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¿Con cuántas crisis se hace una revolución?
Jueves 05 de Enero de 2012 19:01
Con la crisis económica, la “Primavera Árabe” y la Guerra Social en Europa, estamos viviendo las mayores transformaciones sociales desde la caída del Muro de Berlín, pero, ¿a qué dirección apuntan estos cambios?
 
Semejante al período de la Caída del Muro de Berlín, un cambio histórico se anuncia, aunque el sentido y la dinámica de las transformaciones sean todavía bastante inciertos. Sin embargo, distinto a aquel periodo, esta vez el epicentro de la turbulencia mundial está en el corazón del capitalismo. Estamos viviendo una nueva situación internacional caracterizada por la combinación de tres tipos de crisis: crisis económica global, crisis políticas y crisis del imperialismo.

¿Quién está en crisis?

Cuando se habla actualmente de crisis económica, ¿de que exactamente se está hablando? Después de tantas idas y venidas, ¿Cuáles sectores de la economía efectivamente están en crisis? “Crisis económica”, a grosso modo, es la interrupción del proceso de acumulación del Capital, cuando no se consigue obtener lucro con las nuevas inversiones.

Con el inicio de la crisis inmobiliaria, en el 2008, el sector bancario americano quebró y llevó consigo el mercado financiero mundial. En este momento, la crisis se tornó global, afectando a todos los sectores de la economía y a todos los países, resultando en una recesión económica en el 2009. El PIB de los países centrales (EUA, Japón y la Zona del Euro) cayó a 3,5 %, y el PIB mundial también sufrió una caída de -0,7 %, sólo no siendo más acentuado a causa de la manutención del crecimiento en China (9,2%) e India (6,8%), a contramano de la tendencia mundial.

Se inició la peor crisis económica desde la depresión de 1929. Una crisis de superproducción agravada por una brutal crisis financiera. Es el inicio de un largo periodo de decadencia de la economía imperialista, que puede durar de 15 a 20 años, y ser marcado por crisis fuertes y recuperaciones lentas, con una amenaza siempre presente de una nueva depresión.

2010: suspiro de recuperación y regresión social

En el 2010 comenzó el suspiro, con las primeras señales de recuperación de la actividad económica. Una vez más, China e India ocuparon un papel de destaque, ambas creciendo cerca de 10%, acompañadas también por el Brasil, que creció 7,5%. Aunque con un ritmo menor, los países centrales también recuperaron parte de su actividad económica creciendo en promedio 3%, lo mismo que los EUA y un poco menos que Alemania (3,6%) e Japón (4,0%).

En el caso de China, la manutención del crecimiento se debió a incentivos públicos destinados a la “burguesía costera” (sectores exportadores), inversiones en las industrias de acero y cemento, y a la presión por el no cumplimiento de la Nueva Ley de Trabajo, aprobada en el 2007. En el caso de Brasil, la recuperación del PIB fue proporcionada por el endeudamiento de los trabajadores.

Fue en los países centrales, sin embargo, que la situación se tornó más grave y más compleja. En los EUA y la Zona del Euro, las empresas consiguieron revertir la dinámica de caída del lucro (vea el gráfico). Dos aspectos son importantes para comprender eso. En el caso del mercado financiero, lo obvio: los planes de salvataje a los bancos produjeron la mayor transferencia de recursos públicos para el sector privado en la historia. Con ellos, el mercado financiero ganó oxígeno nuevo y, en el 2010, el volumen de activos financieros ya eran 10 trillones de dólares más que en el 2007, año anterior a la crisis (Instituto McKinsey. “Mapeamento do Mercado Global de Capitais”, agosto de 2011, p. 02).

Eso significa que, más allá de los casos particulares, el sistema financiero como un todo necesitó de apenas dos años para recuperar las pérdidas (y superarlas) de una de las mayores crisis económicas de la historia. Claro está que eso no está exento de contradicciones, pues la recuperación tan acelerada de las finanzas, al mismo tiempo en que el crecimiento económico mundial aún está letárgico, resulta en presión para nuevas burbujas especulativas. Una señal de eso es que también volvió a crecer la relación entre el capital financiero y el PIB, llegando a 356%, en el mundo, y a 462% en los EUA.

La mayor economía mundial, y la más avanzada tecnológicamente, consiguió aumentar sus lucros con un proceso de regresión social. La participación de los salarios en el PIB del país se redujo cerca de 2% desde 2008, acentuando una caída que se da desde los años 2000. En el sector productivo, la recuperación del lucro no fue resultado de inversiones en capital fijo (máquinas e equipamientos, que permiten aumentar la productividad del trabajo); de hecho, éstos cayeron -2,7% en el 2009 en los EUA. A pesar de eso, la “productividad” del trabajo aumentó 3,5% en el mismo periodo, debido a la intensificación de las tareas.



