Recibir nuestro boletín electrónico

Una verdadera revolución en el contexto de las revoluciones árabes PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Hassan al Barazili   
Jueves 01 de Septiembre de 2011 00:22
En los últimos cinco meses, la clase trabajadora siria, con la juventud al frente, viene realizando movilizaciones que crecen en número, en alcance geográfico y en radicalización.

En julio, por primera vez, las marchas reunieron cientos de miles de personas. Hama sustituyó a Daraa como la ciudad líder de las movilizaciones que están ocurriendo en todo el país. Las principales reivindicaciones exigen reformas y derechos democráticos por "Fuera Bashar al-Assad," el dictador odiado. Los comités de coordinación locales en cada ciudad, dan un ejemplo de organización popular y de liderazgo alternativo.
 
Esta verdadera revolución se convirtió en un divisor de aguas entre los activistas y organizaciones de izquierda y anti-imperialistas. Hezbollah, principal organización política en el Líbano y, ciertamente, el partido de mayor prestigio entre las masas árabes por su lucha contra Israel, está apoyando abiertamente a Bashar. A pesar de haber apoyado las revoluciones en Túnez, Egipto, Libia, Yemen y Bahrein, en Siria, ahora afirman que Bashar tiene apoyo popular y tiene el compromiso de reformas y que la oposición está patrocinada por fuerzas imperialistas. Fidel Castro y Hugo Chávez también están apoyando a Bashar, repitiendo el apoyo que ya dieran a Gadafi en Libia.
 
La gran mayoría de las organizaciones stalinistas, nuevas y viejas, están apoyando a Assad en razón de su supuesta oposición al imperialismo, alegando que las movilizaciones están guiadas por las potencias occidentales, por Israel o, incluso, por la derecha libanesa. Dicen que el contenido de la movilización en Siria es diferente del de la revolución egipcia.

Vamos a abordar cada uno de esos argumentos.
 
El mito de la oposición al imperialismo

Una vez en el poder, los Assad, primero Hafez y después su hijo Bashar, realizaron un movimiento lento de transición de un Estado burgués independiente, inspirado por el nacionalismo árabe, hacia una potencia regional dependiente de los países imperialistas occidentales. Durante los últimos 40 años, el régimen de los Assad buscó transformar a Siria en una potencia regional capitalista que pudiese servir de principal interlocutor entre los árabes y el orden mundial.

En noviembre de 1970, Hafez al-Assad, un ex-teniente de la fuerza aérea siria y entonces ministro de Defensa, lideró el derrocamiento de Salah Jadid, el hombre fuerte del régimen Baath en Siria. Las divergencias entre los dos se volvieron irreconciliables, después del llamado "Setiembre Negro" en Jordania. El gobierno sirio se comprometió a intervenir militarmente para ayudar a los palestinos a derrocar al rey Hussein de Jordania. La OLP, por su parte, asumiendo el control de grandes áreas en Jordania, incluyendo parte de su capital, Amán. Cuando el rey contraatacó, Jadid mandó algunas tropas hacia el norte de Jordania, pero Assad no permitió que la Fuerza Aérea se uniese al esfuerzo de guerra por miedo a una eventual intervención israelí. Sin la Fuerza Aérea, las tropas sirias fueron presa fácil para los aviones da Jordania. La subida de Assad al poder fue el termidor de la radicalización del régimen del partido Baath, llevando a un relajamiento de las tensiones con las potencias imperialistas y a la liberalización de la economía.
 
En 1973, un esfuerzo conjunto por parte de las fuerzas armadas egipcias y sirias para tomar, nuevamente, sus territorios ocupados por fuerzas israelíes (el Sinaí y Gaza, y las Colinas del Golán, respectivamente) fue fuertemente derrotado por las fuerzas, muy superiores, del ejército israelí. Las acusaciones de traición de ambos lados debilitaron la alianza entre los dos países. Manteniendo una fuerte retórica anti-sionista y la exigencia de devolución de las colinas del Golán, Hafez al-Assad aceptó la nueva frontera estipulada en el acuerdo de cese del fuego. Desde entonces, la frontera con Siria se volvió más segura y estable para Israel.
 
