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El otoño caliente y la izquierda fría
Escrito por FRANCESCO RICCI   
Domingo 04 de Octubre de 2009 00:00

Los obstáculos a la construcción del partido que necesitamos urgentemente


La serie de Fibonacci y la de Ferrero[1]


La sucesión de las movidas los reformistas es previsible como la sucesión de las estaciones  en astronomía (de acuerdo, ya no existen las "medias estaciones") o los números de Fibonacci, en matemáticas. Conociendo la regla matemática (cada número es la suma de los dos anteriores) hasta un niño sabe prever el número siguiente (a 2 y 3 seguirá 5, luego 8, 13, 21, que es la suma de 8 y 13, etc.). Conociendo su regla histórica (a cada giro "a la izquierda", le sigue otro igual y contrario, en una trayectoria hacia los sillones de un gobierno burgués, que sigue siendo la misma), toda persona debería saber prever con exactitud dónde aparecerá Paolo Ferrero. Pero no es así.

 

Si volvemos a leer los comentarios al Congreso de Refundación Comunista del verano pasado (ruptura con la "derecha" partidaria y elección de Ferrero) veremos que el PdAC fue uno de los pocos que no creyó lo del "giro a la izquierda". Se llevaban por el entusiasmo con el saludo a puño cerrado del ex ministro Ferrero desde el palco del Chianciano a quién, creyendo lo del «punto de inflexión», esperaba del renovado grupo dirigente "a prueba" (la centésima prueba).
Si los números de Fibonacci (para volver a la matemática, que es menos árida que cierta política) son previsibles pero maravillosos, porque poseen propiedades especiales, se encuentran en los pétalos de las flores y las obras de arte, como la música de Bach; los movimientos de los dirigentes reformistas, en cambio, no satisfacen ni al ojo ni a la mente (aunque paguen los apetitos de lo burócratas).


Imprevisibles solamente para quien no sabe hacer  cuentas

 

Los números de Fibonacci son previsible spara quién sabe contar; las maniobras realizada por Ferrero son previsibles para quién sabe aplicar la experiencia de décadas del movimiento obrero en materia de "reformistas". Las cosas se hacen más complejas, en matemáticas, si uno no sabe hacer las cuentas, y, en política, si uno no sabe tener en cuenta ni siquiera la historia más reciente. Una historia que demuestra que los dirigentes reformistas no se transforman casi nunca en revolucionarios: menos aún diez minutos después de haber salido (a su pesar) de un gabinete ministerial.

 

El bertinottismo[2], es decir, el reformismo de estos años, una escuela en la que ha crecido no sólo Vendola[3] sino también Ferrero, es la mejor demostración del teorema arriba mencionado: cada aparente acción por la izquierda  siempre ha servido únicamente para acumular fuerzas para el posterior giro a la derecha. Es decir, para renegociar puestos de gobierno con la llamada "burguesía progresista" y, a cambio, convenciendo a los trabajadores que la lucha no debe desarrollarse sino de modo atenuada y no puede ir más allá de las columnas de Hércules: la sagrada propiedad capitalista y sus gobiernos.


Una vez más a la derecha

 

El Comité Político de Refundación Comunista, realizado a mediados de septiembre, ha aplicado el teorema. El giro a la derecha ha sido de proporciones iguales y contrarias al anterior viraje a la izquierda. Tan lejos habían ido en las primeras palabras (hasta a suscitar los entusiasmos de la izquierda interna, como Falcemartello[4] que ponía en primera página una entrevista a Ferrero: "No se vuelve atrás en el tema de la revolución"); que tanto llegan ahora aquí para contrarrestar.

 

Tan brusco fue el punto de inflexión que ha hecho caer de la secretaría a Falcemartello (manteniendo fuera a las otras minorías: la Ernesto y Contracorriente) mientras que ha incorporado, a la carrera, a la derecha ex vendoliana, promoviendo a Rocchi y Rinaldi a la secretaría. No es sólo un problema de grupos dirigentes (lo que sería de escaso interés): con esta nueva mayoría, Refundación se apresta a buscar nuevos acuerdos de gobierno con el PD para las elecciones regionales. Y, para demostrar a quien lo necesite que los puños cerrados cerrados y las banderas rojas de Chianciano eran sólo una escenografía, Ferrero ha llegado, incluso,  a hablar de una "legislatura de salvaguardia constitucional». Es decir, un "gobierno de un año» que, en el caso de que caiga Berlusconi, se ocupe de "conflicto de intereses, ley electoral y pocas otras cosas".

