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¡Lucha dura hasta la derrota de Marchionne!
Escrito por Davide Margiotta (*)   
Lunes 20 de Septiembre de 2010 16:21
Interviniendo en el congreso Comunidad y liberación”, el principal ejecutivo de Fiat, Sergio Marchionne, explicó que “a lo que estamos asistiendo en estos días es a la contraposición entre dos modelos: uno que se obstina en proteger el pasado, y otro que mira hacia adelante. 

En tanto no dejemos atrás a los viejos modelos, no tendremos nunca espacio para ver los nuevos horizontes, no estamos más en los años 60 y debemos abandonar la manera de pensar que había una lucha entre el capital y el trabajo y entre patrones y obreros”.

Cuántas veces, también en la izquierda, escuchamos la repetición de este discurso, como un refrán. En la realidad, en tanto nos mantenemos en el campo de la opinión, cada uno tiene la suya. Los números, por el contrario, tienen el pésimo hábito de  prestarse mucho menos a la manipulación, así podemos descubrir que si un obrero de la nueva fábrica servía a la Fiat, gana entre 200 a 400 euros al mes y un italiano 1200, en promedio, los dirigentes del Grupo Fiat, Marchionne y Montezemolo, en plena crisis capitalista mundial, reciben más de 5 millones de euros.

El mismo concepto fue expresado en estos días por el presidente de Confindustria (federación de las empresas italianas), Emma Marcegaglia que, desde la cima de sus 17 cuentas en Suiza, afirma que aquello que necesitamos es un nuevo pacto social para asociar los salarios de los trabajadores a los resultados de las empresas: “Queremos andar en dirección al aumento de los salarios, con todo, junto con una mayor productividad, y para ello no basta trabajar solamente sobre el contrato colectivo nacional, porque las realidades son diversas y es necesario trabajar empresa por empresa”.

Pecado que también los hechos contradicen, como en la teoría y los aires de fantasía de estos ávidos oradores, visto que, si el poder adquisitivo de los salarios –siempre que la economía camine bien- está estancado, los beneficios de los ejecutivos aumentan al infinito. La lucha de clases existe, porque existen las clases, le agrade o no a Marchionne.

El plan de la gran burguesía
 
Marchionne y Marcegaglia dicen la misma cosa: es preciso abolir el Contrato Colectivo Nacional, el viejo, para dejar espacio al nuevo, que avanza. O sea, desregulación total de los viejos contratos y lanzamiento del nuevo modelo, que prevé que la cuota de salario fija sea la mínima, en favor de la variable (ligada a los premios y al funcionamiento del mercado), cuando no directamente a los contratos individuales.

Es este el sentido del Acuerdo sobre el nuevo modelo contractual firmado por el gobierno, Confindustria y los sindicatos colaboracionistas (Cisl y Uil al frente) y de toda la operación de Marchionne, que se destina a destruir el Contrato Nacional de Trabajo de los metalúrgicos, primero en Pomigliano, y después en todas las fábricas del grupo, con el aplauso del ilustre (para la burguesía) senador del Pd (centro-izquierda) Pietro Ichino.

En caso que alguien trate de obstaculizar de alguna forma la gran maniobra, están a punto dos viejas recetas tan caras para los patrones (que, también, si no existen más… saben hacerse respetar): el chantaje (el cierre de las fábricas) y el despido (después, si es preciso, también las cachiporras de la policía).

La fábrica serbia de Kragujevac
 
Lo “nuevo que avanza”, obviamente no prevé, de manera alguna, al sindicato ni, incluso, a aquel derrotista que, ante la falta de respeto de decisión de la justicia de reintegrar a los 3 trabajadores injustamente despedidos de Melfi, no propone nada mejor que indicar 2 horas de paro y, ante un ataque sin precedentes a la clase obrera, levanta la idea de una manifestación (un sábado, por lo tanto, ¡nada de huelga!) para el 16 de octubre.

Esta es, de hecho, una de las principales razones que llevará Marchionne a invertir 1 billón de euros en la fábrica de Kragujevac, en Serbia. Allí los sindicatos simplemente no existen. Otra, obviamente, es la economía en los salarios (un obrero serbio gana la mitad que un polaco y un quinto de un italiano) y, de hecho que, en virtud del acuerdo firmado hace dos años atrás, entre Belgrado y la Fiat, el Estado Serbio se encargará de los costos de construcción de la fábrica (operación muy cara, comparada con los aviones “humanitarios” de la OTAN, en el tiempo del gobierno de D'Alema, que descargaron cientos de toneladas de bombas y venenos) y entonces ceder la propiedad a la Fiat. La vieja Zastava (empresa de automóviles local destruida por los bombardeos) empleaba casi 3 mil trabajadores, de los cuales solamente un tercio será reaprovechado a corto plazo por Fiat, en tanto que el resto está en planilla de pago del Estado serbio. Incluso, por cada admisión, la Fiat recibirá 10 mil euros de financiamiento público. Una verdadera gallina de los huevos de oro que permitirá el doble de resultado, de una parte (en Italia), de recolocar el espectro del deslocamiento de las fábricas y, de otra parte, en la competencia en el mercado mundial, concluyendo así un negocio ejemplar para la Fiat.

Unir las luchas
 
El fin de este episodio, como es evidente, va mucho más allá que de las fábricas de la Fiat. En juego está el futuro de la clase obrera. Ningún resultado puede ser obtenido si la movilización no aglutina a todas las fábricas de Fiat (en Italia y en el mundo, visto que en el exterior los métodos de Pomigliano ya fueron empleados con éxito en Polonia como en Brasil, donde funciona un régimen de auténtico terror).

Es necesario que todos los trabajadores del grupo luchen por la misma causa. Además, este episodio, como hemos demostrado, es el caballo de Troya de la gran burguesía para destruir el Contrato Colectivo Nacional de Trabajo. No es por casualidad que Bonanni haya sido indicado por Tremonti como “hombre de Estado, que tiene profundo sentido de responsabilidad política”, adelantando el presagio para él de un futuro puesto en el Ejecutivo.

Por esta razón, la lucha en Fiat será un campo de pruebas fundamental para toda la clase obrera. De esa forma es necesario construir una plataforma que pueda y deba unificar al proletariado en torno a las consignas transitorias para hacer frente a la crisis y combatir al enemigo común. El mismo que quiere privatizar la escuela pública, que quiere explotar a los trabajadores hasta el límite de la resistencia humana, que los hecha a la calle cuando no sirven más, que sigan precarizados, sin derechos y sin casa. El mismo patrón que enfrenta a los obreros unos contra otros, nativos e inmigrantes, fomentando una guerra entre los pobres de la cual sólo él puede sacar ventaja.

El desafío por delante es inmenso. Las pequeñas huelgas y las manifestaciones los sábados no sirven para nada. Es necesario una prueba de fuerza general que, a partir de la ocupación de todas las empresas del grupo Fiat, de la señal verde para una nueva oleada de luchas obreras que lleguen hasta la expulsión de Berlusconi y la construcción de un gobierno de los trabajadores y para los trabajadores.

Y si hoy el proletariado aparece postrado y dominado por los patrones, en realidad lo que falta es una dirección que diga que todo esto es posible si nos organizamos. El enemigo no es invencible.

(*) Obrero metalúrgico, responsable nacional del trabajo sindical del PdAC.

Fuente: http://www.partitodialternativacomunista.org/
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Traducción: Laura Sánchez

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