| Gobierno Humala lleva al extremo defensa de las minerías y empresarios |
| Escrito por PST - Perú | |||
| Martes 20 de Diciembre de 2011 23:29 | |||
CGTP e “izquierda” conciliadora deben romper con el gobierno, y apoyar la lucha unitaria de los trabajadores y el pueblo para derrotar ofensiva reaccionaria
El pueblo y los trabajadores que saludaron la elección de Ollanta Humala como una victoria, recibieron un baldazo de agua fría con el reciente giro político del gobierno expresado en la declaración de estado de emergencia en Cajamarca y el cambio de gabinete Salomón Lerner por el ex ministro del Interior Oscar Valdez, siendo este el ala dura del gabinete, el que jefaturó la represión policial en Cañete donde hubo un muerto de bala y decenas de heridos, y el que militarizó Cajamarca el mismo día que se instaló la mesa de diálogo.
Se cae así, entonces, después de un tiempo muy corto de cuatro meses, la careta de un proyecto que surgió con discurso nacionalista y una apariencia de izquierda, que hasta en algún momento provocó cierto temor al empresariado y a la derecha, y ya en el gobierno había alentado la idea de un compromiso con los intereses de los trabajadores y el pueblo. El gabinete ministerial “de concertación”, que incorporó figuras de la izquierda conciliadora (el Partido Comunista Unidad –que colocó al viceministro de Trabajo– y el Partido Socialista de Javier Diez Canseco, con dos ministros) y aprobó algunas medidas más bien efectistas como el gravamen minero, un aumento del salario mínimo por etapas y la ley de consulta previa, ayudaron a reforzar la ficción de que el plan neoliberal había llegado a su fin y que con eso venía la hora del pueblo trabajador.
Ollanta Humala ya en la campaña había transformado su programa del “polo rojo” por la del “polo blanco”, y la “gran transformación” se había convertido de hecho en la trama de una gran estafa. Lo que se mantenían eran simplemente las formas, el ropaje “progresista” proporcionado por personajes de la izquierda conciliadora, caviar y no caviar, apoyando esa ilusión tanto desde adentro, en algunos ministerios y viceministerios, y en el Congreso, como desde afuera utilizando descaradamente el control burocrático de las principales organizaciones sindicales y populares para respaldar políticamente a este gobierno, como fue la marcha del 12 de octubre.
Hoy, con la militarización de Cajamarca y el anuncio de mano dura, así como el incumplimiento del segundo tramo del aumento del mínimo y el encarpetamiento de la anulación del CAS y otras medidas, estos sectores de izquierda evidencian una complicidad de la cual incluso hoy solo toman cierta distancia.
Soldado del plan neoliberal
Ollanta Humala y el nacionalismo respaldan hoy abiertamente y sin medias tintas el proyecto neoliberal y a las multinacionales, lo que antes hacían con doble discurso; tanto así que en el patio de la izquierda recibían a las “masas” de Mario Huamán y, en el de la derecha, las lisonjas y elogios de Luis Bedoya Reyes, ícono de la derecha cavernaria. Pero no solo defienden el plan neoliberal, sino que lo hacen cínicamente con la misma música y letra del “perro del hortelano” utilizada por el repudiado régimen apro-fujimorista de Alan García.
Pero, ¿no es esta política la que sufrió un sonoro fracaso, que se convirtió hasta ineficaz para la gran inversión minera en casos como Tía María, Inambari y en el propio Bagua, su más brutal expresión? ¿No fue eso lo que alentó el “voto antisistema” o el llamado “salto al vacío” de las mayorías populares?
¿Cuál es la diferencia o el plus del gobierno de Humala y el nacionalismo, frente al apro-fujimorismo, ahora que ha tirado su careta progresista y popular? ¿Será suficiente el apoyo que hoy le brindan precisamente el aprismo y el fujimorismo para salir airoso de su aventura reaccionaria y represiva en defensa de las multinacionales? ¿Podrá Humala seguir gobernando “normalmente” en medio de un creciente repudio popular, será suficiente la represión y la militarización para aplacar la ira popular por la traición a su voto?
Lo que el gobierno ha decidido con su giro autoritario es enfrentar desde la ilegitimidad, desde la traición al voto popular, la gran resistencia que han venido ofreciendo los distintos pueblos contra la inescrupulosa incursión de las grandes empresas mineras y las medidas que amenazan sus tierras y recursos naturales. Por eso las primeras reacciones del pueblo no han sido de temor sino de ponerse en pie de lucha. Nueve regiones de Cajamarca acordaron el inicio de un paro por el levantamiento del estado de emergencia, y una reacción similar tuvo el movimiento indígena nacional. En el sur, el multitudinario apoyo volcado en la época de elecciones se ha convertido en un amplísimo repudio.