 

Ahora, como saben también aquellos que usan los periódicos para envolver los tomates, estamos en plena crisis económica del capitalismo y de una reanudación del enfrentamiento de clase que se anuncia por los techos de tantas fábricas[5]: cualquiera puede imaginar qué serían las "otras pocas cosas" que haría un gobierno de PD y la (UDC) democracia cristiana.

 

No sólo eso: si Berlusconi debe caer (por los problemas judiciales derivadas de una anulación del laudo Alfano) las hipótesis más probables son las elecciones o un gobierno de corto plazo con la "benigna abstención" del PD (hipótesis Scalfari). La disponibilidad mostrada por Ferrero es otra señal al PD y a la burguesía: el grupo dirigente de Refundación está poniendo en orden la casa (después de la escisión bertinottiana) y está dispuesto a resumir el papel de mayordomo de gobierno: hoy, en las regiones (sobre la base de los habituales "acuerdos de programa situación por situación" que, se aceptan apuestas, se harán por todos lados), mañana nacionalmente; entretanto  Refundación  busca garantizar un papel de tranquilizar las calles de otoño, cubriendo el lado político, siendo el sindical ya cubierto permanentemente por la Cgil de Epifani (lo que muestra su cena en Cernobbio con la Marcegaglia[6]) y la supuesta "izquierda sindical" de Rinaldini, que se ocupa de contener el "terreno más avanzado" (como ha reconocido la misma Marcegaglia).

 

También las posiciones sobre la guerra en Afganistán son una nueva prueba de fiabilidad a los ojos de la burguesía. Cierto, Refundación no puede hacer otra cosa que pedir la retirada de las tropas (para hacer olvidar que ha votado su envío): pero es una petición inocua si va acompañada de las afirmaciones de Ferrero ( "la paz se hace con los enemigos") que aclaran la lectura ferreriana de la consigna central de los comunistas ante la guerra ( "el principal enemigo está en su propio país"): Ferrero la lee al revés, de derecha a izquierda (según la tradición reformista, del 4 de agosto 1914 en adelante[7]). Los "propios" gobernantes (los imperialistas) son invitados a hacer "la paz", sentándose razonablemente a la mesa con las poblaciones que están matando (como si se tratase de un litigio por las meriendas, en lugar de guerras por los beneficios millonarios sobre los que se monta este sistema).

 

Este el esquema en que se mueve Ferrero (que quizá sueña de volver un día no lejano a su carácter de ministro "de lucha"). El problema para él es que no está dicho que el juego de acumular fuerzas a la izquierda, para luego gastarlos a la derecha, funcione aún: cierto que él ha estado "dos veces en el polvo, dos veces en el altar" pero no es el caso de creerse Napoleón si no se quiere pasar por loco.

 

Los centristas hacen los centristas


Quién nos lee sabe que, cuando hablamos de "centristas", no pensamos en los Casini (en el sentido de Pierferdinando) sino, retomando a Lenin, nos referimos a las organizaciones que oscilan entre reformistas y revolucionarios; en general, ajustando las acciones a los primeros y con las palabras a los segundos. En Italia, las dos fuerzas centristas más conocidas son Izquierda Crítica y el Partido Comunista de los Trabajadores (PCL por sus siglas en italiano). Es decir, las otras dos organizaciones que, como nosotros, nacieron de escisiones de Refundación Comunista.

 

Del PCL no hay mucho de nuevo por decir, siendo su actividad limitada a las participaciones mediáticas (en descenso) del líder. Salvo que, en algunas ciudades, es un partido que no actúa en el mundo real, en el sentido que del número de militantes declarados (tres mil hace un año, pero ahora quién sabe a que cifra hemos llegado) nadie ha conseguido nunca ver más de una cincuentena, en una plaza, y tres o cuatro en las asambleas nacionales del movimiento o sindicales. Y su función (pese a la buena fe de gran parte de estos compañeros) es sólo la de hacer de "telón de fondo" en caso que se acerque una cámara al líder. La propuesta central de PCL sigue siendo la del "parlamento de izquierda". ¿Qué es exactamente este "Parlamento"?, ¿cuál es su objetivo?, ¿a quién está dirigido?, ¿quién debería formar parte de él?, son preguntas sobre cuyas respuestas existe la máxima discreción.