En 1976, tropas sirias invadieron el Líbano. Formalmente, atendiendo al chamado del presidente libanés maronita pero, en realidad, estimulado por EE.UU. e Israel, las tropas sirias impidieron que la insurrección, liderada por la OLP y sus aliados (los drusos, los sunitas y las organizaciones chiitas), aplastasen a las fuerzas de la derecha maronita libanesa y tomasen el poder, cambiando completamente la situación de los palestinos, cuyos efectos serían sentidos en todo el Medio Oriente. Assad tuvo sus propias razones para eso: él estaba totalmente en contra del fortalecimiento de la OLP, porque pondría en riesgo sus planes de hegemonía regional e, incluso, influenciaría a la enorme población palestina en Siria. Además, el régimen sirio nunca reconoció al Estado libanés, argumentando que Líbano era un producto del colonialismo para dividir a Siria y a los árabes en general. Siria compartía la preocupación de occidente y de Israel, de que una administración liderada por la OLP en Líbano podría desestabilizar a toda la región y amenazaría la propia existencia del Estado de Israel.
 
En 1978, las fuerzas armadas sirias en Líbano realizaron un acuerdo tácito para permitir que las tropas israelíes invadiesen y ocupasen el sur de Líbano. En 1982, Assad se juntó a los esfuerzos israelíes y de la derecha libanesa para expulsar a Arafat y a la OLP de Líbano, al costo de la vida de miles de soldados sirios y de equipamientos militares. Mientras los israelíes invadían Beirut en busca de los fedayines palestinos, los sirios hacían lo mismo en Trípoli, en el norte. Después de expulsar a los líderes y combatientes de la OLP a Túnez, Siria patrocinó grupos palestinos -la Saika, la Uprising Fatah liderado por Abu Musa y el FPLP, comando general liderado por Ahmed Jibril- para derrocar a Arafat y debilitar a la OLP, atendiendo los planes de Assad de eliminar esa amenaza a su hegemonía entre los palestinos y entre todos los árabes.
 
En 1980, Assad apoya a los iraníes contra Saddam Hussein, entonces apoyado por los EE.UU. y por los países árabes del Golfo, para impedir la revolución iraní, para poner de cabeza a la región. Assad estaba interesado en debilitar a su viejo enemigo y rival regional, Saddam Hussein.

El fin de la URSS y la alianza con occidente

El colapso de la Unión Soviética, principal aliado de Siria, bajo el impacto de una ola revolucionaria en Europa Oriental, en 1989-1991, llevó a Assad a cortejar a los EE.UU. y a los países europeos.

Primero, Siria restableció lazos diplomáticos con Egipto. La relación entre los dos países se había cortado después que el presidente egipcio, Annuar Sadat, reconociera al Estado de Israel en 1979. Entonces, Egipto se convirtió, junto con Arabia Saudita, en los principales aliados árabes de EE.UU.
 
Los esfuerzos para apaciguar a occidente también fueron promovidos a través del apoyo de Siria a la Guerra del Golfo contra Irak en 1991. A pesar del envío de una modesta fuerza de cinco mil soldados a Arabia Saudita, el efecto político del apoyo de un régimen nacionalista árabe a los esfuerzos de guerra de EE.UU., fue enorme. A cambio, Siria ganó US$ 2 mil millones de los países del golfo y fue capaz de establecerse como un socio confiable de EE.UU. y de Europa.
 
Luego de la guerra, Siria inició conversaciones con Israel, siguiendo el ejemplo de Egipto. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, no se consiguió convencer a Israel de devolver ni un centímetro de las Colinas del Golán arrancadas a Siria en 1967. Los líderes israelíes argumentaban que era inaceptable, para la seguridad de Israel, tener un país árabe en el Lago Tiberíades, principal fuente de agua para Israel.
 