Se ha producido así una ruptura con las masas de obreros, campesinos y jóvenes que lo eligieron, y eso configura desde ya una derrota política del gobierno en su giro autoritario, lo cual se refleja en que actualmente su principal base social es el empresariado y las corrientes políticas más reaccionarias (el APRA, el PPC y el fujimorismo), y desde luego el ejército, lo que equivale decir que la única arma de convencimiento que le queda es la de las balas.
Detrás del giro autoritario
Las multinacionales y los grupos de poder que alentaron y se enriquecieron con los gobiernos de las últimas dos décadas, principalmente el fujimorismo, el toledismo y recientemente el apro-fujimorismo, quieren continuar con Ollanta lo que incluso García con todo su endurecimiento no pudo hacer, como fue el caso del proyecto Tía María y otros. Ganancias de muchos miles de millones de dólares son los que están en juego, los mismos que cobran más importancia en el actual contexto de crisis económica mundial, que no es otra cosa que la crisis de la ganancia capitalista.
La principal decisión de Humala desde la toma de su mandato fue servir principalmente a estos intereses (Newmont Minning eligió el 28 de julio de 2011 como fecha de inicio de las operaciones en Conga). Sin embargo, pensó que era posible conciliar esa decisión con la expectativa de las masas, a través de la mecedora de un gobierno de “concertación”, idea a la que se prestó la izquierda conciliadora. Pero nada de esto tomaba en cuenta las auténticas reivindicaciones de las masas, por eso la “concertación” estalló con las primeras luchas que amenazaban a la continuidad del plan.
Lecciones
Estamos pues ante un acontecimiento que exige sacar lecciones y tomar acciones inmediatas. Respecto a las lecciones, queda demostrado que los trabajadores y las masas no podemos confiar nuestro destino a ningún proyecto burgués, no hay salvadores ni en los patrones ni en los militares, y los únicos aliados reales de los trabajadores de la ciudad y el campo, somos los propios trabajadores de la ciudad y el campo. Jamás debemos hipotecar nuestra independencia política.
Lo anterior nos lleva a reafirmar que sin luchas no hay victorias. Ninguna reivindicación ni solución a nuestras demandas nos cayó del cielo, sino que fueron el resultado de nuestras luchas; ninguna mesa de diálogo se ha formado sin una lucha de por medio.
Finalmente, la aspiración del poder político de los trabajadores y el pueblo es indispensable para el triunfo estratégico de nuestras luchas, y ese poder debemos construirlo con nuestros propios organismos de clase, organismos gremiales y de lucha, y también con una herramienta propia, un Partido Obrero que gane también al campesinado pobre y demás sectores oprimidos, para que vele y luche por nuestros intereses y necesidades.
Lucha unitaria para detener y derrotar la ofensiva reaccionaria del gobierno
En lo que se refiere a las acciones inmediatas, para las masas trabajadoras se plantea la necesidad de unificar nuestras luchas para detener y derrotar la ofensiva del nuevo gobierno de las multinacionales. Pero esta unidad y una política de lucha consecuente pasa indesligablemente por una ruptura total con el gobierno, por parte de aquellos que desde la dirección de los organismos de la clase trabajadora y el pueblo han venido respaldando al gobierno y alentando ilusiones en medidas progresivas, como es el caso de Mario Huamán y sobre todo las corrientes políticas que controlan la CGTP (Partido Comunista, PC del P-Patria Roja, Partido Socialista). Esa ruptura total e inmediata es indispensable para reactivar a la CGTP desde sus bases.
Necesitamos afirmar nuestras organizaciones y establecer lazos de coordinación por la base para superar el aislamiento y defendernos de cualquier intentona reaccionaria. La juventud, artífice de la derrota de la dictadura de Fujimori, tienen en sus manos el desafío de retomar las banderas de la lucha democrática y anticorrupción.
La CGTP debe convocar ya a una coordinación de todas las centrales sindicales, campesinas, indígenas, populares, organizaciones de base y fuerzas de izquierda, a un frente nacional, para llevar adelante un Plan de Lucha que empiece llamando a una gran movilización nacional, por:
Y una salida política: Asamblea Constituyente Soberana, que establezca nuevas bases económicas y sociales del país en base al interés de la mayoría obrera, campesina y popular.
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