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Hoy los estudiantes… mañana, los obreros
Escrito por Fabiana Stefanoni - PdAC   
Miércoles 08 de Diciembre de 2010 22:15
Luego de las movilizaciones de la semana pasada, cuya radicalidad es eficazmente sintetizada en la imagen de los estudiantes que tomaron el Senado, las luchas contra el DDL Gelmini (proyecto de decreto de la ministra de Educación, María Stella Gelmini, aprobado por la cámara de diputados, que suprime las investigaciones de Física, Matemáticas, Química, etc.) han explotado nuevamente con fuerza el martes, día de la votación final en las aulas.

Al menos, 1 millón de estudiantes, investigadores, trabajadores precarios, docentes salieron a las calles para decir no a los recortes y a la drástica aceleración de los procesos de privatización de la enseñanza pública. Después del despido de 180 mil trabajadores precarios de la escuela pública, el bloqueo a los aumentos salariales para los trabajadores del sector público (profesores e investigadores incluidos), la destrucción de la enseñanza pública secundaria, con la llamada “reforma” de la escuela superiores, ahora, el retorno a la cancelación definitiva de la universidad pública.

Centroderecha y centroizquierda unidas en las privatizaciones
 
Después de décadas de leyes bipartidistas (de Berlinguer a Fioroni por la centroizquierda, de Moratti a Gelmini por la centroderecha) que han desmantelado la escuela pública y acelerado los procesos de privatización, hoy el gobierno de Berlusconi infringe el golpe final a la universidad estatal. El DDL, que fue aprobado, prevé el drástico corte del financiamiento a las universidades: aquellos que tienen el balance en rojo no sólo verán redimensionados los recursos económicos, sino que tienen el riesgo de intervención. Se introducirán, en todas las universidades, consejos de administración, apertura a la participación de los bancos y las empresas, que transformarán la instrucción universitaria en una ocasión de inversión para el capital privado. La consecuencia inmediata será un aumento estratosférico de las tasas de matrícula: para compensar la “tala” del gobierno, los impuestos aumentarán sensiblemente, con la consecuente imposibilidad, para los hijos de la clase obrera, de acceder a una formación universitaria.

Todo esto es la lógica consecuencia de las leyes precedentes de los gobiernos de centroizquierda, que tuvieron autonomía para hacerlo: por esto son hipócritas y ridículas las expresiones de los Bersani, Vendola, Di Pietro y Ferrero, de apoyo a los investigadores y estudiantes. Por dar un sólo ejemplo, el decreto que ha transformado, primero, a los institutos escolásticos en fundaciones de derecho privado, lleva el nombre del propio Bersani (con el apretón de manos del secretario del Partido Demócrata, la precariedad de investigación ¡es como el beso de Judas!).

A todo esto hay que agregar el corte de la bolsa de estudio (ahora se habla sólo de algún “préstamo” como una ventaja para quienes lo… “merecen”), sea el congelamiento de los contratos a tiempo indeterminado de los investigadores (se habla de contratos trianuales renovables por solo dos veces, luego podrían pasar a la planilla de estables –perspectiva altamente improbable, teniendo en cuenta al turnover –despidos). La broma está en el hecho que, mientras aumenta la carga de trabajo para los docentes precarios, disminuyen los salarios y las garantías para el futuro: es, en realidad, el despido sin liquidación de miles de estudiosos y doctorados que han desarrollado por decenas de años actividades de investigación a cambio de una mísera bolsa de estudio.

La explosión de las luchas: un aviso para gobiernos y patrones
 
En toda Europa, las luchas estudiantiles están irrumpiendo con una fuerza que hace décadas no se veía. En Londres, las manifestaciones estudiantiles son casi cotidianas, con innumerables ataques contra los edificios del gobierno. En Francia, en todas las ciudades, existen coordinadoras de lucha entre obreros y estudiantes. También en Italia, en estos días, las masas estudiantiles,  junto con investigadores y docentes precarizados, invadieron las calles, las avenidas y las plazas de las principales ciudades italianas. Apenas el martes, cientos de miles de jóvenes, parafraseando slogans lanzados en estos días, “bloquearon las ciudades”. En Bolonia, miles de estudiantes crearon una barrera humana en la autopista. En Pisa, Génova, Padua y Cosenza, las estaciones de trenes fueron invadidas por la ola estudiantil.

Fueron ocupadas centenares de facultades y de institutos superiores. Se movilizaron, también, los centros universitarios, como los de Bérgamo y Brescia que, en las últimas décadas, no habían realizado ninguna actividad de protesta. Claramente, la fuerza de colisión de las luchas estudiantiles ignora el endurecimiento de las leyes de seguridad deseadas por Maroni (con graves sanciones penales para aquellos que bloqueen el tránsito y las calles). Esta es la demostración de que apenas con la movilización de las masas es posible revertir la relación de fuerzas. Como en la semana pasada, el centro de la protesta es Roma. Los estudiantes, en masa, cercaron al Parlamento; la policía, desplegando su fuerza, bloqueó a la marea humana, impidiendo el ingreso en el Montecitorio (sede de la Cámara de Diputados) con la colocación de carros. Pero los estudiantes no pararon e intentaron derrumbarlas.

Y ahora, ¡Huelga!
 
Las consignas de los estudiantes demuestran una mayor conciencia en relación a los años pasados. Las derrotas recientes, incluyendo la aprobación del Decreto Ley, precisamente el martes pasado, demuestran a los jóvenes que no es lícito esperar, sea lo que fuera de los partidos del gobierno, ni de sus interlocutores parlamentarios y gubernamentales. Por eso, hoy los estudiantes gritan: “nosotros no pagamos la crisis” o “volvamos a agarrar el futuro”. Por entre las consignas, está la conciencia fundamental de que este sistema económico y social nada tiene para ofrecer a las jóvenes generaciones. Pero, ninguna reivindicación podrá ser escuchada o ser victoriosa, si la lucha de los estudiantes no se alía a la de los trabajadores. Es necesario construir una gran huelga general europea, a partir de la cual dar vida a un plan de luchas, de modo que, en conjunto con la ocupación de fábricas y la creación de comités de lucha en todos los lugares de trabajo, se transformen las relaciones de fuerza a favor de las masas proletarias. La crisis del capitalismo muestra, en la piel de los jóvenes y de los obreros, que sólo la ruina de este sistema económico y la construcción de una economía socialista pueden garantizar un futuro a las jóvenes generaciones.

Fuente: 
http://www.partitodialternativacomunista.org/
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Dossier sobre la lucha de los estudiantes, los investigadores y los precarios

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