En tanto, el régimen sirio trabajó en la reconstrucción de su relación con Irak, Jordania y la OLP, perdedores de la Guerra del Golfo, a fin de convertirse en un puente entre ellos y occidente y sus aliados árabes. Assad, luego de la reunión con los iraníes, declaró que Siria se oponía a la división de Irak, y realizó acuerdos con Saddam Hussein para contener a los rebeldes kurdos que operaban a partir de Siria. También firmó acuerdos económicos que permitieran el flujo de petróleo iraquí a través de gasoductos, atravesando territorio sirio hacia el Mediterráneo. Además, Assad se reunió con Arafat, prometiendo poner fin a la campaña de deslegitimizar a la OLP que, el propio Assad, venía haciendo desde 1983.
 
En 1998, Siria también firmó nuevos acuerdos económicos y de seguridad con Turquía, otro aliado de occidente. Turquía estaba particularmente interesada en impedir que el PKK, la principal organización kurda que actúa en la parte del Kurdistán, ocupada por Turquía, de operar desde Siria, con el apoyo de Assad, como ya venía sucediendo. Assad frenó todas las operaciones de los kurdos en Siria; apresó a 125 líderes del PKK y los deportó a Turquía. Además, Siria abandonó sus reivindicaciones de devolución de la provincia de Hatay, una extensa área entregada a los turcos por mandato francés, cuando gobernó este país hace muchas décadas atrás. A cambio, Turquía aumentó las inversiones y la asociación económica con Siria e hizo acuerdos sobre los recursos hídricos, ya que parte del agua que Siria necesita viene de ríos que nacen en tierras turcas.
 
La próxima serie de acuerdos con el imperialismo se dieron después de la muerte de Hafez el Assad, en el 2000, por su sucesor e hijo, Bashar al-Assad.
 
Una vez en el poder, Bashar al-Assad promovió reformas económicas neoliberales, a fin de llevar adelante la privatización y la apertura de la economía al capital extranjero para apaciguar a las potencias occidentales. Al inicio, esas reformas diluyeron el monopolio estatal del sistema bancario, e incentivaron las universidades privadas y el mercado inmobiliario privado. Entre los principales beneficiarios están el primo de Bashar, Rami Makhlouf, que se convirtió en un millonario. Su fortuna personal era estimada, en el 2008, en cerca de US$ 6 mil millones. El es el principal dueño de Syriatel, que es una de las dos empresas de telefonía móvil licenciada para operar en Siria. Además de poseer Syriatel, tiene negocios en tabaco, petróleo, mercado inmobiliario, bancos, zonas de libre comercio a lo largo de la frontera con Líbano, tiendas duty-free y tiendas de departamentos de lujo. De acuerdo con lo publicado en el Financial Times, controla hasta el 60% de la economía siria a través de su red de empresas.
 
Bashar también firmó el acuerdo de Taif, que terminó con la guerra civil libanesa. Este acuerdo, con el apoyo de EE.UU., de Arabia Saudita y de los principales grupos en Líbano, reconoció la hegemonía de Siria sobre Líbano contra la voluntad y los esfuerzos políticos y militares del general Michel Aoun, que tuvo que huir a Francia. Simultáneamente Siria reconoció al Estado libanés.

Al mismo tiempo, Bashar mantuvo el apoyo político y militar para Hezbollah en Líbano, a fin de ejercer presión sobre Israel y los EE.UU., para retomar las Colinas del Golán y preservar el papel regional de Siria como un país árabe líder. Por las mismas razones, Bashar aceptó un gran número de refugiados iraquíes durante la segunda Guerra del Golfo y permitió el funcionamiento de la resistencia iraquí a través de sus fronteras. Actualmente, la UNRWA (agencia de la ONU responsable por los refugiados) reconoce la existencia de un millón de refugiados iraquíes en territorio sirio.

