| El fracaso de una patética democracia |
| Escrito por Tomi Mori | |
| Lunes 18 de Octubre de 2010 23:57 | |
La situación política en Nepal flota entre lo patético y lo dramático. Puede parecer irrespetuoso poner la cuestión de tal manera, tratándose de la situación de un país, pero es difícil encontrar palabras adecuadas para caracterizarla.
El día 30 de junio de este año, el primer ministro Madhav Kumar Nepal oficializó su renuncia. Desde entonces, ya pasaron más de tres
meses y han sido realizados nada menos que diez intentos para reelegir un nuevo primer ministro. Todos ellas fracasaron.
Un gobierno que no gobierna
Es una situación única, donde un país sigue tanto tiempo con un gobierno que no gobierna y no hay ninguna garantía de que la encrucijada sea solucionada en los próximos días, ya que la propuesta de formación de un gobierno de consenso, intentada varias veces anteriormente, todavía parece una misión imposible. La ironía es, exactamente, la falta de consenso entre los tres principales partidos nepaleses, el Partido Comunista de Nepal Unificado (maoista), el Partido Comunista de Nepal (Unidad Marxista Leninista) y el Congreso Nepalés, para reestructurar una coalición fragmentada anteriormente, en 2009, con la salida de los maoistas del frente popular nepalesa. Lo que existe en Nepal hoy es un vacío de poder que, históricamente hablando, es una de las condiciones para que pueda haber un cambio radical, es decir, una profunda revolución social.
La caída de Nepal, el primer ministro
La renuncia del primer ministro Nepal, en junio, fue el resultado de la huelga general revolucionaria realizada en mayo. La huelga general, que paralizó el país por varios días, hizo inviable completamente su gobierno, derrumbándolo en la práctica, a pesar de su renuncia anunciada de forma tardía, semanas después. Tras la poderosa huelga, surgió en el escenario político la propuesta de formación de un gobierno de consenso seguida de una profunda crisis política.
La huelga general de mayo fue un episodio más del profundo proceso revolucionario que lleva años. Nepal vivió una guerra popular, encabezada por los maoistas, que duró diez años, que derrumbó al rey Gyanendra con poderosas manifestaciones de masas en el 2006 y llevó a la instalación de la última democracia burguesa en el planeta, la República Federal Democrática de Nepal, en el 2008.
Un régimen democrático innecesario
El derrumbe de las monarquías europeas y el ascenso del régimen democrático burgués tuvo un carácter revolucionario en su inicio, pero ya en el siglo XIX se había transformado en un sistema reaccionario que necesitaba ser derribado. El régimen democrático-burgués en Nepal tuvo un nacimiento tardío, en el siglo XXI, y absolutamente anémico. Incluso ni habría sido necesario si las masas nepalesas tuviesen en su dirección un partido revolucionario, como el bolchevique, que dirigió la revolución de Octubre, en 1917, en Rusia. La democracia burguesa en Nepal es un resultado tardío, innecesario y reaccionario de una estrategia de revolución por etapas idealizada por los maoistas nepaleses que, a contrapelo de llevar a las masas rumbo a la toma del poder, intenta por todas las formas de amordazarlas en el callejón sin salida del régimen democrático.
Nepal es un país atrasado, subdesarrollado, que, en plena globalización, no tiene como atender las necesidades de las masas, las más elementales, en los marcos del anémico régimen democrático nepalés.
La huelga general de mayo provocó una crisis política tan grande que llevó a los principales partidos, el PCdoN (U), maoista; el PCdoN (UML) y al Congreso Nepalés a reunirse innumerables veces para formar un nuevo gobierno de consenso, un nuevo frente popular, que no se materializó, pues no hay como hacer que la crisis, cuyo elemento central es la revolución nepalesa, sea terminada con un golpe político de los tres principales partidos. Y aunque venga a materializarse, será en los marcos de profundas concesiones políticas hecha por los maoistas. Un “consenso” contra las masas nepalesas.
Madhav Kumar Nepal, del Partido Comunista de Nepal (UML), desafía todas las leyes de la física política ya que, aún estando caído, sigue en pie, como primer ministro provisional. Y nadie sabe exactamente cuando dejará la sed del gobierno. Vista desde este ángulo, es una situación patética.
La falta de capacidad para elegir un nuevo primer ministro representa el fracaso, la propia incapacidad del anémico régimen democrático burgués de sobrevivir en Nepal. Pero vista desde el ángulo histórico es una situación dramática.
Desde la huelga general, las masas habían sido enviadas de vuelta a casa y ahora tienen que observar a diario las peripecias de sus dirigentes políticos. Ninguno de los problemas que hicieron que libraran una guerra de diez años, que se movilizaran para derrumbar un rey y protagonizaran una histórica huelga general revolucionaria fue resuelto.
La crisis alcanza a todos los partidos
Desde mayo, no sólo los partidos burgueses, como el Congreso Nepalés, o como los comunistas del PCdoN (UML) están viviendo una profundidad de la crisis política en sus hileras. Pero la novedad es que la crisis alcanzó en pleno el PCdoN (U), maoista. En los últimos meses se volvió difícil entender la posición de ese partido que, hasta mayo, parecía ser un bloque monolítico, por el hecho de que sus dirigentes salen en la prensa defendiendo posiciones distintas unas de las otras. Eso demuestra una profunda crisis en sus hileras y debe ser también uno de los motivos para que la crisis nepalesa siga en la actual encrucijada. El sector más radical del partido, semanas atrás, se posicionó en el sentido de que es necesario prepararse para la toma del poder, pero los principales dirigentes, Dahal y Battharai, que lideran facciones distintas, se posicionan por el gobierno de consenso.
El actual fracaso del régimen nepalés lleva, a dos caminos irreconciliables. Uno de ellos a la implantación de un régimen dictatorial, ya que la burguesía en crisis no tiene como gobernar bajo un régimen democrático que no funciona. El otro, es que las masas nepalesas tomen los destinos en sus manos y formen un gobierno propio, obrero y campesino, a través de organismos de poder revolucionarios.
La necesidad de un gobierno obrero y campesino
El patético fracaso de la democracia burguesa en Nepal no deja margen de duda en cuanto a la necesidad de formación de un gobierno de las masas, un gobierno obrero y campesino. Un gobierno que entierre el régimen democrático nepalés e instaure uno nuevo, basado en organizaciones democráticas de las masas nepalesas. La actual inexistencia de un auténtico partido revolucionario hace que la situación de crisis política se vuelva una caja de dudas. Una de las últimas afirmaciones de un sector de los maoistas es de que las próximas semanas será necesario volver a las manifestaciones de masas. Si fuera verdad, otra vez la revolución nepalesa estará de vuelta.
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