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¡Aquí estamos y no nos vamos!
Jueves 16 de Febrero de 2006 00:00
¡Aquí estamos y no nos vamos!

Marcha de inmigrantes concentró a 300,000 personas en Chicago

A viva voz, este es el mensaje que le dio a los políticos y a los
cazamigrantes la inspiradora manifestación del 10 de marzo en Chicago. Según la prensa latina, la marcha concentró a 300,000 personas.

Como símbolo de la importancia de los inmigrantes para la economía
estadounidense, ola tras ola de trabajadores, estudiantes, familias enteras,
incluso ancianos en sillas de ruedas, abarrotaron la ruta de la marcha, que se
extendió por más de dos millas, desde los barrios del oeste de la ciudad hasta
la sede del gobierno federal en el centro.

La marcha estaba permeada de un sentimiento de ira contra los políticos
que quieren criminalizar a los inmigrantes. "¿Porque no presentarse a
manifestar?", preguntó Francesca Carate. "Cuándo te están oprimiendo, cuando quieren sacarte tus derechos y decirte que tú no sirves para nada porque tú eres hispano--¿quién tiene el derecho decir esto?"
Un padre llevaba una pancarta que decía en inglés: "Bush, mi hijo mexicano murió en Irak".

  "Vine para apoyar a todos los inmigrantes, todos los que no tienen
papeles", le dijo Alfredo, mexicano radicado en Chicago por 14 años, a Obrero
Socialista. Los indios americanos no dicen nada [de sacar] a todos los que
están aquí. Si todos nos vamos de aquí, EEUU no tiene nada, ni para armamento
para la guerra".

 Esta indignación se combinaba con una sensación de confianza en la
posibilidad de organizar a las masas de inmigrantes y sus
simpatizantes. "[Esta marcha] es maravillosa. Tenemos que realizar más
manifestaciones de este tipo, le dijo Chilo González, carpintero que ha vivido
en Chicago por 22 años, a Obrero Socialista. "Tenemos que alzar nuestras voces
por nuestros derechos. Si nos callamos, nadie va a prestarnos atención".

 Frecuentemente, grupos de manifestantes coreaban las consignas "Sí se
puede" o "El pueblo unido jamás será vencido".
La razón principal que impulsó la marcha fue la aprobación en diciembre
de la ley H.R. 4437 por la Cámara de Representantes. El proyecto de ley, que
fue sometido por James Sensenbrenner (Republicano de Wisconsin), convierte a
muchos inmigrantes indocumentados (y también a ciertos residentes permanentes)
en "criminales peligrosos"--criminalizando no solo a los inmigrantes
indocumentados, sino también a los trabajadores sociales, a los trabajadores
de la salud y a cualquier individuo u organización que provea asistencia a
inmigrantes indocumentados.

La ley de Sensenbrenner no sólo les da mayor autoridad a los oficiales
policiales estatales y locales para actuar como agentes de inmigración, sino
que les quita a los tribunales federales el derecho de revisar los asuntos de
inmigración. En resumen, la ley devastaría la fuerza de trabajo inmigrante,
encarcelaría a trabajadores, separaría a familias, deportaría, encarcelaría y
les negaría acceso a vistas judiciales a los inmigrantes.

Aunque había pocas columnas organizadas por los sindicatos, la marcha
tenía un carácter abrumador de la clase trabajadora de Chicago, de sus
suburbios y de los estados más cercanos a Illinois. Grupos de obreros de las
panaderías y restaurantes, de fábricas y sitios de construcción--algunos con
sus uniformes de trabajo--salieron directamente de sus lugares de trabajo para
asistir a la marcha. Esto es lo más cerca de una huelga general que se ha
visto Chicago en muchas décadas.

Los estudiantes de las escuelas secundarias también constituyeron una
gran porción de la manifestación. El grueso de los manifestantes provenía de
México, pero asistieron otros grupos de inmigrantes provenientes de países
como Ecuador, El Salvador, Guatemala y de los países no latinos como Polonia e
Irlanda. Delegaciones de musulmanes se presentaron a la marcha en lugar de ir
a rezar a sus mezquitas como se les requiere a los devotos los viernes.

A pesar de que la mayoría de los manifestantes apoyaban la ley McCain-
Kennedy como "el mal menor", las demandas más importantes de la marcha fueron
mucho más radicales que las que son impulsadas por los Demócratas. Por
ejemplo, la marcha exigió que se le otorgue la amnistía a todos los
inmigrantes y que el estado de Illinois se convierta en un santuario para los
inmigrantes si se aprueba la ley de Sensenbrenner.

 Los Demócratas --inclusive Rod Blagoevich, el gobernador del estado, el
senador Dick Durbin y el alcalde Richard Daley-- hablaron en términos vagos
sobre su apoyo a los inmigrantes; pero los manifestantes estaban más
interesados en el poder de sus números que en los discursos de los políticos.

De más relevancia para los participantes fueron las presentaciones de
los activistas y de la gente común, como el discurso de Elvira Arellano.
Elvira, una madre soltera con un hijo que es ciudadano y la presidenta de
Familias Unidas, se ha convertido en una activista prominente en defensa de
los inmigrantes desde 2002, cuando fue despedida de su trabajo en el
aeropuerto O'Hare debido a su status ilegal después de ser arrestada durante
una redada por agentes de seguridad doméstica. "No somos terroristas. No somos
criminales", le dijo Elvira a la multitud. El congresista Sensenbrenner no
puede separarnos", porque "aquí estamos. Somos un pueblo sin fronteras".

 La marcha en Chicago ocurrió tres días después de otra protesta de
20,000 personas en contra de la ley de Sensenbrenner en Washington, DC. Estos
sucesos indican el nacimiento de un nuevo movimiento, no solo por los derechos
de los inmigrantes sino como un movimiento por los derechos civiles como
ocurrió en los años 60.
Es la hora de unirnos para luchar por nuestros derechos y decirles a los
políticos y a los cazamigrantes que: "Ningún ser humano es ilegal".

Publicado en Obrero Socialista, periódico en español de la ISO (International Socialist Organisation) de EE.UU (marzo-abril 2006).    


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