A pesar de eso, EE.UU., bajo Bush, decidió no atacar a Siria por el hecho de que es mejor tener un mal conocido que un mal por conocer. Bashar no representaba un obstáculo para el orden imperialista, sino alguien con que el imperialismo tendría que negociar.

Ahora, en el 2011, EE.UU., la UE e Israel rehúsan tomar una acción militar o cualquier represalia más fuerte contra el régimen de Bashar por matar y reprimir violentamente la revolución, en gran parte pacífica, emprendida por masivas movilizaciones en todo el país. La política de EE.UU. es clara: los medios informaron que las propuestas de EE.UU. fueron ampliamente divulgadas en la reunión, sin precedentes, de la "oposición" siria, realizada en el Hotel Semiramis, en Damasco, el 27 de junio pasado. El documento, cuidadosamente formulado en 3.000 palabras, exigió un pedido de disculpas claro y franco y la investigación de las organizaciones e individuos responsables por la represión contra las protestas legítimas, y la compensación para las familias de las víctimas. También, se propone una nueva ley sobre los partidos políticos y la formación de una Asamblea Nacional de Transición con 100 miembros, para la cual el partido Baath nombraría a 30 miembros y Bashar nombraría otros 70, en consulta con representantes de la oposición. En una palabra, lo que EE.UU. está exigiendo es que Assad supervise una transición segura y pacífica hacia una democracia civil que mantenga los intereses occidentales y congele el proceso revolucionario.
 
EE.UU. quiere reformas lideradas por el régimen sirio, encaminadas a un gobierno de unidad nacional, a fin de evitar cualquier desestabilización en Siria y, consecuentemente, de todo el Medio Oriente, especialmente en Israel por Hezbollah y los palestinos, en Turquía por los kurdos, en Irak por la resistencia e, incluso, en Arabia Saudita por los opositores chiitas, que podrían iniciar protestas en áreas de producción de petróleo cerca de la frontera con Kuwait, donde los chiitas son mayoría.
 
La revolución de Siria forma parte de las revoluciones árabes

Hay características que las revoluciones en Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Bahrein y otros países árabes comparten: el odio a las viejas dictaduras sin perspectiva de cambio, todas ellas directamente apoyadas o con relaciones estratégicas con las potencias occidentales; dificultades económicas que aumentaron profundamente con la crisis económica mundial; los jóvenes de la clase trabajadora a la vanguardia de macizas movilizaciones; y reivindicaciones democráticas centradas en la consigna más popular desde la de Túnez: "El pueblo quiere el fin del régimen".
 
Lo mismo está sucediendo en Siria. Veamos.
 
Un régimen represivo y autoritario

Siria está bajo ley marcial hace 40 años. La misma estipula que cualquier reunión con más de 5 personas debe ser previamente autorizada por uno de los 15 servicios de seguridad, con dos semanas de anticipación. Para obtener la autorización, deben especificar los nombres de los oradores, juntamente con una copia de cada discurso y la lista completa de los participantes.
 
Esta ley le permite a los Assads apresar a todos los disidentes. Las prisiones sirias son famosas por acoger a miles de prisioneros sirios, libaneses y palestinos y, actualmente, un número incontable de disidentes están sometidos. Hay movilizaciones en Líbano exigiendo de las autoridades sirias informaciones sobre el paradero de sus seres queridos. Algunos sobrevivieron en las cárceles sirias: Salah Jadid, el antiguo gobernante antes de Hafez el Assad, fue preso y murió en la prisión después de 23 años.
 
Además de la ley marcial, la disidencia sunita fue duramente reprimida. En 1982, más de 20.000 personas fueron asesinadas en Hama, después de las protestas lideradas por la Hermandad Musulmana. Posteriormente, todos los clérigos sunitas fueron investigados, y solamente los liberados por el régimen y ligados al partido Baath, se les autorizó a liderar una mezquita.