El desempleo, a su vez, saltó de 5,8% a 9,6% entre 2008 y 2010, y quedó aún mayor entre la población negra (de 10 a 16%), latinos (de 7,5 a 12,5%) y madres solteras (de 8 a 12,3%), sectores tradicionalmente marginalizados y una de las principales bases electorales del gobierno de Obama. En el caso europeo, la situación es semejante: aumento del desempleo (de 7,6 a 10%), retracción de los salarios e innúmeros cortes sociales y de derechos laborales. La diferencia es que, en la Zona del Euro, está mucho más difícil administrar la deuda pública que en EUA. En síntesis, 2010 fue un año de gran regresión social para la clase trabajadora mundial, principalmente europea y norteamericana. La tasa de desempleo ha llevado a esos países a parecerse a América Latina, lo que posibilitó la leve recuperación de sus respectivas economías, ya sea por vías directas (aumento de la explotación del trabajo), o por vías indirectas (endeudamiento público y reducción de la red de protección social).

Pero, incluso con el crecimiento de la tasa de lucros, las grandes empresas no regresaron  a las inversiones a gran escala. El grado de ataque a los trabajadores todavía está lejos de ser suficiente para garantizar una nueva fase de crecimiento del capitalismo.

Para abrir la perspectiva de una salida a la crisis, el Capital asume una guerra social contra el proletariado. El objetivo es acabar con el llamado “Estado de Bienestar”, o sea, con las conquistas del proletariado de los países imperialistas desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Eso significa acercar el nivel de vida de esos trabajadores, a los de América Latina. Como un efecto cascada, los latinoamericanos serían rebajados a los niveles chinos, y los chinos a un nivel aun más bajo. Junto con eso, la regresión  de países imperialistas periféricos (como Grecia, Portugal y otros) a un status semicolonial.

2011: De la regresión social a las revoluciones y la resistencia

Felizmente, 2010 terminó más temprano que de costumbre, más precisamente el 18 de diciembre. Al día siguiente, ocurrió en Túnez, la primera gran manifestación contra el desempleo y el aumento del costo de vida en el país. El desarrollo de los acontecimientos instaló una nueva fase de la crisis, transformándola en crisis política.

En el norte de África surgieron las primeras grandes victorias de los trabajadores desde el inicio de la crisis económica, con el derrocamiento de tres gobiernos aliados del imperialismo.

En varias ciudades del mundo surgieron plazas Tahir y una explosión de luchas sociales de todos los tipos barrieron el mundo occidental, aumentando la resistencia de la clase trabajadora frente a los planes neoliberales. Grecia vivió seguidas huelgas generales, que se extendieron a España, Portugal e Inglaterra. El movimiento de los indignados expresó la radicalización de la juventud, de amplias capas de la clase media y del proletariado sin perspectivas de mantener su nivel de vida. Ocuppy Wall Street marcó el inicio de movilizaciones populares en los EUA y se transformó en “Ocupe los EUA”.

La reacción de los trabajadores y de la juventud nubló todavía más el panorama económico. La necesidad de imponer los planes económicos de austeridad se transformó en crisis política. Y esto terminó por agravar la crisis económica: el ensayo de recuperación económica fue sustituido por las señales claras  de una nueva recesión, la recuperación del mercado financiero, por el retorno de la inestabilidad y la administración de la deuda pública europea no consiguió alejar la posibilidad de incumplimientos.

Dilemas, perspectivas y desafíos

A los ojos del capital, los dilemas para la crisis actual son: a) recuperar el crecimiento económico, b) estabilizar el sistema financiero y c) administrar la deuda pública. A corto plazo, ninguno de ellos es posible.

El crecimiento económico en los países centrales no está siendo recuperado porque la burguesía duda de nuevas inversiones debido a la crisis política que se abre con la lucha de los trabajadores. Los planes de austeridad también son en sí mismos recesivos, por cortar en inversión pública, salarios y derechos.

O sea, las medidas que viabilizaron la leve recuperación en el 2010 son las mismas que están causando la recesión actual. No se trata de saber si la recesión comenzará en el cuarto trimestre del 2011, en el primero del 2012 o un poco después, sino de cuál será la intensidad de ella. La perspectiva para los próximos años, en caso de que se mantengan las políticas de los gobiernos actuales, es de largas fases de bajo crecimiento económico, alternando con periodos de recesión, principalmente en los países centrales. Y todavía sigue abierta la posibilidad de una nueva depresión.

Vale recordar que este escenario no significa inmediatamente perjuicios para el Capital, ya que aún le resta apostar en el mercado financiero.

Nuevas turbulencias financieras
 
Es justamente esto lo que los capitalistas han hecho: apostado a la valorización de los activos financieros para garantizar su rentabilidad. Sin embargo, como las finanzas no crean riqueza nueva, la valorización del capital financiero depende de la creación o transferencia constante de valor de otro sector. Antes de la crisis, los nuevos recursos fueron garantizados por el crecimiento económico y el endeudamiento público. Con la crisis y la recesión, el endeudamiento público pasó a cumplir este papel solo.

