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Balance electoral y perspectiva de la segunda vuelta
Escrito por Nuevo PST   
Martes 17 de Mayo de 2011 21:05
Las elecciones del 10 de abril han producido un escenario imprevisto por muchos para la segunda vuelta, donde se enfrentan Ollanta Humala y Keiko Fujimori. Uno de los dos juramentará como presidente el próximo 28 de julio. Las elecciones no sólo transcurrieron como una de las más desanimadas y cruzada de insultos entre los principales candidatos. Además se asemejaba a una pichanguita de familia, en la que jugaban solamente los grandes candidatos patronales: un ex alcalde (Castañeda), un ex presidente (Toledo) y un ex ministro (PPK), gran lobista que terminó siendo el favorito de las multinacionales y sectores acomodados. Todos se sentían ganadores y seguros competidores en la segunda vuelta.

Partido aparte jugaba el oficialista APRA que participó sin candidato presidencial y sólo con una lista parlamentaria pero intentando alcanzar una buena bancada que le permitiera ser el “fiel de la balanza” y desde esa postura cuidar las espaldas del mandamás Alan García luego que deje el cargo.

A las 4 de la tarde del domingo 10 de abril se anunciaron los primeros resultados (sus tendencias se confirmarían después), los cuales resonaron como un portazo en la cara para todos estos señorones, dejando con los crespos hechos a algunos y a otros, sobre todo al APRA, a Toledo y a Castañeda en un auténtico descalabro. ¿Qué pasó? No se cumplieron ninguno de los pronósticos. El pueblo trabajador con su voto había pateado el tablero electoral que afanosamente diseñaron los patrones y le otorgó un masivo respaldo a Ollanta Humala (31%), a quien todos le auguraban un pobre resultado. El candidato nacionalista obtuvo así una sorprendente victoria, que en algunas regiones se tradujo en un masivo respaldo, y fue colocado a la cabeza de las preferencias para la segunda ronda con la primera opción de alcanzar la presidencia.

Otra sorpresa fue el segundo lugar ocupado por la candidata fujimorista que obtuvo 23% de los votos, cinco puntos más que el favorito de las encuestadoras y medios de prensa, PPK, que así vio esfumarse sus ilusiones de convertirse en presidente. Se produjo entonces lo “impensable”, la disyuntiva entre “el cáncer y el sida” deplorado por el Nobel Mario Vargas Llosa, un resultado que hoy mismo no deja dormir a muchos de los miembros de las clases medias y altas.

El triunfo de Humala

La derrota de los candidatos patronales más promocionados y de la representación aprista representa un triunfo, distorsionado por su naturaleza electoral, de los sectores obreros y empobrecidos. Ellos votaron por Ollanta venciendo la inmunda campaña de toda la derecha, y apoyaron sus propuesta reformista de cambio del modelo económico neoliberal, de Asamblea Constituyente para cambiar la Constitución de la dictadura, de fin a la explotación de los servicios, de gas para los peruanos a precio justo, de aumento del salario mínimo a 750, entre otras, que marcaron su diferencia respecto a los demás que se reclamaban continuistas.

El voto por Keiko Fujimori, también de origen popular, al reivindicar al ex dictador Fujimori refleja otro fenómeno: frustración de otros sectores populares con el sistema “democrático”, para quienes sólo ha traído más pobreza, desigualdad y desatención del estado a sus necesidades básicas.

La segunda vuelta

La segunda vuelta debería ser el segundo tiempo del mismo partido pero todos tratan de convencernos que es “otro partido”.

Ollanta Humala con las mismas propuestas debería ganar a la mayoría del país que está compuesta por trabajadores y pobres. Además, de eso se trata una elección: del voto por un programa, que los nacionalistas mismos llaman de “la gran transformación”.

En lugar de esto, desde el primer minuto de su victoria Humala ha venido realizando una serie de anuncios que significan una renuncia a todo lo que propuso en la primera vuelta: ahora dice que respetará el modelo económico, que no habrá Asamblea Constituyente y que está dispuesto a “negociar todo”. Y como para que le crean ha convocado a reconocidos empresarios y tecnócratas que han integrado los gobiernos anteriores que, repetimos, han sido repudiados por los trabajadores.

El pretexto es que Ollanta sólo representa el 31% y que necesita buscar un acuerdo para establecer una “nueva mayoría”. Por supuesto que necesita construir una mayoría, pero eso lo debe hacer con las organizaciones obreras, populares y campesinas que votaron por él y que son los únicos que defienden su programa, y no sacrificar su programa sólo para obtener apoyo o la condescendencia de los empresarios, sus partidos y sus poderosos medios de prensa.