Lo mismo vale para los 2 millones de kurdos. Su lengua fue prohibida en un esfuerzo para borrar la cultura kurda y arabeizarla. Cerca de 300.000 kurdos no tienen ciudadanía siria y el Estado no reconoce los casamientos de cualquiera de los 300 mil conciudadanos de Siria. La mayoría de los kurdos es pobre, a pesar de vivir en tierras altamente productivas (principalmente algodón y trigo) y la abundancia de recursos petrolíferos en la parte del Kurdistán, ocupada por Siria. En el 2004, una movilización fue recibida con una fuerte represión y las conexiones con Turquía e Irak fueron suspendidas, impidiendo las conexiones entre los kurdos de toda la zona.
 
En realidad, no hay cambios democráticos implementados bajo Bashar. Cuando fue nombrado presidente, había grandes expectativas de reformas democráticas. Algunos hasta hablaron de una primavera siria. Pero, Bashar sólo implementó reformas económicas neoliberales. Los esfuerzos democráticos fueron suprimidos en la época. En el 2005, después de la presión imperialista y la fuerte movilización local, las tropas sirias dejaron Líbano. En Siria, por primera vez, un movimiento de oposición apareció abiertamente a exigir un cambio de régimen a través de un documento llamado Declaración de Damasco. En el mismo se pedían reformas políticas y económicas. Entre ellas estaba el establecimiento de un sistema multipartidario, un régimen democrático con elecciones libres, una nueva constitución para asegurar la igualdad ante la ley, libertad de expresión y organización, anulación de la ley marcial y libertad para todos los presos políticos. Esta declaración fue auténticamente siria, firmada por personalidades conocidas como el autor Michel Kilo, el diputado Rayad Sayf y el ex juez Haytham al Malih. Ellos no tenían el apoyo o estímulo de EE.UU. y sufrieron una fuerte represión, incluyendo la permanencia durante años en prisión.
 
En el 2011, bajo la presión combinada de la revolución siria y de occidente, Bashar anunció algunas reformas: fin de la ley marcial, la creación de un sistema multipartidario, ciudadanía para los kurdos, libertad de algunos presos políticos, etc. Al mismo tiempo, recurrió a la represión generalizada para acabar con las protestas. En agosto las ciudades de Hama, Deir el-Zour y Latakia fueron literalmente encerradas. Desde marzo, dos mil personas han sido asesinadas, cerca de tres mil desaparecieron, y más de diez mil apresadas. Doce mil refugiados huyeron a Turquía y muchos más a Líbano. Las acciones autoritarias prevalecieron sobre la retórica democrática.

Las raíces económicas de la revolución

La combinación de las reformas económicas realizadas por Bashar, a partir del 2000, con la crisis económica mundial, generó una situación explosiva. Como en todos los países árabes, el desempleo, especialmente entre los jóvenes con formación universitaria, es alto, sin señales de disminuir. Los salarios son bajos y la inflación es alta. Los dos millones de trabajadores públicos ganan US$ 200-300 por mes, recogiendo "baksheesh" (“propinas”) como un complemento esencial para su sobrevivencia. Además, millones de agricultores fueron forzados a migrar a las ciudades debido a la sequía en las áreas rurales.
 
Mientras las masas trabajadoras están sufriendo, Bashar entregó sectores enteros de la economía a los miembros de su familia. Rami Makhlouf tiene Syriatel, empresa de telecomunicaciones, y una infinidad de otros negocios. Rami es odiado por las masas en lucha como el símbolo de la corrupción del régimen. Pero no es el único. Zou al-Hima Shalish, su primo, asumió el control de una importante contratista en la industria de la construcción. Este y otros empresarios de su entorno, recibieron la mayor parte de los contratos públicos de infraestructura.
 