 

El discurso de Izquierda Crítica es didtinto. Aquí ni siquiera tenemos la "organización arraigada" de la que hablaba Flavia D'Angeli en la campaña electoral hace un año (la verdad es que ninguna de las tres fuerzas a la izquierda de Refundación tienen hoy este "arraigo"). Pero aquí se reúnen militantes de carne y huesos y se reconoce hoy (por fin un poco de franqueza), en los textos para el inminente congreso, que "de la salida de PRC esperábamos más" y que la situación no es brillante.

 

Los documentos del congreso afirman una serie de cosas bastante genéricas y genéricamente compartibles sobre el análisis del mundo. El problema está con lo que falta en la propuesta política y estratégica. Falta (al contrario, es eliminado) la necesidad de construir un partido; falta (al contrario, queda excluido) el concepto de programa transitorio para ganar las masas en una perspectiva de poder de los trabajadores. Y estas dos faltas (partido y programa) se combinan bien con la permanente confusión centralista sobre la cuestión del poder (no hay sombra de autocrítica sobre el apoyo, aunque "distante", otorgado a Romano Prodi por parte de Turigliatto, por un largo período).

 

A esto hay que agregar que, sobre la necesidad de un partido comunista internacional, se da un paso atrás: no será más (como el NPA de Besancenot, en Francia) la sección del Secretariado Unificado (organización que va hacia una sustancial disolución y seguirá siendo sólo "una red de información"). Partido, programa, poder, internacional: los pilares de un partido comunista están siendo retirados, el proclamado techo se transforma en una ruina en polvo.

 

No es extraño, entonces, si, en contraposición al documento de la mayoría, se discutió un texto alternativo (de Antonio Ardolino y otros) que, con gran lucidez, propone explicitar lo que en el texto de Turigliatto es implícito, desarrollando la línea hasta a sus lógicas consecuencias: la necesidad "para esta fase" de un programa "radicalmente reformista" y la entrada (visto que no se habla de construir un partido) en la Federación de Izquierda junto con el PRC y PdCI.

 

¿Qué probamos a hacer, en cambio?


Habiendo pasado revista a la izquierda reformista y centrista, lo evidente es que ninguno de estos proyectos cumple las exigencias de la fase y un crecimiento organizada de las luchas, y por esta vía la construcción de una unidad de la clase: unidad que sólo puede efectuarse con plena independencia de la burguesía, de sus partidos, de sus gobiernos y de sus agentes burocráticos en los sindicatos y en los partidos: en una perspectiva de alternativa de poder de los trabajadores.

 

Esta exigencia es el centro del debate del II Congreso del PdAC (enero de 2010). Esta es la línea que estamos manteniendo con gran esfuerzo. De hecho, solos a la izquierda (¿qué otras fuerzas han tomado, por ejemplo, una posición internacionalista después de la muerte de los jóvenes soldados de la Folgore en la guerra colonial de Afganistán?).

 

Continuaremos en esta camino, con nuestra pequeña pero organizada fuerza, sabiendo aquello, por nosotros solos, no podemos hacer y continuando en el intento de involucrar al mayor número posible de aquellos compañeros que, hasta ahora, nos han observado, han seguido nuestra prensa y nuestro sitio, han estado con nosotros en la calle, están leyendo ahora este artículo y quieran comprometerse con nosotros en la construcción del Partido Revolucionario del que hay una tremenda y urgente necesidad.



[1] Paolo Ferrero: dirigente de Refundación Comunista

[2] Referencia a Fausto Bertinotti, fundador de Refundación Comunista y, por varios años, su principal dirigente.

[3] NIchi Vendola: ex dirigente de Refundación. Rompió por la derecha para sumarse a la construcción dek PD (Partido Democrático).  

[4] Revista de una corriente del ala izquierda de Refundación.

[5] Referencia a varios conflictos ocurridos en Italia en que los trabajadores se subieron al techo de la fábrica para llamar la atención de la prensa.

[6] Emma Marcegaglia, presidente de la Confindustria, principal organización patronal italiana.

[7] Fecha de inicio de la I Guerra Mundial, cuando los principales partidos europeos de la Segunda Internacional apoyaron a sus respectivos gobiernos imperialistas.


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