecho, mientras ciertos burócratas echan mano de la diplomacia en tiempo de guerra, los patronos intentan dar el golpe final. En Mirafiori hasta Terni (fábricas de Fiat), miembros y delegados sindicales de la FIOM son despedidos con varios pretextos. El mensaje es claro: no se admite ningún tipo de controversia, lo que es reforzado con el apoyo abierto del gobierno. Si una cosa nos asusta, tendemos a removerla. Así hacen los burócratas, que temen más que cualquier otra cosa la explosión de las luchas. Delante de un ataque patronal sin precedentes, delante de una clara represalia contra los trabajadores sindicalizados, Guglielmo Epifani (Dirigente sindical amarillo) no encuentra nada mejor que declarar: “Fiat está errando el camino y cuanto antes se entienda mejor. Existe el riesgo de una radicalización; una situación que no será buena ni para los trabajadores, ni para la empresa, ni para el país”.
Pomigliano: nuevo modelo para todos
Inmediatamente señalamos como el acuerdo de la vergüenza firmado en Pomigliano fue, en las intenciones de los signatarios, un caballo de Troya. El ministro del trabajo Sacconi declaró abiertamente en la presentación del informe sobre la liberalización de 2010: “El acuerdo de Pomigliano hará escuela. [...] los referendos no deben ser hechos, aunque este haya ocurrido muy bien. [...] Nunca tuvimos una democracia de asambleas, es solamente la FIOM quien la pide”. Con la entrada en vigor del acuerdo sobre el nuevo modelo contractual, firmado por el gobierno y Confindustria, juntos con las direcciones colaboracionistas de la CISL y UIL, de hecho se demolía el Contrato Colectivo nacional de trabajo, liberando a las empresas del vínculo de contratar colectivamente derechos y sueldos de los trabajadores. Y obviamente los trabajadores, aisladamente empresa por empresa, tienen mucho menos fuerza para luchar. Los despidos de estos días tienen más que ver con Pomigliano que con otra cosa (en el caso de Mirafiori explícitamente, en los otros casos aparentemente menos). El ministro Sacconi, que no pierde nunca la ocasión de guardar silencio, hablando en el intervalo de las negociaciones en el Palacio Madama (Sede del senado italiano), llegó a poner en duda el propio derecho de los trabajadores a luchar: "ocurrieron episodios que, de ser verdaderos, son graves. No se puede impedir a los demás de trabajar e impedir a los demás el derecho a circular. Espero que sean los últimos focos de un mundo que se agota y que el panfleto de la FIOM signifique que después de la tempestad puede volver la calma”, haciendo referencia al panfleto distribuido por algunos trabajadores de Mirafiori durante la marcha del día 14 en el cual se llamaba a Marchionne (máximo dirigente de Fiat) a un enfrentamiento “sin filtros y ficciones mediáticas”.
¡Pero la lucha de clases no se puede parar!
A pesar de los deseos de los patronos y de los burócratas, la lucha de clases no puede ser interrumpida. Es cierto que los operarios son desanimados y empujados hacia atrás ante los pasos de las direcciones reformistas (sindicatos y partidos gubernamentales), listos a vender a cada instante los derechos y las conquistas. Pero mientras la sociedad continúe dividida en clases, contrapuestas por su propia naturaleza, la lucha de clases no se detendrá. Sin embargo, una vez delante de los gravísimos hechos de estos días, la respuesta de la burocracia es insuficiente (la huelga habitual). Pero los trabajadores de Pomigliano, que a pesar de que viven en una zona pobre, en la cual el abandono de Fiat puede significar años de paro y depresión, están demostrando no aceptar chantajes y que están listos para luchar. Es hora de desarrollar esta lucha. Necesitamos lanzar la palabra de orden de ocupación de todas las fábricas del grupo Fiat, empezando por Pomilgiano! Los trabajadores de Fiat podrían así no sólo derrotar el ataque de Marchionne, sino convertirse también, como en otros momentos de la historia, en una referencia para todas las luchas obreras en curso. Los trabajadores están sufriendo un ataque sin precedentes de las clases dominantes en ruina, que luchan con todos los golpes para salvarse de la catástrofe. Hoy lo que falta para reaccionar e invertir el rumbo no es ciertamente el coraje o la disponibilidad al sacrificio. Lo que falta es una dirección revolucionaria, capaz de transformar cada ataque patronal, cada injusticia en el local de trabajo y en toda la sociedad, en muchas chispas de la revuelta. Una dirección a nivel internacional capaz, partiendo de las necesidades elementales de las masas, de sublevar los miles de millones de oprimidos del mundo y derrumbar de una vez por todas este sistema de explotación universal llamado capitalismo. (*) operario metal-mecánico, responsable nacional del trabajo sindical del PdAC ______________________________________ Traducción: Jessica Barquero
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Casi un mes después del referéndum-farsa de Pomigliano, organizado por los patronos en asociación con los sindicatos amarillos (CISL, UIL, FSIMIC y UGL), y a pesar de las presiones y las amenazas de despido, los operarios no se doblaron y, de manos tomadas, rechazaron los planes patronales de destruir sus derechos y sus logros de siglos de luchas con el acuerdo de ellos mismos. 















