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Puno, apoya a la lucha de Aymaras y Quechuas
Escrito por Nuevo PST - Perú   
Miércoles 24 de Agosto de 2011 21:41
Aymaras y Quechuas realizan una dura lucha contra toda actividad minera en sus localidades y en defensa de sus tierras.

Al iniciar su segundo gobierno en el 2006, Alan García heredó un promedio de 84 conflictos sociales. A pocos días de dejar el poder, su gestión los triplicó.

El actual conflicto en Puno comenzó el 8 de mayo, pero fue ignorado o minimiza­do por el gobierno. La lucha ya venía de más atrás, inicialmente era contra una minera canadiense, pero el desdén del gobierno atizó el conflicto hasta que se radicalizó y trascendió las fronteras del país, llegando a bloquear vías de comu­nicación cerca a la frontera con Bolivia, las vías de penetración a la selva y el corredor Cusco-Puno.

La protesta social ha socavado la auto­ridad del presidente regional Mauricio Rodríguez. El gobierno se vio obligado a tomar algunos acuerdos con las auto­ridades regionales donde se estipulan que no se otorgarían más concesiones mineras sin consulta previa; que el proyecto minero Santa Ana deberá rea­lizar un proceso de consulta antes de la explotación y obtención de beneficios; la suspensión por 12 meses de más concesiones mineras en las provincias de Chucuito, Yunguyo, Collao y Puno (De­creto Supremo 026-2011) y se anunciaba la formación de una comisión multisec­torial que revisaría las concesiones mi­neras entregadas. Pero estos acuerdos se realizaron sin los representantes de las organizaciones populares por lo que ellas las desconocieron y tomaron como un engaño y una mecida del gobierno. El conflicto escaló y hoy en día se pide la anulación de todas las concesiones mineras así como la derogatoria del Decreto Supremo 086-2007.
 
Las concesiones mineras definirán el futuro gobierno de Humala

En la medida que este conflicto se da al final del gobierno de Alan García y la próxima toma de posta de Ollanta Humala se puede prever que el futuro del próximo gobierno se jugaría básica­mente en el campo de las explotaciones mineras y de los recursos naturales como el gas. Ya desde la segunda vuel­ta, el nuevo presidente comenzó a morigerar el tono de su discurso que había generado expectativas. En este sentido, el impuesto a las sobreganan­cias mineras podría ser el menor de los problemas que enfrente, pues la lucha de los puneños plantea directamente la anulación de las concesiones mine­ras en toda la región.

Más de la mitad de los actuales con­flictos son de carácter socioambiental y por la explotación minera. En este sentido el pueblo de Puno es uno de los que más viene respondiendo y para muchos es una amenaza que su reclamo se extienda. Su lucha se inició en marzo contra el proyecto minero de Santa Ana y que obligó a las autoridades regionales de Puno a emitir una ordenanza suspendiendo el otorgamiento de concesiones mineras, atribución que se irroga el ministerio de Energía y Minas.
 
Para los pueblos del interior no hay consulta ni canon minero solo pobreza y abandono

El conflicto antiminero en Puno, que ya lleva más de un mes, ha cuestionado el argumento central del gobierno y sus defensores: que la explotación mine­ra junto a la inversión extranjera son “indispensables para el desarrollo del país”. Los hechos muestran otra cara: pueblos abandonados y en el atraso. El desarrollo es esquivo para estos pueblos mientras los beneficios se quedan en los bolsillos de los grandes inversionistas y básicamente se concentra en Lima.

Esta parte del Perú, indignado y ahora convulsionado es lo que deja como herencia el gobierno aprista. Y es la marca de un Estado de características oligárquicas y semicolonial que opera a favor de unas pocas transnacionales.

La lucha antiminera de las comunidades Quechuas y Aymaras en el sur del país revelan que un gran segmento de la po­blación del interior del país no es parte del 7.2 % del crecimiento económico y de toda la “prosperidad” que se ufanan políticos y tecnócratas del sistema.

Las inconsistencias de la explotación capitalista, las grietas de la penetración imperialista en estos pueblos del ande peruano que no toman en cuenta la cos­movisión, ni la cultura de las comunida­des originarias ha puesto de presente un conflicto de nacionalidades (que tras­ciende nuestro país). Detrás del conflicto minero en Puno se revela también los prejuicios sobre el hombre y la cultura andina desde una mirada del capitalismo occidental, limeño y centralista.

El gobierno de Alan García fiel a su política del perro del hortelano y con­sumado represor, pretendió doblegar la lucha, envió contingentes policiales, sacó al ejército, denunció penalmente a sus dirigentes, sin embargo no puedo doblegar el espíritu rebelde de su pobla­ción. La lucha actual revela la existencia de problemas estructurales irresueltos y de pueblos que no quieren ser burlados y que luchan en defensa de sus tierras, su cultura y tradición.

Los trabajadores y pueblos del Perú esta­mos en la necesidad de expresar nuestra solidaridad y apoyo para el triunfo de la lucha de Aymaras y Quechuas.

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