| Gobierno García no previene y no ayuda al pueblo damnificado |
| Escrito por Nuevo PST - Perú | |||
| Miércoles 10 de Marzo de 2010 02:04 | |||
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Son fenómenos climáticos, pero mucho tiene que ver en ellos la voracidad del capitalismo depredador. Y frente a los hechos la responsabilidad del gobierno salta a la vista: Alan García no está preocupado por asistir a la población necesitada sino más bien por los grandes negocios.
Por ejemplo, frente la las torrenciales lluvias en Cusco, con su llamado a “no causar alarma sobre el problema”, el gobierno se afanaba por normalizar el turismo pero dando la espalda a los que quedaron con el lodo hasta el cuello. El gobierno actúa con la misma indiferencia criminal que ante el terremoto que afectó al sur, donde aún hoy, cerca de tres años después, la población sigue durmiendo sobre escombros.
Los desastres se extienden hacia el Norte y hasta ha tocado las puertas de
Organicemos la ayuda obrera y popular a los damnificados
En esta situación se hace necesaria la autoorganizacion popular para unificar las acciones de rescate y auxilio inmediato así como para distribuir la ayuda. Hemos visto que en Cusco la ayuda no se destina a los más necesitados, y en Haití, aun siete semanas después del terremoto, sólo se reparte entre funcionarios y barrios pudientes.
A las organizaciones obreras y populares de los centros urbanos, y sobre todo de Lima donde se concentran los organismos nacionales como
Por otro lado, para hacer más efectiva la ayuda, tenemos que obligar al gobierno, mediante la movilización, a destinar los recursos públicos que la situación exija, y en la medida que la situación lo exija. "No hay plata" no es un argumento válido cuando hay un puñado de grandes empresas mineras obtienen ingentes ganancias (US$ 12,500 millones de
Iniciativas que hay que reforzar
Algunas iniciativas se vienen dando en el sentido de organizar la solidaridad obrera y popular, sin renunciar al papel que deben jugar organizaciones como
Es necesario reforzar ambas iniciativas y generalizarlas, de esa manera estaremos reforzando también la organización obrera y popular. Finalmente, sólo un gobierno organizado por los propios trabajadores y campesinos actuará con previsión, cuidando el medio ambiente y evitando al máximo las desgracias humanas.
Cusco: Una tragedia anunciada
En Cusco no sorprende vivir días interminables de lluvia y tormentas eléctricas. Lidiar con las calles convertidas en ríos, con alcantarillas que ya no sirven, y más. Lo nuevo es que estas lluvias han destruido casas, desaparecido pueblos enteros, llevándose entre lodo y piedras las esperanzas de miles.
A pesar de que Cusco es el centro del turismo nacional por contar con Machupicchu, una maravilla mundial, resulta irónico que sea una de las ciudades más pobres del Perú. La desnutrición infantil tiene aquí los índices más altos del país; entre el 51% y 63% de la población es pobre.
Gracias a que las cámaras de televisión enfocaban a los turistas varados, hubo un plan de rescate para ellos, pero los damnificados por los desastres naturales están prácticamente en el abandono. La mayoría de la población afectada por las lluvias vive en zonas rurales, a duras penas se auto-sostiene con los productos de la chacra, cada vez son menos los campesinos que producen para la venta en el mercado y menos aun ven a esta actividad como un negocio rentable.
Por otro lado, los barrios marginales, que son los más afectados por las lluvias, están construidos de forma precaria en lugares que los planes de crecimiento urbano elaborados después del terremoto de 1950 ya advertían como peligros.
En las últimas décadas, la población más pobre, como una solución desesperada frente a sus problemas de vivienda, fue ocupando desordenadamente riberas, lechos de lagunas, laderas inestables, etc. Muchas autoridades, conociendo estos peligros, dejaron pasar para no perder apoyo popular, pero sobre todo por incapacidad de responder a las necesidades del pueblo. Las “asociaciones pro-vivienda”, los “asentamientos humanos” se asentaron en lugares de alto riesgo y hasta con mucho empeño y con luchas consiguieron agua, desagüe, luz, escaleras, carreteras, wawa huasis, colegios.
Datos de la tragedia en Cusco
Los datos nos hablan de 90,600 personas damnificadas, 7,021 viviendas destruidas, 11,097 viviendas afectadas. Sin embargo, el gobierno central ha minimizado los hechos, también ha preferido pasar por alto a los alcaldes distritales y provinciales de oposición, distribuyendo en forma interesada y proselitista la ayuda humanitaria a través de los gobernadores nombrados a dedo por el partido en el poder.
Así han iniciado la campaña electoral entre el barro, la lluvia, las lágrimas y el dolor de los que lo han perdido todo.
Gobierno: desidia e incapacidad
Una advertencia del SENAMHI de agosto anunciando un Niño de leve a moderado, y su recomendación de diciembre de pasar a "alerta naranja" en las regiones hoy afectadas por las lluvias, casi un mes antes de ocurrida la desgracia, fue desoída por los gobernantes.
Si en los ríos se hubieran hecho trabajos de defensa ribereña para soportar para soportar la crecida por las lluvias, si se hubieran preparado brigadas de socorro, si nuestro país no estuviera más preocupado por mantener una fuerza militar de ocupación en Haití o no estuviera comprometido hasta el tuétano en salvar la economía de los ricos, si tan solo fuésemos dueños y no viviéramos como invitados en nuestra propia tierra, tal vez el desastre no pasaría de ser una anécdota desagradable. La desidia, la negligencia, la falta de previsión, la negativa a otorgar recursos, etc. son las causas de que el fenómeno natural se haya visto magnificado y hoy afecta directamente la economía regional y a distintos sectores laborales. Luego de los desastres la lista de desocupados se ha disparado a más de 5 000 trabajadores que hoy engrosan la lista de damnificados. Ellos no reciben ayuda humanitaria.
Fuente: Bandera Socialista, nº 58, marzo 2010
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El fenómeno del Niño, agudizado por el calentamiento global, viene causando lluvias torrenciales en amplias regiones del interior, destruyendo viviendas, puentes, carreteras, extensas áreas de cultivo y afectando a miles de campesinos pobres; también causa sequías en otras localidades, con consecuencias no menos inclementes. 