Los paquetes a los bancos no fueron utilizados para abrir líneas de crédito para el sector productivo. Estos recursos fueron usados para aumentar aún más la especulación financiera, siempre con la posibilidad de la formación de nuevas burbujas. O sea, las mismas medidas que llevaron a la estabilización del mercado financiero en el 2010 contribuyeron, junto con la crisis de la deuda pública, a las turbulencias financieras en el 2011. En este sentido, la perspectiva para el 2012 es el aumento de la inestabilidad, con la posibilidad de formación de nuevas crisis financieras y quiebras de bancos en la Zona del Euro y de los países europeos.

Cada vez que eso ocurre, una fuga de capitales para las inversiones consideradas seguras provoca la caída de las bolsas en todo el mundo, desvalorizando las acciones de las empresas y profundizando todavía más el cuadro recesivo. Irónicamente, una regulación del mercado financiero limitándose apenas a contener la especulación para evitar una nueva crisis financiera, sólo la anticiparía. El primer país que quiera solo regular el mercado financiero en vez de estatizarlo, será el primero en sufrir con la fuga de capitales. El reformismo, que siempre fue presentado como ‘realista’ por la social democracia, es la propuesta más utópica entre las que están colocadas sobre la mesa.

Con bajo crecimiento económico y sobreacumulación de capital, la estabilidad financiera en Europa en corto plazo sólo puede ser conseguida por una estatización del sistema financiero sin indemnización. Es claro que esto no interesa al Capital. Siendo así, sus esfuerzos no fueron para superar la crisis a corto plazo, sino administrarla por medio del carácter rentista del Estado. Visiblemente, eso está agravando la crisis.

¿Cuáles son las alternativas?

Cuando las grandes crisis económicas del Capital también se vuelven grandes crisis políticas de los gobiernos y de los regímenes burgueses, la confrontación entre capital y trabajo resulta en cuatro tipos de salidas históricas: contrarrevolución, reformas sociales, contrarreformas y revoluciones. La contrarrevolución fue ampliamente utilizada, ya sea por el nazi-fascismo en Europa a partir de los años 1920, como por las dictaduras militares en América Latina durante casi todo el siglo XX. En vez de una demostración de fuerza del poder burgués, ella demuestra su debilidad, pues expresa su incapacidad de mantener la dominación burguesa sin recurrir a la represión directa y sistemática de las reivindicaciones de los trabajadores y de sus organizaciones.

La implementación y expansión de reformas sociales fue la alternativa del Capital para salir de la crisis de 1929 en los EUA y contener la amenaza de una revolución social en el fin de la Segunda Guerra Mundial. El periodo fue marcado por la hegemonía del capital industrial y por la creación del Estado de Bienestar. Esta vía de acumulación entró en crisis en los 1970 y las contrarreformas neoliberales se constituyeron como su alternativa, las que, por su parte, también entraron en crisis en la década pasada.
 
Cambio de estaciones

Con la crisis de la deuda pública en Europa y la guerra social en curso, una vez más estamos delante de crisis históricas. Su solución ya no cabe en los salones estrechos de las reuniones del G20, su resultado será en las plazas europeas. El proyecto de la burguesía ya está diseñado: completar la privatización del Estado iniciada en 1980, profundizando las contrarreformas neoliberales. Para salvar la Zona del Euro, el capital optó por sacrificar su periferia. Es necesario atacar el Estado de Bienestar en el conjunto de Europa, y no dejar cualquier resquicio de él en países como España, Grecia, Portugal e Irlanda. Existe la tendencia de que esos países también tengan su status imperialista degradado a semicolonial. Al mismo tiempo, ellos podrán volverse un cinturón de ejército de reserva que irá presionando a la clase trabajadora de los países centrales a que también acepten los paquetes de ajustes.

Aunque consiga aplicar los planes de austeridad, nuevos planes serán necesarios. El ataque del capital está apenas iniciándose, y no hay garantía alguna de su efectividad. La caída reciente de varios gobiernos es un termómetro del aumento de la crisis de dominación burguesa. Incluso las medidas simples de la democracia burguesa que hasta ayer eran muy utilizadas, como los plebiscitos, hoy tienen el poder de poner en riesgo a la Unión Europea. El próximo periodo puede llevar a situaciones y crisis revolucionarias en países imperialistas, lo que no ocurría desde la revolución portuguesa de 1974. Es la lucha de clases la que va a decidir el curso de la crisis económica.

Como los revolucionarios bien saben, lo que está en juego es un cambio histórico que será decidido en los próximos años. Como la caída de los Estados del Este europeo colocó en jaque al socialismo, ésta crisis puede colocar de nuevo el dilema capitalismo-socialismo en el orden del día. El invierno de los europeos está llegando, y promete ser riguroso, pero las primaveras árabes decidieron quedarse por un tiempo más. Como el mundo está realmente muy cambiado, vamos a ver quién tiene la fuerza para cambiar las estaciones.

Daniel Romero es miembro del Ilaese – Instituto Latinoamericano de Estudos Sócio-econômicos - de Brasil

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