En la segunda vuelta tenemos pues a otro Humala, uno más parecido al Toledo que nos gobernó de manera desastrosa del 2001 al 2006 y más pegado a los empresarios, aunque en la campaña electoral se mueva con otro discurso.

Aún así la gran patronal no acepta ni a un Humala blanqueado porque las expectativas que ha creado con sus anuncios son vistas, por la patronal, como una verdadera amenaza detrás de la cual podría reanimarse la movilización popular. Por eso ellos hacen todo lo posible por garantizar el triunfo de Keiko Fujimori es su única opción que tienen para frenar a Humala. Y por ello mismo desatan una furibunda campaña con odios y mentiras para cerrarle el paso al nacionalista, al mismo tiempo que lo fuerzan a desdibujarse exigiéndole que eche al tacho su programa, que firme todo papel que se le ponga por delante y que coloque verdaderos perros guardianes del “modelo económico” en su equipo de gobierno.

¡Vaya demócratas estos! En cualquier caso ya estamos avisados. El 28 de julio juramentará un irreconocible y blanqueado Ollanta Humala de quien así las cosas poco o nada podemos esperar, o la heredera del fujimorismo que pretenderá retrotraernos a las épocas oscuras de la dictadura. ¿Y la CGTP que pito toca en todo esto? Lamentablemente, ninguno. Mario Huamán y su grupo no sólo abandonaron por completo todas las luchas obreras, sino también son absolutamente ineptos hasta para hacer elegir a uno de sus miembros al Congreso: Carmela Sifuentes, presidenta de la CGTP, que no alcanzó los votos suficientes para salir electa, y quedó relegada frente a otros ilustres desconocidos. Ineptitud que hoy se manifiesta en el inmovilismo de la central cuando es hora de movilizar a los trabajadores y al pueblo para defender su voluntad expresada el 10 de abril y que está siendo entregada con suma facilidad ante los chantajes y exigencias del gran empresariado.

Los nuevos compromisos de Ollanta Humala ha declarado que no convocará a una Asamblea Constituyente; que respetará los TLC; que su gobierno respetará "el orden jurídico que garantice las inversiones nacionales e internacionales" (¿la estabilidad tributaria de las mineras; los contratos de exportación del gas?). Así mismo, para "despejar prejuicios y concertar la distribución de la riqueza para los más pobres" el candidato de Gana Perú agregó estar dispuesto en buscar el diálogo con las AFP, la CONFIEP, los pequeños empresarios, entre otros.

"Hay que mejorarla (la propuesta nacionalista) para ampliarla y recoge r las opiniones de diversos sectores. (La Primera, 27.04.11). La reunión se produjo el viernes 29 de abril. ¿La CONFIEP busca la distribución de la riqueza para los más pobres? Es obvio que no. Eso lo sabe el congresista electo por Gana Perú Javier Diez Canseco, quien ha denunciado que los “dueños del Perú” buscan "arrinconar y someter a Gana Perú a modificar e incumplir sus principales compromisos y a impedir ampliar la unidad política y social que haga posible ser gobierno"; agrega Diez Canseco que los dueños del Perú "quieren que renunciemos a la reforma tributaria para que las mineras paguen lo que corresponde, que renunciemos a renegociar los contratos de Camisea para abaratar el gas y reservar su consumo para atender al Perú" (La República, 25.04.11).

Entonces, ¿a qué acuerdos pretende llegar Humala con la CONFIEP? Un acuerdo con la CONFIEP solo es posible en un terreno, el terreno de la CONFIEP, lo que implicaría cerrar el paso a las demandas obreras y populares, incluyendo la eliminación de las contrataciones abusivas y la restitución de los derechos laborales conculcados por la Constitución fujimorista de 1993. Por eso no es arbitrario pensar que con un probable gobierno de Humala el modelo económico no cambiaría significativamente.

Los nuevos compromisos que busca el ollantismo han motivado que algunos afirmen que se ha "fredemizado", en alusión al derechista FREDEMO que lideró Mario Vargas Llosa en 1990. El propio Vargas Llosa ha anunciado que votará por Ollanta Humala en la segunda vuelta del 5 de junio. Si eso se produjera, como todo parece indicarlo, estaríamos ante una nueva traición al voto popular.
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Fujimori y la reacción patronal no deben pasar

Los trabajadores y el pueblo están colocados ante la encrucijada de votar por la candidata que encarna a la dictadura de los 90 que arrasó con los derechos obreros y nuestras organizaciones, o por el candidato “nacionalista” blanqueado que se ha subido al carro de la patronal.

