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Patronal con sartén por el mango ante inexistencia de alternativa de trabajadores
Escrito por Nuevo PST - Perú   
Lunes 27 de Septiembre de 2010 21:31
El próximo 3 de octubre se celebran elecciones municipales, regionales y el referéndum fonavista, y los trabajadores de la ciudad y el campo tendremos que concurrir a votar.

Nosotros representamos la mayoría nacional, manejamos las máquinas, perforamos las minas, realizamos los tejidos y confecciones y sembramos la tierra. Los que hacemos posible que la economía nacional venga creciendo de manera casi sostenida desde hace seis años generando gigantescas ganancias empresariales, mientras trabajamos con contratos precarios, nos pagan salario mínimo y sufrimos despidos cuando exigimos nuestros derechos. Nosotros, sin embargo, vamos a decidir quiénes ganarán en estas elecciones. Vamos a decidir pero no tenemos candidatos que nos representen, que hablen por nosotros, que levanten nuestros reclamos, que propagandicen nuestras luchas.

Las elecciones son una oportunidad para que los trabajadores coloquemos en las instituciones del Estado, a nuestros mejores dirigentes y podamos utilizarlas al servicio de nuestras luchas. Estas instituciones fueron diseñadas para servir a los intereses de los empresarios: los municipios para que limpien la ciudad y ordenen el transporte; el Congreso para que dicte las leyes que necesitan los empresarios. Por eso ellos “escogen” vía elecciones y partidos que le son propios, a quienes puedan desempeñar bien dichas funciones.

Los trabajadores haríamos lo contrario: postularíamos a un alcalde para administrar la ciudad no a favor de los empresarios sino de los más pobres (con programas de empleo, salud, educación, vivienda) y para apoyar la lucha de los trabajadores. Igual haríamos en el Congreso: elegiríamos a nuestros dirigentes más probados para utilizar la tribuna parlamentaria al servicio de nuestras luchas.

Sin embargo el voto de obreros, campesinos y trabajadores se repartirá sin entusiasmo entre diversas opciones por la sencilla razón de que no tenemos una herra­mienta política propia, inde­pendiente, de los trabajadores y campesinos, que nos represente. ¿Por qué? Porque la CGTP se negó a articular una alternativa de los trabajadores y se colocó al servicio, a través de Mario Huamán, del proyecto de Ollanta Humala. Y lo mismo han hecho los llamados partidos de “izquier­da”, que a la postre poco o na­da representan o defienden a la clase trabajadora.

Por ello los candidatos y partidos en contienda nos resultan ajenos cuando no directamente repudiables, y debemos escuchar y escoger entre una verdadera fauna de promesas electorales. Enton­ces en necesario que veamos ante qué escenario nos encontramos.

El gobierno y las elecciones

Para Alan García y la derecha patronal, más allá de ele­gir a los “mejores” administradores de la ciudad y de las regiones, se trata de elegir a los que mejor pueden asegurar la continuidad de su política económica y en especial, con el triunfo en la Capital, facilitarle el camino para hacer elegir a uno de los suyos en las generales del 2011. Por ello, el candidato de García en Lima era el fujimoris­ta Alex Kouri (para sumarle votos hasta hizo renunciar al candidato del Apra), pues le daba seguridad (según confesó a un grupo empresarial chileno) que la elección del 2011 se decidiría entre sus dos criaturas preferidas: Luis Castañeda y Keiko Fujimori.

Lourdes Flores representa otra opción patronal. Cuando se lanzó al ruedo trazando una línea entre el fujimorismo y la “decencia” estaba afirmando que dicho sector no está de acuerdo con el conti­nuismo de la mafia en el poder (los faenones, la impunidad para Fujimori, Montesinos y los que se han enriquecido a la sombra de Alan García), que está hastiado que los negocios se manejen con “aceitadas”, que impere la impunidad y el autoritarismo que solo acarrean más polarización y atizan el descon­tento social. La “decencia” no pretende ningún cambio en la política económica, sino un manejo ordenado del Estado y de los intereses patronales para hacerlo más atractivos a los mercados y los acuerdos internacionales.

Este importante sector detrás del cual se encuentra Lourdes Flores (la recordada candidata de los ricos) está representado por el grupo El Comercio, La República y América TV, y en las presiden­ciales su candidato es Alejandro Toledo.

