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La Mujer en la Revolución Mexicana PDF Imprimir Correo electrónico
Revista CORREO INTERNACIONAL
Escrito por Alicia Sagra - FOS   
Jueves 14 de Abril de 2011 00:10
Artículo publicado en la revista de la LIT-CI, Correo Internacional (Nueva Época), n° 4

Es conocida la participación de la mujer en la revolución rusa de 1917, incluso como decimos en otro artículo, sus movilizaciones fueron detonante de la revolución. Es sabido, también, que el proceso revolucionario europeo de principios del siglo XX dio origen a grandes revolucionarias mujeres como Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo. De igual manera, se sabe del gran papel que jugaron las mujeres en la revolución china.

Pero hay una gran revolución de la que se acaban de cumplir 100 años, que ha sido muy poco estudiada por el marxismo. De ella hablamos en otras páginas de la revista. Aquí, en este dossier dedicado a la luchas de la mujeres, queremos dar algunos datos sobre la participación que tuvieron la mujeres en la que fue, una de las grandes revoluciones del siglo XX, la revolución mexicana de 1910.
 
La participación política y social de la mujer no se inició en 1910.
 
El proceso de industrialización iniciado en el porfiriato[i] abrió a las mujeres las puertas de fábricas, talleres, comercios, oficinas públicas, y en especial amplió su participación dentro del magisterio. Con la creación de la Escuela Normal de Profesoras en 1888, la profesión de maestra cobró gran importancia. En 1876 58.33% de los docentes eran hombres y 25% mujeres, en 1900 32,5% eran hombres y 67,5 mujeres y en 1907 las mujeres era el 78,29 % de los docentes.

Así, la mujer empieza a salir de los estrechos límites del hogar para desarrollar otras actividades y no sólo laborales, sino que también culturales y políticas, lo que lleva a un gran cambio en las costumbres, que no es muy bien visto por la prensa de la época. Por ejemplo, El Clarín, periódico de Guadalajara decía: "Las señoras y señoritas de la capital muy activas, asaz varoniles que pronuncian discursos, componen piezas musicales y abrazan y besan en público [...] esos arranques viriles del sexo débil, francamente no nos gustan; saquen ustedes a la mujer de su natural esfera de acción, sepárenla de la tarea de pegar botones, de confeccionar un guiso ó de enseñarles una oración a los chicos [...]”.
 
La influencia de los movimientos feministas europeos estadounidense se hace sentir. Se comienzan a organizar grupos de mujeres, que comienzan a escribir en periódicos y revistas femeninas, sobre la necesidad de luchar por la emancipación.

Comenzaron a cuestionar la desigualdad intelectual entre los sexos, llamando a la educación e ilustración igualitaria que les permitiera participar en la cultura y la política.

Así fueron surgiendo mujeres intelectuales que se fueron sumando a la lucha contra el régimen y por la revolución. Ese fue el caso de Dolores Giménez y Muro, maestra y poetisa, presidenta de la Liga Femenina Anti-reeleccionista "Josefa Ortiz de Domínguez”[ii], que tuvo el grado de coronela en el ejército zapatista hasta que fue asesinada en 1919.

Estas mujeres fueron perseguidas, encarceladas, algunas fusiladas. Pero su labor se mantuvo y llegaron a cumplir un destacado papel en la elaboración de la nueva constitución que impuso la revolución.

Las soldaderas
 
Las soldaderas, más conocidas como Adelas, aparecen cuando comienzan los enfrentamientos armados. Son hijas, esposas y amantes de los soldados que pelearon en la Revolución y muchas de ellas fueron grandes combatientes y han sido muy bien reflejadas por la pintura de Frida Kahlo. También por la música, por ejemplo la canción La Adelitamuestra una mujer de gran belleza, compañera del sargento, pero que además tiene una gran valentía por la que es admirada por todos los hombres.

La gran mayoría de mujeres campesinas se incorporan a los distintos ejércitos en función de su lugar de origen, por propia voluntad o bajo el viejo sistema de leva[iii].Y muchas veces tuvieron que soportar raptos, violaciones, abusos sexuales típicos de las guerras.

Ellas continuaban en el campamento con las tareas de sus hogares, buscaban alimentos, cocinaban, cuidaban a los enfermos y heridos. Pero también peleaban. de sus maridos, padres o hijos cuando estos caían y continuaban ellas la pelea. El siguiente testimonio es una buena muestra de ello: “Un toque de corneta se oyó a lo lejos pidiendo contraseña. El eco difundió el sonido del instrumento de guerra y el comandante del campamento instruyó a la corneta de órdenes para que contestara. Una vez confirmado que se trataba de fuerzas amigas, se esperó su llegada. Por otra parte, se tenían noticias de que pronto atacaría el enemigo, por lo que se preparó la defensa del lugar. El comandante dispuso la distribución de los elementos a sus órdenes. De pronto, una Soldadera llegó a todo correr agitando un trapo mientras a gritos avisaba que el enemigo estaba cerca. Desde luego el comandante, como buen militar, alertó a la tropa indicándoles que esperaran su señal para disparar.
 