Perspectivas: un régimen al borde de caer

El futuro de la revolución en Siria está siendo decidido en las calles de Damasco, Hama, Daraa, Deir-el-Zour juntamente con la lucha en las calles de todos los otros países árabes.

Las fuerzas contrarrevolucionarias están activas, pero sus contradicciones se están acumulando.
 
El día 18 de agosto, el presidente Barack Obama explicó el enfoque de EE.UU.: "Nosotros hemos dicho consistentemente que el presidente Assad debe conducir una transición democrática o salir del camino". Además, ordenó el congelamiento de los activos del gobierno sirio en Estados Unidos, prohibió a los ciudadanos de EE.UU. operar o invertir en Siria y prohibió las importaciones de derivados de petróleo sirio. El mismo día, los líderes de la Unión Europea también exigieron la salida de Assad. Aún tenemos que ver si la Unión Europea va a interrumpir las importaciones de petróleo de Siria. A Estados Unidos y a la Unión Europea les llevó cinco meses declarar que Bashar debe salir, porque su opción preferencial para derrotar la revolución en Siria era hacer reformas con Bashar en el poder. El retroceso de Bashar de parar la represión y la permanencia de las protestas llevó al imperialismo a buscar otros interlocutores dentro y fuera del régimen para hacer las reformas y desmovilizar la revolución.

Rusia, China, Brasil, India y Africa del Sur, miembros del consejo de seguridad también están pidiendo reformas lideradas por Bashar. El día 9 de agosto Brasil, India y Africa del Sur fueron más allá al afirmar que Bashar tiene voluntad de llevar a cabo reformas democráticas y condenaron la violencia de "ambos lados".

Sin embargo, Turquía, principal socio comercial de Siria (US$ 2.5 mil millones de comercio anual), con quien comparte fuertes lazos históricos, se quedó a medias. El día 9 de agosto, el canciller turco Davutoglu anunció que Turquía esperaría dos semanas por el fin de toda la violencia del Estado y por reformas significativas antes de tomar acciones en represalia.

Incentivado por esas decisiones y por el fuerte apoyo de Irán, Bashar recurrió a la represión generalizada, con el fin de impedir el crecimiento del movimiento y el establecimiento de ciudades libres, que podrían convertirse en fortalezas para la revolución, como sucedió en Libia con Benghazi. Sin embargo, a pesar de la fuerte represión, la revolución no parece estar languideciendo a pesar que las movilizaciones sean menores en agosto, debido a la represión salvaje.
 
El plan B de Bashar al-Assad es llevar adelante las reformas "sugeridas" por las potencias occidentales: elecciones "democráticas" y un gobierno de unidad nacional. No está claro si esa opción es viable, debido al estado actual de las movilizaciones. Su última opción es la creación de un pequeño estado Alauíta (“única salida al mar”) militarizado en el noroeste, alrededor de Aleppo y Latakia.

Sin embargo, queda claro que la revolución está viva y tendiendo a radicalizarse.

Las marchas y mítines saltaron de unos miles hace cinco meses atrás, a cientos de miles recientemente, en julio. Daraa, en la pauperizada frontera sur con Jordania, fue el primer centro de la revolución. Ahora, el viernes pasado, las movilizaciones se realizan en el ámbito nacional, liderada por Hama y Deir-el-Zour, con cientos de miles en cada ciudad. Incluso en Damasco, hay marchas en algunos barrios donde la mayoría son sunitas, kurdos y sectores de clase media. La única ciudad principal sin mayor movilización es Aleppo, un centro da comunidad Alauíta y un reducto del régimen de Assad.

El carácter no sectario de la revolución es fundamental para atraer un número creciente de participación de las diversas sectas cristianas, chiitas y drusas. Una de las consignas más populares es "Uno, uno, uno, el pueblo sirio es sólo uno". Existe también la posibilidad de división entre la burguesía siria, profundamente afectada por la parálisis económica.
 