Keiko Fujimori y Ollanta Humala son dos opciones distintas pero patronales, y están muy lejos de representar las legítimas aspiraciones de los trabajadores y del pueblo pobre. Detrás de Keiko se ha alineado la derecha empresarial, sus archiconocidos partidos, el gobierno aprista y sus poderosos medios de prensa, y juntos intentan impedir el triunfo de Humala para así asegurar la permanencia en el poder de las multinacionales y grandes capitalistas y mantener sumido en la pobreza a las mayorías y continuar el saqueo del país. Detrás de la angelical y maternal Keiko que jura “por Dios” que no reeditará la nefasta experiencia de su padre, se urde un plan que va más allá de liberar al sátrapa de Alberto Fujimori al igual que a todos sus compinches, volviendo a foja cero todo lo avanzado en la lucha por las libertades y la democracia: lo que se intenta es retomar la ofensiva sobre el movimiento obrero y popular con más “mano dura” y bajo las conocidas banderas del “combate al terrorismo”.

Ollanta Humala, por su lado, con suma facilidad y tan pronto como pasó a la segunda vuelta, ha renunciado a sus principales promesas electorales, y las que quedan en pie las viene “achicando” al gusto y medida de otro sector de empresarios y políticos patronales. Es más, por su condición de militar, evitó en todo momento establecer compromisos orgánicos con los gremios obreros y populares, e incluso de la izquierda a quienes les negó una alianza, mostrando un inconfundible tufo autoritario que podría ser una amenaza cuando los obreros y el pueblo salgan a pedirle cuentas.

Ollanta, en mérito a los votos que lo elijan puede otorgar algunas concesiones mínimas que sectores de la patronal ya vienen digiriendo (pensión 65, cuna más, etc.), pero lo hará al precio de preservar la continuidad del modelo económico. La “gran transformación” se convertirá así en gran engaño, como el “cambio responsable" de Alan García, o la estafa del “crecimiento con rostro humano” de Toledo. Por esta razón, los trabajadores no podemos darle el más mínimo apoyo político a Ollanta Humala ni debemos abrigar ilusiones en su gobierno. No debemos de hipotecar nuestra independencia de clase. Sólo podemos confiar en nuestras fuerzas y en nuestras luchas.

Sin embargo, el Nuevo PST respeta la esperanza de amplios sectores obreros y populares en Ollanta Humala, y estamos dispuestos a acompañarlos en su experiencia votando críticamente por él. Y lo hacemos también acompañando a otro amplio sector juvenil y popular que sin ilusionarse en Ollanta Humala piensan votar por él sólo para cerrarle el paso a Keiko Fujimori, a la que ven como una amenaza mayor.

Si bien acompañamos a los trabajadores en la esperanza que triunfe el candidato nacionalista, con la moral de no haberle dado ningún apoyo político reafirmamos nuestro compromiso de estar, desde el primer día, impulsando en primera fila la lucha obrera y popular para exigirle que cumpla sus promesas.

La candidata fujimorista puede ser derrotada. Su triunfo sólo se explicaría por el blanqueamiento de Ollanta Humala y la complicidad de la dirigencia de la CGTP y los llamados partidos de “izquierda” (PC, Patria Roja, PS) que justifican y acompañan todos sus retrocesos. Y si este caso se diera, los trabajadores y el pueblo que ya hemos dado múltiples pruebas de combatividad, retomaremos las calles para defender las libertades y no permitiremos que el dictador y los ladrones y asesinos sean liberados. Ocurra lo que ocurra, más allá del resultado del 5 de junio, los trabajadores tenemos la tarea fortalecer nuestras organizaciones, nuestra unidad y construir direcciones combativas para continuar la pelea.

Es más: para que esta historia de elegir por el “mal menor”, que muchas veces termina siendo un fraude mayor, no se repita, necesitamos construir nuestro propio partido obrero independiente, con programa y dirigentes clasistas, que defienda nuestros intereses inmediatos y luche por una alternativa de gobierno obrero y popular. El Nuevo PST está al servicio de esta batalla y los llamamos a integrarse a nuestras filas para fortalecer esta lucha.

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