Efectivamente, cuando la fuerza contraria se encontraba a la distancia convenida, él dio la orden disparando su 45 sobre el enemigo que se acercaba: ¡FUEGO!...Una descarga cerrada recibió a los atacantes y aunque eran superiores en número, la tropa no se arredró y sostuvo durante 48 horas el combate. Soldado que caía, era sustituido por una soldadera, quien con su arrojo demostraba más audacia que los hombres, los que viéndose alentados por aquél ejemplo, derrotaron al enemigo. Es justo aclarar que también participaron en aquel combate muchachos de entre 9 y 11 años, ellos tomaron las armas para defender la parte que les correspondió. ¡Fue dura la jornada!
 
En el campamento, sumido en la oscuridad de la noche, la "juanada" descansaba.

Únicamente se oían los pasos de los soldados del rondín que vigilaban el sueño de sus compañeros: jefes, oficiales y tropa. Todos agotados, ¡No habían comido ni dormido en las 48 horas que duró la refriega! Alrededor del campamento quedaron diseminados muchos cadáveres que fueron incinerados por montones con gasolina. Solamente se dio sepultura a los 27 soldados que murieron en combate. La superioridad ordenó que a sus viudas e hijos, se les expidieran pasajes para su lugar de origen. La mujer mexicana siempre ha dado muestra de arrojo y temeridad cuando las circunstancias la obligan, muchas obtuvieron grados militares durante la revolución, algunas se hicieron famosas como coronelas, otras como soldados rasos... ¡La mayoría, como verdaderas soldaderas!”[iv]
 
Algunas declaraciones de mujeres zapatistas describen como fue su incorporación:

"Me fui porque quemaron Huitzilac y despoblaron, en 1911, cuando nos despoblaron. Cuando estalló la Revolución fue en 1910, hubo sitio, de ese sitio, al año como quien dice, sembramos nuestro granito de maíz, pero todo se quedó, trapos y ¡qué se entiende! todo se quedó ahí en la casa, todo... Entraron a quemar pero fue el gobierno, no los zapatistas, entró el gobierno. [A los hombres] se los llevaban lejos a guerrear y nosotras en el campamento. Pero nos dejaban un resguardo, por alguna cosa que hubiera. [v]

"A todas nos decían adelitas, pero la mera Adelita era de Ciudad Juárez ... ella decía: ¡Órale! Éntrenle y el que tenga miedo que se quede a cocer frijoles ... Éramos muchas: la Petra, la Soledá ... y la mayoría sí servíamos para combatir". [vi]

Algunas de las tareas que realizaban: "Las mujeres con Villa tenían mucho corazón y mucho valor, eran espías en los campamentos federales, se hacían pasar como vendedoras, la tropa les decía "Marías", así ellas se fijaban en las trincheras, en el armamento, escuchaban de los movimientos y luego iban e informaban al general Villa".[vii]

Los efectos de la participación de las mujeres.
 
La gran participación femenina en la revolución, provocó que fueran tomadas en cuenta muchas de sus demandas y algunas de ellas fueran incorporadas en la nueva legislación. Por ejemplo La ley del divorcio con disolución de vínculo expedida en diciembre de 1914, la Ley del Matrimonio que decretó Emiliano Zapata en 1915, y la Ley sobre Relaciones Familiares, expedida por el gobierno de Carranza en abril de 1917.

Las iniciativas presentadas al Congreso Constituyente en 1916, relativas a imponer la pena de muerte por el delito de violación y el otorgamiento del voto femenino no fueron aceptadas. El Congreso Constituyente negó el derecho de voto a la mujer desconociendo con ello la participación que habían desplegado durante la lucha armada revolucionaria; un discurso patriarcal se afanaba en mostrarla recluida en el mundo de lo doméstico, excluyéndola de los asuntos relacionados con la política.

En cambio, los derechos laborales si fueron incorporados. Quedó fijado el salario mínimo en condiciones de igualdad con el hombre, se estableció en ocho horas la jornada máxima de trabajo, se protegió la maternidad (los tres meses anteriores al parto las mujeres no desempeñarían trabajos pesados, el mes posterior disfrutarían forzosamente de descanso percibiendo su salario íntegro y conservando su empleo; durante el periodo de la lactancia tendrían dos descansos extraordinarios por día de media hora cada uno) y también quedaron prohibidos los trabajos insalubres y peligrosos tanto para las mujeres como para los jóvenes menores de 16 años.[viii]


[i] Período de 34 años, 1876-1911, en que Porfirio Díaz ejerció el poder en México.
[ii] Contra la reelección de Porfirio Díaz
[iii] Leva: reclutamiento obligatorio de la población para servir al ejército.
[iv] El testimonio fue extraído de www.locaaventuradeescribir.com y el narrador es el Félix Lara Molina.
[v] Entrevista a la Sra. Ignacia Peña Vda. de Fuentes, reproducido por Martha Eva Rocha Islas en La presencia de la Mujeres en la Revolución Mexicana: soldaderas y revolucionarias.
[vi] ROMO, Martha. "¿Y las soldaderas? Tomasa García toma la palabra", reproducido por Martha Eva Rocha Islas en La presencia de la Mujeres en la Revolución Mexicana: soldaderas y revolucionarias.
[vii] Entrevista al señor Félix Garduña Nava realizada por Ramón Aupart en enero de 1980, reproducido por Martha Eva Rocha Islas en La presencia de las Mujeres en la Revolución Mexicana: soldaderas y revolucionarias.
[viii] Martha Eva Rocha Islas. La presencia de las Mujeres en la Revolución Mexicana: Soldaderas y Revolucionarias.
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