La fuerte represión elevó las reivindicaciones de reformas hacia la caída del régimen. En agosto Bashar consiguió parar las marchas de cientos de miles en Hama y Deir-el Zour, pero tan pronto se retiraron las tropas de las ciudades, se reiniciaron marchas menores. De cualquier forma, nuevas contradicciones emergen de esas acciones represivas.

Están creciendo las deserciones entre las tropas. Bashar tiene que confiar en la cuarta división de las fuerzas armadas, formada principalmente por militares de la comunidad de Alauíta y directamente dirigidas por su hermano Maher el Assad para realizar las masacres en Hama, Deir-el-Zour, Lattakia y otros lugares. Hay relatos de soldados que han sido asesinados por sus comandantes por rehusarse a reprimir a los manifestantes. La generalización de deserciones de tropas aún no se da, debido a la falta de un polo de atracción alternativo para los soldados.

Sin embargo, hay un límite en el que se puede basar una división del ejército para enfrentar una ola nacional de protestas. Además, las otras divisiones son muy sensibles al clamor en las calles y pueden dividirse. Por otro lado, los manifestantes son obligados a defenderse a través de la creación de barricadas en las ciudades e, incluso, a armarse.

El liderazgo real de las protestas son las comisiones de coordinación locales que surgieran en todo el país, principalmente compuestas por un número modesto de jóvenes activistas. Estos se coordinan a través de medios alternativos de comunicación. Anteriormente su posición fue rechazar cualquier diálogo con el régimen, mientras continuase la represión; ahora exigen el fin del régimen. La tendencia es que todas esas comisiones de coordinación se desarrollan en organizaciones abiertas, grandes y democráticas por la base, aislando a la falsa oposición que se reunió en Damasco el día 27 de junio pasado, bajo los auspicios del régimen, juntamente con el grupo de oposición en el exterior que realizó una conferencia de 300 personas en la ciudad de Antalya, en Turquía, los días 2, 3 y 4 de julio, formada principalmente de grupos y personalidades liberales y nacionalistas.

El principal ausente: un fuerte partido obrero revolucionario

El principal ausente en la revolución árabe, en Siria y en otros países, es una organización revolucionaria socialista fuerte para desarrollar conscientemente la movilización y auto-organización de las masas trabajadoras para derribar al régimen de Assad, y atender todas sus demandas y necesidades. Son fundamentales las reivindicaciones claras y a la clase obrera en movimiento para dar el primer golpe para derrotar a los regímenes represores y seguir adelante para hacer los cambios democráticos, económicos y políticos que las masas trabajadoras necesitan.

a) ¡Abajo el régimen de Assad!

b) ¡Libertad de expresión y de organización de sindicatos y partidos políticos!

c) ¡Libertad para todos los presos políticos y juicio y castigo para todos los miembros del régimen!
 
d) Realización de elecciones libres para una asamblea nacional constituyente para:
·                     Romper todos los lazos con Israel y con occidente, sean ellos económicos, políticos, diplomáticos o militares!
·                     ¡No pagar la deuda externa!
·                     ¡Garantizar el derecho de autodeterminación del pueblo kurdo y apoyo a su lucha en todo el Kurdistán!

e) Total apoyo para los palestinos en la lucha por una Palestina laica y democrática abarcando a la totalidad de su territorio histórico;

f) Apoyo militar a Hezbollah para llevar a cabo la resistencia contra Israel y todo el apoyo a la resistencia iraquí;
 
g) Empleo, salario, vivienda accesible, educación y salud públicas, gratuitas, de calidad y previsión social;
 
Por encima de todo, toda la economía debe ser nacionalizada y puesta bajo control de los trabajadores encaminado a un gobierno de los trabajadores y campesinos para avanzar en la creación de la Federación Socialista de las Repúblicas Árabes.

Traducción: Laura Sánchez


rssfeed
Email Drucken Favoriten Twitter Facebook Myspace Stumbleupon Digg MR. Wong Technorati aol blogger google reddit YahooWebSzenario