Ya conocíamos la “decencia” del farandulero Alejandro Toledo. Ahora con el destape reciente de las relaciones comerciales de Lourdes Flores como abogada con sueldo dorado de un narcotraficante, conocemos con claridad qué es la “decencia” para estos señores.

Éstas eran las principales cartas que nos ofrecían los patrones, en un festín a su gusto entre dos candidatos salidos de sus entrañas, evidenciando que el entreguismo de su política económica va acompañado de diversos grados de descomposición política y moral de sus líderes. El panorama cambió con la tacha de la candidatura de Alex Kouri, organizada burlando las leyes y con “vientre de alquiler” incluido, y la nueva polarización que se promueve entre la derecha y una supuesta “izquierda”.

El voto obrero es un voto consciente y clasista

De Lourdes Flores no tenemos ningu­na duda por su pasado, su organización política, el PPC, un partido de empresa­rios, y su desfachatez al trabajar para un acusado de narcotraficante.

De Susana Villarán, más allá de la falsedad de la campaña que los medios reaccionarios han montado contra ella para asociarla con posiciones de la ex­trema izquierda, sabemos que es una opción “democrática” y “decente”, con un acento social en su discurso, pero es una opción dentro del terreno de la bur­guesía.

Decir “democrática” y “decente” cuando la política patronal sólo muestra miserias y descomposición a raudales puede parecer bastante para tomar una definición a estas alturas, como lo hará la mayoría de la población, y probablemen­te un gran sector de trabajadores.

Muchos trabajadores pueden pensar así: Por qué no votar por Susana Villarán si ella puede cerrarle el paso a la dere­cha. Por qué no votar por el “mal menor” y, de paso, probar con el ofrecimiento de una alcaldesa de “centro izquierda”. Algo bueno o distinto podría traernos.

Es un razonamiento lógico y una op­ción entendible. Los trabajadores, y esta­mos seguros será la mayoría que piense así, tienen el derecho de hacer su expe­riencia con esta elección, o incluso op­tando por cualquier otro candidato que a su entender se ubica en su terreno. Es un sentido práctico: al final uno tendrá que ganar y es mejor votar por uno de ellos, se suele decir.

Como un partido obrero que comba­te por un proyecto de construir la herra­mienta de lucha por la independencia y la emancipación de la clase obrera, des­de el PST pensamos distinto. Tenemos una responsabilidad que va más allá de lo inmediato a la coyuntura electoral, y nos sentimos en la obligación de decir con claridad lo que pensamos: votar por Susana Villarán es como pensar en votar por el patrón “bueno” que nos hace ofre­cimientos. Pero no existe patrón bueno. Existe el que ofrece reformas o cambios para “adecentar” las brutalidades que realizan la burguesía y sus representantes más reaccionarios, o ampliar las políticas asistenciales para postergar los conflictos a fin de preservar la continuidad de lo mismo: el modelo económico neoliberal de saqueo del país y de superexplotación de la clase obrera.

Desde este punto de vista nosotros decimos: los obreros en realidad no tene­mos opciones en el actual proceso elec­toral. Con esta reflexión pensamos que una decisión consciente y clasista es no votar por ninguno de ellos. Es una forma de resguardar nuestra independencia política de clase, y de no asumir compro­miso ni apoyo por ninguno de ellos con el idea de poner todas nuestras energías solo en el desarrollo de nuestras organi­zaciones y de nuestra lucha.

Es una posición de cara al futuro. Por­que los trabajadores, ante la defección de nuestros dirigentes de la CGTP colocados a la cola de Ollanta Humala y ahora de Su­sana Villarán, han renunciado a construir la alternativa política de los trabajadores. Con la independencia política que hoy defendemos y que debemos discutir con los elementos más avanzados de la clase obrera y la juventud, queremos dar los primeros pasos para poner en pie la cons­trucción de esa herramienta política que necesitamos los trabajadores para defen­der nuestros intereses en el día a día y también en la arena electoral, pero sobre todo en la perspectiva de conquistar la definitiva liberación de la clase obrera de la explotación capitalista.

Fuente: Bandera Socialista n° 63, Septiembre 2010

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